Columnistas 10/10/2018 - 12:01 a.m. miércoles 10 de octubre de 2018

Manos gemelas en el piano

‘Esto fue lo que presentó la Asociación Nacional de Conciertos con su tercera cita de 2018 con los invitados, el dúo Del Valle y la violinista Ana María Valderrama [...]'

Modesto A. Tuñón F.
opinion@laestrella.com.pa

Las oportunidades de apreciar a dos personas que se sientan frente a un piano para ofrecer un concierto son muy escasas por la poca producción que hay sobre tal modalidad para este instrumento. Pero aún es más extraño tener la ocasión de conocer a un par de gemelos que ejecutan piezas de autores clásicos a cuatro manos sobre el teclado con el rigor que exige y con el dominio requerido que les permite experimentar variaciones talentosas.

Esto fue lo que presentó la Asociación Nacional de Conciertos con su tercera cita de 2018 con los invitados, el dúo Del Valle y la violinista Ana María Valderrama, todos de nacionalidad española y diestros por sus cualidades teóricas y el rejuego magnífico que hacen con la música de cámara o como solistas que han logrado gran prestigio gracias a una formación muy completa y la experiencia en diferentes escenarios del viejo mundo.

Los hermanos Víctor y Luis Del Valle entraron al proscenio con una vestimenta similar e inmediatamente tomaron asiento para iniciar. Escogieron una pieza de Mozart, que escribió para ejecución a cuatro manos. Este compositor logró alrededor de nueve trabajos de esta naturaleza. Él, Haydn y Beethoven no tuvieron mucho entusiasmo en crear aportes en este formato con la suficiente profundidad con que dedicaron tiempo a otras obras.

A continuación, Ana María Valderrama y uno de los hermanos Del Valle tocaron una sonata de César Frank en cuatro movimientos, que se inició con una melodiosa y muy puntual ejecución del violín para dar el sentido de la inspirada partitura. Este es uno de los más famosos logros de Frank (también hecha pública por Yehudi Menuhin y su hermana). Ambos concertistas se acoplaron bien con los cambios de tonalidad de la estructura melódica.

En la segunda parte del concierto, los hermanos Del Valle, presentaron ocho variaciones sobre un tema de Franz Schubert, en la bemol conocido como D-183 –además tiene sonatas, divertimentos, marchas y la famosa Fantasía en fa menor D-940-; él fue uno de los pocos autores que crearon obras –cerca de 32-, según la técnica de sentar a dos personas sobre la banqueta para interpretar simultáneamente en un mismo instrumento.

La plataforma de este trabajo musical contiene aspectos que logran ser vinculados con la energía y fuerza de los hermanos Del Valle. De esta manera, se actualiza el contexto melódico en que descansa el tema principal que fluye como constante y que logra caracterizar los aportes de Schubert a la cultura de su época y a la historia futura.

Luego volvieron a integrarse piano y violín para exponer de Federico Chopin el Nocturno en mi bemol Mayor opus 9 No. 2. El desarrollo es suave y muy fluido que crea la sensación de completa unión sinfónica entre ambos instrumentos. Esto permite dar el efecto de angustia en algunos momentos, condición que está presente a lo largo de la música de este polaco que revolucionó el arte del siglo XIX.

Al final intervinieron ambos hermanos Del Valle y la violinista Valderrama para entregar unos Aires bohemios, original de Pablo de Sarasate, español caracterizado por la sutileza y el dominio magistral del violín que manejaba con mucha pasión. Algo de eso, le vimos a la violinista en el contrapunto con quienes estaban frente a las teclas.

Estos talentosos españoles supieron combinar los diferentes estilos de Mozart, Franck, Schubert, Chopin y Sarasate. Esto brindó la oportunidad a quienes concurrieron al concierto, de escuchar una variedad de propuestas tanto en las dinámicas estructurales como en la propia manera de ejecución de gente joven, que hace sus aportes para sumar nuevas formas a un legado que parece no tener límites por el magnífico momento que hicieron pasar.

PERIODISTA

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