Columnistas 08/03/2018 - 12:01 a.m. jueves 8 de marzo de 2018

Involución

Dónde está el confín entre la convicción y la hipocresía, los límites entre la razón moral y la razón política

Aristides Royo
opinion@laestrella.com.pa

El diccionario de la lengua española editado por la Real Academia, define la palabra ‘involución' como la ‘detención y retroceso de una evolución biológica, política, cultural, económica, etc.'. En el término ‘etcétera' podemos añadir la evolución sexual que en los últimos años se ha convertido en preocupación y estandarte de panameños que consideran, asumo que de buena fe, que el respeto al derecho de las minorías constituye una ofensa contra la moral, las buenas costumbres y la religión.

‘Panamá se aleja, en nombre de supuestos principios morales, de la evolución mundial [...]'
 

Esta manera de pensar se dirige al alejamiento de Panamá de la evolución que se ha venido produciendo en el resto del mundo. En la historia de nuestro país, el primer rector del Instituto Nacional, Justo A. Facio, se vio obligado a renunciar al término de su primer año de labores porque grupos de conservadores lo acusaron de que allí se ponía en práctica la libertad del pensamiento y se enseñaba la teoría de la evolución de las especies en lugar del creacionismo característico de la religión católica. La pérdida de este gran educador ocurrió en la primera década republicana, pero cuando íbamos por la mitad de los años cincuenta se despidió a un profesor de Historia, Enrique Karlson, porque en la primera página del libro de texto de su autoría recogía una frase del pensador Robinson, en la que se afirmaba que tener fe era más fácil que pensar.

Henos aquí en la segunda década del siglo XXI y Panamá no ha podido contar con una ley de educación sexual porque los que se oponen con firmeza, sostienen que decirle al adolescente, hombre o mujer, que, si va a sostener relaciones sexuales, utilice el preservativo, que no solo previene enfermedades sino el embarazo, es incitarlos al coito y que es la familia la competente para ello. Si no fuera por las crudas estadísticas, creeríamos vivir en un país formalmente ideal, pero utópico en la realidad. Ambos fenómenos, preñez prematura y enfermedades sexuales, sin excluir el sida, siguen aumentando sin que los estudiantes reciban las necesarias y oportunas enseñanzas.

‘Se ha dicho que los panameños no podemos aceptar la presión de los organismos internacionales. [...] criterio adoptado por Hitler [...]'
 

Tampoco contamos con una ley que permita las uniones de personas del mismo género y efectivamente son las mayorías las que se oponen, negándose a reconocer que la libertad sexual es un derecho humano de las minorías. En las convocatorias de las marchas, en las que se invoca el sentir de las mayorías, se emplean toda clase de argumentos contra las minorías, uno de los cuales me ha llamado la atención. Se ha dicho que los panameños no podemos aceptar la presión de los organismos internacionales. Ese mismo fue el criterio adoptado por Hitler ante las naciones europeas que veían en el nazismo la invasión de otras naciones, lo que luego ocurrió, y el preludio del holocausto que igualmente sucedió. Esa fue la actitud de Franco, quien, cuando la ONU rechazó su régimen, organizó una manifestación multitudinaria en la que aprovechó el sentimiento nacionalista para enfrentarlo a la decisión de la entidad internacional y es conocida la clásica respuesta de los dictadores cuando los organismos multilaterales los han llamado a la restauración de las libertades.

Panamá se aleja, en nombre de supuestos principios morales, de la evolución mundial y por eso se quiere rechazar el respeto al derecho de amarse que tienen las minorías del mismo género, así como la urgente necesidad de educar sexualmente a los adolescentes. Si nos seguimos alejando de la globalización, que no es solo económica, no nos podremos quejar de que se nos catalogue como país del tercer mundo.

Siento curiosidad por saber dónde está el confín entre la convicción y la hipocresía, los límites entre la razón moral y la razón política, entre la realidad del respeto a la otredad y la fantasía de que solo una parte tiene la razón y por ende es la única que goza de derechos.

No alcanzo a comprender cómo se puede pretender que Panamá, que ha firmado casi todos los convenios internacionales sobre la democracia y la libertad, cuando el tema se refiere al sexo nos alejamos, como si fueran opresores, de la ONU, de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de cualquiera que no piense y sienta como quieren las mayorías.

ABOGADO, EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

comments powered by Disqus