Columnistas 21/12/2018 - 12:01 a.m. viernes 21 de diciembre de 2018

De la invasión a Panamá a la dictadura empresarial

Sobre la invasión norteamericana a Panamá existen decenas de análisis que tratan de explicar los motivos de los acontecimientos

Mario Enrique De León
opinion@laestrella.com.pa

La importancia de recordar y dialogar sobre los acontecimientos históricos corresponde a que estos ejercicios nos brindan las herramientas reflexivas para entender nuestro presente y el lugar que ocupamos como sociedad dentro de un mundo fluctuante y complejo. Examinar el pasado —con seriedad y criticidad— nos esclarece el ahora y nos posibilita construir un futuro compartido y deseado por las mayorías, con dirección a que se superen las tragedias del pasado. Por esta razón es importante preguntarse cada 20 de Diciembre, y fuera de la fecha, qué pasó antes y durante diciembre de 1989, pero, principalmente, qué ocurrió después. No solo en Panamá, también en el mundo.

Sobre la invasión norteamericana a Panamá existen decenas de análisis que tratan de explicar los motivos de los acontecimientos. Sin embargo, son menos los que se ocupan de interpretar lo posterior y su relación con la tragedia. La tendencia de los medios de comunicación y la opinión pública es ir directo al tema. Inician con el primer bombazo y concluyen con la captura del general Noriega. Lo cual está bueno, pero los temas hay que contextualizarlos con lo previo y lo posterior para darle un marco. No se puede dialogar en abstracto. Se debe discutir en un contexto y a partir de una historia y dentro de ese contexto y de esa historia es posible que se tomen posiciones políticas.

En ese sentido, la línea histórica —que no es lineal— nos señala que un pueblo fue separado (Panamá) de sus pares (el resto de los departamentos colombianos), pero simultáneamente le fue secuestrado una parte de su territorio que serviría de plataforma para el desarrollo de la posición económica y militar de EE.UU. en el mundo. Esto generó contradicciones en el seno de la sociedad panameña: culturales, sociales, políticas y económicas. A la medida que esas contradicciones se iban desarrollando, también maduraba la conciencia del pueblo panameño y su capacidad organizativa, hasta el punto de que sus exigencias se convirtieron en la religión de la gran mayoría. Paralelamente otra pequeña parte de esta misma sociedad continuaba en complicidad con los intereses foráneos y a su vez detentaba el poder político. Exactamente como ocurría desde 1903.

En ese desarrollo la hegemonía de esta pequeña minoría —apátrida— que controlaba el poder político y económico (entendido el concepto como el poder de hacer a otros que piensen igual hasta el punto de instalar un pensamiento dominador y único) inició a entrar en crisis en la década del 40 hasta sucumbir el 9 de Enero de 1964, lo cual puso en aprietos la estaca colonial del ocupante foráneo.

El invasor entendió el momento histórico y rápidamente buscó solucionar las contradicciones de una manera que inclinara la correlación de fuerza a su favor. Su carta para solucionar la crisis fue la Guardia Nacional. Por una parte, asesinarían a los más radicales, se detuvo el avance de las organizaciones populares, para ello las cooptaría hasta corroerlas y desvanecerlas, como a su vez aseguraron su triunfo contra el comunismo por estas tierras (en medio de la Guerra Fría).

Todo este largo proceso estaba acompañado de políticas económicas que marcaban etapas. Para inicio de los años ochenta, EE.UU. impuso una agenda económica que daba comienzo a un tercer periodo económico basado en la desregulación del mercado. Esta tarea dada a la recién creada Fuerza de Defensa no pudo ser cumplida, lo cual condujo a que EE.UU. utilizara otra herramienta para sus nuevos propósitos. Una vez más entendida la situación el ocupante cambia de carta e imponen a sangre y fuego a sus aliados históricos (los empresarios). Esto no niega que los estamentos de seguridad en el poder jugaran a múltiples y propios intereses, como de tener sus contradicciones con los mandatos del Gobierno norteamericano, ni que estos tampoco tuvieran relaciones de intereses con la clase dominante que había perdido su hegemonía.

De esta manera se pasó de una dictadura militar a una dictadura empresarial que marca nuestro presente. Entendida esta como la RAE describe en su diccionario: Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales.

La dictadura empresarial se instaló —el 20 de Diciembre de 1989— derramando chorros de sangre y se mantiene vigente por medio de un pensamiento único: el del mercado (negocios-dinero) que es reproducido desde los partidos políticos, medios de comunicación, universidades y escuelas. En ocasiones utilizan la represión en las calles, cuando consideran necesario o satanizan las protestas. Para esto disponen de un aparato comunicacional militante del mercado y de estamentos de seguridad —bien armados y amaestrados— fieles al mandato del presidente de turno (como caballos en una carrera), con la excusa del respeto a la institucionalidad.

El régimen vigente es una dictadura, porque concentra todo el poder. Los empresarios han secuestrado los partidos políticos sin excepciones. Tienen a su servicio los tres órganos del Estado y con ellos a los estamentos de seguridad y al Tribunal Electoral. Controlan todos los medios de producción y de comunicación, como a la vez han cooptado a ciertos líderes y organizaciones sociales. Tampoco, se escapan de ellos algunas organizaciones y líderes religiosos.

Esta dictadura empresarial imposibilita el cumplimiento de los DDHH y las libertades individuales. Ellos han logrado convertir los derechos básicos en grandes negocios; como ocurre con los servicios de energía eléctrica y agua potable, la salud, la educación, la vivienda, el transporte y la alimentación. Quien desea cubrir estas necesidades de manera ‘decente' está obligado a negociar con ellos, porque el Estado no puede garantizar ni regular estos servicios mientras siga secuestrado por la lógica del mercado. Lo planteado imposibilita que los individuos se desarrollen libremente bajo estas condiciones. Una sociedad donde los DDHH son castrados no puede ser terreno fértil para el florecimiento de las libertades.

Conocer nuestro pasado es útil para analizar nuestro presente de cara al futuro. Este ejercicio nos esclarece quiénes son los opresores y los problemas de raíz. Por esta razón es prohibido olvidar. ¡20 de Diciembre, duelo nacional!

SOCIÓLOGO, UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.

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