Columnistas 11/07/2018 - 12:00 a.m. miércoles 11 de julio de 2018

Mala experiencia creativa

Las declaraciones que se ha visto obligada a hacer quien dio tal paso en falso, afectan más a quienes las leen que a su apenada autora

Modesto A. Tuñón F.
opinion@laestrella.com.pa

El doloroso episodio del plagio sufrido por un escritor extranjero a manos de una joven literata local, además de lo que representa para quien actuó de esa manera, constituye una afrenta para la comunidad ístmica de ese oficio, porque pone en entredicho el trabajo creativo que tiene origen acá. Las declaraciones que se ha visto obligada a hacer quien dio tal paso en falso, afectan más a quienes las leen que a su apenada autora.

Este hecho hace dudosa cada letra, cada verso, cada pieza o texto que surge de la mente de quien se esfuerza por recrear un mundo real, onírico o fantástico y produce una obra, no importa si ella es un poema, canción, prosa, libreto para teatro, cine o cualquier otra manifestación, sea del ámbito cultural o texto científico. El producto de un esfuerzo así, no puede ser copiado y cualquiera lanzarlo como propio para mentir a los demás.

Plagiar es robar; es engañar y constituye un delito, como lo expresa no solo quien se vio obligada a confesar; sino porque está consignado en la normativa panameña, ámbito penal como apropiación indebida de la propiedad intelectual. El copiar y pegar es ya casi una profesión en diferentes sectores y representa una especie de ‘viveza', de práctica o ‘juega vivo' en que muchos se involucran en la creencia que son más astutos que los demás.

Pero cuando quien comete este desacierto, obtiene un reconocimiento, un título adicional o ganancias monetarias, surgen factores que aumentan la responsabilidad del sujeto agresor. Es como dicen en provincias, ‘ganar con camándula ajena' en que se expresa el colmo de la hipocresía al dignarse a recibir tales inmerecidas distinciones profesionales o económicas. ¿Cómo puede conciliarse la conciencia de alguien involucrado en esta acción?

Para quien, como el que suscribe este artículo, es víctima de una sustracción de esta naturaleza, resulta un trance difícil de superar. Primero, porque se abusa de la confianza. El agresor se aprovecha de la amistad, del conocimiento o cercanía del otro y luego se dedica a actuar con plena impunidad; recoge el material para adecuarlo a sus necesidades y a continuación, estampa su firma en el encabezado o al calce para concluir su tarea.

Cuando ha sucedido este tipo de casos en el terreno de los espectáculos, pues alguien ha copiado o cantado una canción y la pone a su nombre -a sabiendas que es otro el autor-; entonces se hace una negociación y luego de demostrado el desafuero en la esfera civil, hay una obligación de resarcimiento económico y el reconocimiento público del hecho. En Panamá debería lograrse esta conclusión a tan vergonzoso ejemplo, además de lo penal.

Sorpresa desagradable es la primera actitud que se adopta con quien se vale de la relación amistosa para actuar a hurtadillas. Me sucedió y luego sobrevino un dolor por el abuso de confianza de quien consideré cercano. Después ocurre la medición sobre lo que se ha vulnerado. Una frase, una línea, un verso, una estrofa, un capítulo, un texto entero. No importa la cuantía, el delito es igual por las malévolas intenciones del escamoteo.

Ni pensar en lo que ocurre en la esfera universitaria con los trabajos finales, tesis e investigaciones. Hay numerosas muestras de esto en el sector académico y como profesor me ha tocado lidiar con estas actuaciones.

Cuando redactaba estas líneas escuché una canción de Willie Rosario, llamada Mala mujer, adecuada porque ilustra la situación y posibles consecuencias; dice ‘…Algún día pagarás tu villana insensatez/ el tiempo será testigo, fiscal, jurado y juez…/

El asunto a veces no se resuelve a través de una confesión pública. Hay que ser inflexible con el delito del plagio para erradicarlo totalmente. Eso contribuye a vivir entre gente honrada.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO

comments powered by Disqus