Columnistas 06/12/2017 - 12:03 a.m. miércoles 6 de diciembre de 2017

Madres veneradas y mujeres ultrajadas

La ocasión es propicia para reflexionar sobre la otra cara de la moneda, tanto en nuestro país como en otras latitudes, donde hay madres y mujeres infelices.

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Mireya Lasso
opinion@laestrella.com.pa

El viernes celebramos una fecha enternecedora y tierna de nuestro calendario cultural y religioso. Ningún hijo(a) puede quedarse sin darle un beso emotivo a su madre como ningún católico(a) puede dejar de glorificar las virtudes de la Inmaculada Concepción de María, nuestra patrona. No se trata de presumir con regalos lujosos o costosos; lo más preciado es la manifestación del genuino agradecimiento por todo el amor incondicional y las bendiciones que la madre terrenal y la madre celestial nos han dado.

Celebremos con ellas en ese espíritu porque para una madre terrenal un sentido beso, un cálido abrazo, una bella flor y unos momentos de calidad le retribuyen todas las noches en vela que les causamos desde la cuna. Aún hoy somos sus ‘bebés' que, con o sin razón, no dejamos de preocuparlas; tenemos el mágico poder de alegrarles como nadie este día especial para ambos. Usémoslo.

La ocasión es propicia para reflexionar sobre la otra cara de la moneda, tanto en nuestro país como en otras latitudes, donde hay madres y mujeres infelices. La violencia contra las mujeres se da en todas las sociedades del mundo, sin distinción de posición económica, de raza o de cultura. Mientras nos aprestamos a mostrar respeto y amor a nuestras madres, otros abusan física, sexual y psicológicamente contra las mujeres sin parar mientes en que son madres, o madres en potencia. Son perpetradas por individuos que, con esas acciones de irrespeto y conductas criminales, pretenden ejercer un poder desquiciado y se solazan en el abuso que infligen, desde una ofensa verbal hasta la violación carnal y el homicidio. Se culpa a la familia patriarcal heredada desde tiempos inmemoriales y al machismo que aún no se ha podido erradicar de algunas culturas.

El acoso sexual ha alcanzado notoriedad últimamente como nunca antes, sobre todo en países desarrollados. Nosotros no escapamos. Se han destapado acusaciones de acosos cometidos por políticos de relieve, cineastas reconocidos, empresarios exitosos, dirigentes y periodistas de importantes medios de comunicación. No han escapado de esas acusaciones formales hasta expresidentes, legisladores, atletas y deportistas, reporteros y presentadores de televisión; hasta entonces, todos considerados personas rectísimas, de bien, dignas de credibilidad y respeto. Todos, por supuesto, disfrutando posiciones de poder con posibilidad de ayudar u obstaculizar el desarrollo de carreras profesionales de mujeres en situación de debilidad o de necesidad que las ha hecho vulnerables. Y hasta ahora, sumisas.

A la manipulación mental y psicológica, se suma el abuso físico como otro elemento que va desde el maltrato físico, la mutilación de órganos y violación carnal hasta el feminicidio. La ablación del clítoris que se practica en regiones de África y Asia, las violaciones físicas que se practican como métodos de guerra para doblegar a los enemigos, la explotación sexual que se origina en el tráfico ilegal de jóvenes adolescentes, son todos mecanismos de dominación y desprecio absoluto de la mujer.

En Panamá, el feminicidio es cada vez más recurrente. Según estadísticas oficiales, en los primeros diez meses de 2017 se cometieron 13 feminicidios y hubo otros 14 intentos fallidos. Se asegura que en 2017 se cometieron delitos sexuales cada dos horas, a pesar de leyes que adoptan medidas de prevención de estos crímenes. Internacionalmente las Naciones Unidas ha declarado que este asunto, más que de salud pública, es un problema de protección de derechos humanos. Una madre tiene derecho a recibir un óptimo cuidado tanto prenatal como en el parto. Y hoy, —añado— a recibir todas las muestras de afecto de sus hijos.

El próximo viernes es día para agasajos pero también para reflexionar.

EXDIPUTADA

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