Columnistas 14/08/2019 - 12:01 a.m. miércoles 14 de agosto de 2019

La incertidumbre es mala compañera

‘La JMJ demostró lo que podemos lograr; no lo olvidemos. Debemos repetir diariamente esa bella experiencia en todos los ámbitos de nuestras vidas'

Mireya Lasso
opinion@laestrella.com.pa

Nada es seguro en esta vida, solo la muerte y los impuestos, reza la sabiduría popular; y aún para muchos, solo la muerte, porque de los impuestos no resulta, a veces, imposible zafarse legalmente. Todos los humanos estamos inexorablemente expuestos a ignorar lo que puedan depararnos los próximos milisegundos de existencia, pero por lo general se trata de una razonable incertidumbre muy natural, que es parte de nuestro diario vivir. Lo malo es la situación de quienes se ven forzados a vivir permanentemente en una situación de incertidumbre sin tener a mano la solución ni que dependa de sus propios esfuerzos. Para los panameños afortunadamente hoy mucho depende de nosotros; debemos apreciarlo y podemos esforzarnos para lograrlo.

‘Pensemos en primer lugar en los millones de desocupados en el mundo que no tienen ni encuentran una manera estable de ganarse la vida [...]'
 

Pensemos en primer lugar en los millones de desocupados en el mundo que no tienen ni encuentran una manera estable de ganarse la vida; deben agenciársela a diario para ganar, al menos, lo suficiente para un medio-bocado para sí y sus familias, o ese día no se alimentan y se acuestan con estómagos vacíos. Algo similar le sucede a quienes el subempleo les impide cubrir todas sus básicas necesidades y se ven forzados a buscar ingresos fortuitos de otras fuentes inestables.

Reflexionemos sobre el infortunio sufrido por refugiados que deben abandonar sus hogares huyendo de persecuciones políticas o de sus existencias miserables solo para naufragar en el Mediterráneo hacinados a bordo de frágiles botes, o para ahogarse en el río Grande tratando de cruzar a nado a sus hijos, o encontrar la muerte en escabrosas pendientes en selvas inhóspitas y ser recibidos por el rechazo de los nativos que los ven como competidores dispuestos a ofrecer su mano de obra más barata.

¿Qué decir del ciudadano inglés común que hoy desconoce las repercusiones que tendrá para su bolsillo y para la economía de su país el rompimiento de sus relaciones comerciales con el resto de Europa con resultados aún ambiguos? ¿Cómo nos afectará personalmente y a los ingresos del Canal la guerra comercial, industrial y monetaria que los dos gigantes de la economía mundial se han empeñado en desatar y podría llegar a un enfrentamiento bélico si alguno, con poder de fuego, le da por apretar un botón equivocado? ¿Cuál es el futuro de la endeble paz en Colombia, del poder económico de los mexicanos frente a drásticas medidas de su Gobierno, de las posibilidades de reconciliación en Venezuela que parece lejana, o del clima político y económico de los argentinos cuyos pesos cada día valen y compran menos?

‘[...] lo cierto es que los panameños somos todavía afortunados, porque tenemos muchas de las bendiciones que les son negadas a otras gentes [...]'
 

Aunque se pueda alegar que mal de muchos es consuelo de tontos, lo cierto es que los panameños somos todavía afortunados, porque tenemos muchas de las bendiciones que les son negadas a otras gentes. Nuestra fortaleza es que tenemos el poder de mantener y acrecentar esa buena fortuna; basta con unir nuestras voluntades y esfuerzos para eliminar las incertidumbres de quienes las sufren en nuestro país por falta de oportunidades, de educación, de salud, de viviendas dignas, de trabajos honrados y decorosos. Se habla mucho, pero del dicho al hecho todavía tenemos distancias salvables. Dejemos de lado la maledicencia, la mala fe y las envidias, porque son obras del diablo que siempre se empeña en destruir. Es fácil decirlo, pero no es difícil lograrlo.

La JMJ demostró lo que podemos lograr; no lo olvidemos.

Debemos repetir diariamente esa bella experiencia en todos los ámbitos de nuestras vidas. En las acciones públicas y privadas que estén a nuestro alcance, podemos mejorar para disminuir la incertidumbre de los menos afortunados, construyendo una sociedad responsable y solidaria distinta a otras.

EXDIPUTADA

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