Columnistas 13/02/2018 - 12:01 a.m. martes 13 de febrero de 2018

Macri y Macron (II)

Mauricio Macri sigue luchando contra las adversidades del tiempo y espacio de sus adversarios para lograr cada día sus objetivos

Virgilio Correa
opinion@laestrella.com.pa

Hace más de dos años escribimos que tanto Macri de Argentina como Macron de Francia podrían ser electos presidentes y convertirse en líderes de cada uno de sus continentes. Hoy, ya en el 2018, podemos hacer el balance de estos últimos semestres para ambos gobernantes y confirmar que lo que habíamos imaginado en su momento, hace 24 meses, comienza a hacerse realidad para regocijo de América Latina y Europa, y probablemente extenderse más allá del mandato de ambos gobernantes, dejando así una nueva semilla para este siglo para los dos continentes históricamente relacionados desde 1500.

Mauricio Macri sigue luchando contra las adversidades del tiempo y espacio de sus adversarios para lograr cada día sus objetivos. Sus ideas son válidas —hoy por hoy—, para una mayoría simple que lo apoya, aunque con fervor y/o tímidamente, el constante presidente austral no se rinde ante cualquier adversidad y reacciona siempre con valentía y coraje, respetando con hidalguía el Estado de leyes y los debidos procesos. Incluso con sus defectos, porque no es perfecto, ya que es un ser humano, aunque tal vez al final, es lo mejor para Argentina en estos momentos precisos. En eso parece que está de acuerdo la mayoría de los ciudadanos, según pudimos constatar en nuestro último recorrido por esas tierras meridionales andinas.

Emmanuel Macron, al igual que Macri, sigue luchando para lograr sus objetivos. Macron contrariamente a Macri, perdió las elecciones senatoriales de Francia, resultado nefasto para él, toda vez que le impedirá reformar la Constitución gala, tal como lo quería hacer en su primer mandato (2017-22). Mientras que Macri, logró cambiar la geografía política de Argentina, porque venció al kirchnerismo, al kristinismo y al peronismo de paso, tanto en las ‘PASOS', como en la elección final de 2017, aunque no tiene ninguna mayoría legislativa aún. En este sentido, podemos decir que Macri venció a pena y Macron fue casi vencido. Aunque se tratase de elecciones muy diferentes, el análisis nos obliga a constatar estos enunciados. Sin embargo, ambos gobernantes son promesas reales para ambos países y continentes.

Macri recibió una Argentina devastada, desconectada del mundo externo, con muchos contenciosos comerciales y financieros, un país aislado del capital financiero mundial y de la inversión extranjera, una economía deprimida y altamente populista, ficticia y engañosa. Algo que puede tomar hasta diez años rehacerlo o corregirlo. Como si se tratará de un plan Marshall o de una Europa de la Posguerra. Pero Mauricio sigue pilando por su patria y no se diluye en otras cosas. Hace poco logró para Argentina presidir el G-20, además de muchos otros logros regionales y subregionales, en menos de dos años, que comienza a poner a su patria en el sitio que históricamente le ha correspondido. Todo eso porque Macri cree mucho en los argentinos y no se cansa de decirlo. De allí, tantos logros en tan pocos años. Ahora, solo falta que el destino lo acompañe en sus menesteres.

Macron sigue alcanzando a Macri y desplazándose en paralelo del presidente colega. La usura de Merkel, las contradicciones internacionales de Trump, el brexit , las penas de Rajoy, las no anticipaciones de Italia, las amenazas de Putin, Irán y el Medio Oriente, hacen que Macron surja en el horizonte europeo, como ya Macri lo está haciendo en el latinoamericano. Macron ya brilla con una aceptación muy especial después de seis meses al mando del ejecutivo galo. Algo que Macri tiene que mejorar antes de las próximas elecciones del 2019. Al menos pareciera que los argentinos están confiados en que lo va a lograr podría ser en beneficio de todos.

Un día, hará pronto un año, Macron dijo en Argel, que Francia era casi argelina y le pedía disculpa a los argelinos por sus actos coloniales del pasado. Fue, tal vez, un mensaje en contra del bonapartismo, corriente política que Macron detesta de la historia gala del s. XIX.

En Davos 2018, Macri no se quedó atrás y dijo que todo argentino era descendiente de un europeo (¿?). Al menos no dijo que era de un español o un gallego. Como Uds. pueden ver, ellos también meten a veces la ‘pata'. Más preciso hubiera sido que Mauricio hubiera dicho que detrás de cada gobernante latinoamericano hay un europeo, y por eso es que estamos donde estamos (¿?).

Argentina y Francia disponen en sus constituciones la reelección presidencial. Por ende Macri y Macron podrían continuar a dirigir la escena internacional de la América india y de la Europa unida. Una proyección de ello es la reciente reunión entre Macri y Macron en Paris y el súper espaldarazo de Francia a Argentina en Davos, la OCDE y el G-20. La amistad histórica recíproca entre estos dos países regresa al pináculo del determinismo histórico para mejorar las relaciones entre ambos continentes.

Sería interesante ver una harmonía constructiva entre esos dos gobernantes para propiciar una tranquilidad económica política entre América Latina y Europa, dado los tiempos inciertos que deambulan en la actualidad entre los países y los continentes, en este s. XXI tan perturbado por los acontecimientos cotidianos. De la unión entre Latinoamérica y Europa siempre han surgido cosas buenas para la humanidad. Aún estamos a tiempo para volverlo a lograr en esta nueva centuria. Siempre será mejor unir esfuerzos que perturbar las relaciones con actos intransigentes de parte y otro.

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