Columnistas 23/07/2019 - 12:01 a.m. martes 23 de julio de 2019

Hace mucha falta la lectura comprensiva

‘[...] cuando leemos, [...], nos enriquecemos con sabidurías aplicables a situaciones [...] que la vida trae [...], para que podamos resolverlas exitosamente [...]'

Félix L. Figueroa T.
opinion@laestrella.com.pa

Cuando el presidente electo anunció el nombre de la ministra de Educación, me pareció haberle oído manifestar su interés por la lectura comprensiva: la que conlleva el análisis que conduce al conocimiento permanente.

Coincidió, el señor presidente Cortizo, con una de las preocupaciones de quienes nos dedicamos a la docencia durante largos años en los cuales sostuvimos que los estudiantes debían leer, pero no mecánicamente, sino para derivar aprendizajes aplicables en situaciones posteriores; para resolver problemas, para contribuir, con lo aprendido, al progreso del medio en el cual de desenvuelve o se desenvolverá el futuro cercano. Pero esto no está ocurriendo a mi parecer, porque el día a día demuestra con claridad que nuestros discípulos carecen de una competencia imprescindible en la era del conocimiento y la cultura: ser instruidos.

Los resultados de las pruebas de admisión a las cuales son sometidos los educandos panameños egresados de las escuelas públicas son decepcionantes. Si lo dudan, consulten las informaciones que proceden de la oficina de ingreso de nuestra primera universidad, la de Panamá.

Quienes estuvimos en la brega docente, años ha, siempre defendimos el principio de la pérdida que significaba leer sin entender y lo proponíamos como la causa fundamental del fracaso escolar. Pero no solo el resultado de los exámenes, sino también la interactuación dentro y fuera del aula, tiende a demostrar que buena parte de los escolares no disciernen o digieren el material sometido a lectura o estudio y por tanto, no procesan contenidos ni llegan a la síntesis que almacenará en su ‘disco duro' que es el resultado de un proceso sumamente importante en el aprendizaje. Al contrario, los efectos son indicadores de que se leyó para repetir memorísticamente, porciones de textos y complacer en esta forma a quienes los interpelan, contestando, al pie de la letra, aquello que suponían haber aprehendido y no fotografiado de memoria.

Comprobamos que un número significativo de colegiales leían, pero no con la actitud crítica que se detiene a hacer consideraciones y hasta dudar de lo que se debía aprender. Sí, pasaron los ojos superficialmente, a la carrera, por un universo discursivo profundo, significativo y enriquecedor. Perdieron el tiempo y la oportunidad de nutrirse, porque gastaron sus energías repitiendo principios que no razonaron. Solo se prepararon para el momento y responder, al pie de la letra, a algunos de sus preceptores. Memorizaron para hoy, mañana se olvidaría, seguros de que la internet supliría las deficiencias posteriores. Ninguno validó lo leído, explicado o discutido en su recto y valioso sentido y que tal vez, se hizo con acierto, pero que en otros momentos se efectuó con deficiencia: no se impusieron la tarea de hacer leer o estudiar adecuadamente porque no manejaban los recursos, estrategias o competencias para promover el deseo de querer saber más mediante la profundización de contenidos importantes, de teorías y sabidurías que debían perdurar para toda la vida en la mente de quien se considera instruido y preparado para vivir; por el contrario, se dio paso a lo intrascendente, a lo que solo demuestra que quien se maneja en esa perspectiva, demuestra tener memoria de almanaque.

Otra buena causa para entender que los estudiantes no comprenden lo que leen es la carencia del vocabulario requerido para la penetración incisiva del contenido textual, así como también la falta de imaginación.

Hoy, la nota típica de la gran mayoría de nuestros discípulos es la limitación léxica. Su hablar y escribir es de gran pobreza y como no les interesa ahondar en la esencia de lo que leen, no emplean el diccionario y como no leen para aprehender, no observan, no deducen, no intuyen, no correlacionan, no proyectan, lo cual se compromete con su deficiente organización mental y les impide vertebrar esquemas que le ayudarían en la construcción o estructuración de textos; se satisfacen con un sí o no por respuesta y con frivolidad y desvergüenza se conforman con copiar y pegar conceptos expuestos por autores que ni siquiera conocen y peor aún, la despreciable aceptación de algunos que han convertido los cursos en sitios para charlas sin la adecuada orientación que debe ofrecerse cuando se exige la presentación de un trabajo de investigación escolar. Con ello han preparado un buen número de charlatanes.

La lectura con estas características no es válida, no ayuda, es pérdida de tiempo. Por tanto, es necesario insistir que cuando leemos, aplicando el análisis sesudo, nos enriquecemos con sabidurías aplicables a situaciones o circunstancias que la vida trae consigo, para que podamos resolverlas exitosamente y estar en condición de aportar, ayudar, hacer más fácil nuestra convivencia y la de los demás.

DOCENTE UNIVERSITARIO JUBILADO.

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