Columnistas 10/03/2015 - 12:00 a.m. martes 10 de marzo de 2015

¿Integración en salud: de qué o quiénes?

Estas y otras situaciones, hablan no solo del deterioro de la atención de salud, sino también de la irracionalidad que existe en el sistema 

Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa

Doris de la Cruz decidió que no volvería a pisar más la ‘especializada’ del Seguro Social (CSS), porque hasta dentro de seis meses se podrá atender con el especialista; como aderezo, sufre ‘déspota’ y ‘grasoso’ (por el cartucho de frituras que tenía al lado de los expedientes) trato de la secretaria del servicio. O sea, está condenada a sufrir una atención desesperanzadora en la CSS o a pagar más del doble por su propia recuperación en una clínica privada, a pesar de cotizar a esta institución.

Silvina Sáenz llora desconsolada porque tiene que salir del hospital 24 de Diciembre, ya que no cuenta con recursos para pagar los más de 200 dólares que implica mantenerse allí por más tiempo. Ella no es asegurada y este hospital es de la CSS. O sea, al no contar con un hospital del Ministerio de Salud (MINSA) cercano, el costo de su atención se eleva. Además, se denota el carácter mercantilista con el que se trata a los seres humanos en el seguro (anti) social.

Estas y otras situaciones, hablan no solo del deterioro de la atención de salud, sino también de la irracionalidad que existe en el sistema público que opera como un monstruo de dos cabezas (bicéfalo) duplicando esfuerzos y recursos que provienen en última instancia del trabajo de los habitantes de esta patria.

De allí que el Gobierno somete a debate la propuesta de un sistema que ‘integra’ los servicios de ambas entidades para que la atención se convierta en universal y unitaria. No obstante, dicho debate se circunscribe, no a discutir una integración de los servicios que haga desaparecer al sistema bicéfalo, sino una cuasi integración en la que se mantenga la vida de ambos.

Desde el punto de vista económico, mejoraría la situación actual, pues sin duda reduce los costos actuales. Lo que no cabe esperar es la certeza de que se alcance a resolver los problemas de hoy, sobre todo la falta de universalidad, calidad e integralidad de la atención de salud, además de su sostenibilidad a largo plazo.

Es decir, ¿cómo se garantiza que el rumbo de los ahorros generados por la reducción de costos, se oriente hacia la equidad social? ¿Se reinvertirían en los propios servicios, es decir en su equipamiento técnico, material y humano? O más bien ¿se destinarían a la ‘externalización’ de servicios?, ese elegante eufemismo utilizado por los directores de la CSS y tecnócratas gubernamentales de los últimos 25 años, para privatizar los recursos públicos.

Ciertamente, se evade discutir que la alternativa económica y socialmente más viable para alcanzar un sistema de auténtica universalidad y equidad social, pasa no por el mantenimiento de la estructura de un patrón ‘bicéfalo’ en el sistema de atención de salud como el que se propone, sino por la FUSIÓN (así como la de las grandes corporaciones privadas o como la del MEF, otrora MIPPE y Ministerio de Hacienda por separado) de los servicios médicos ofrecidos por la CSS y el MINSA. Esto implicaría que no habría dos instituciones encargadas de lo mismo, duplicando gastos, sino un sistema unitario.

Obviamente, la CSS mantendría su papel de atención de los riesgos de vejez y prestaciones económicas (jubilaciones, subsidios, etc.), cediendo los servicios médicos a una entidad autónoma nueva o al propio MINSA (yo preferiría la primera opción) que cubra de manera universal este servicio y con programas de carácter contributivo. Es decir, con sus presupuestos determinados con antelación a partir de contribuciones definidas que cubran las necesidades médico-sanitarias de toda la población nacional.

El escollo de esta fusión, empero, es más de orden político e ideológico proveniente principalmente de los intereses creados a lo interno de los tecnócratas de la CSS y de los grandes negociantes de la salud del sector privado. Su influencia, fácilmente llevaría a los actores políticos de Gobierno y legislativo a tomar las decisiones que impidan que una fusión de instituciones de salud se convierta en realidad.

Mientras tanto, dada la confusión generalizada del pueblo sobre este aspecto, seguirá demorando la oportunidad para que el país vuelva a experimentar lo que en los años setenta fue una ‘salud igual para todos’.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

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