Columnistas 13/05/2018 - 12:03 a.m. domingo 13 de mayo de 2018

El más grande misterio

En 1960, gracias a la enfermera británica Cicely Saunders, se plantean los cuidados paliativos y el derecho de la persona a una muerte digna

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

La muerte es pensamiento que nos ronda la cabeza desde el momento en que tomamos conciencia de que es inescapable. Es el más grande misterio de la vida. De la muerte se han ocupado todas las ciencias, las religiones, las artes. Es tema que durante siglos ha llevado a serias y profundas reflexiones. En 1960, gracias a la enfermera británica Cicely Saunders, se plantean los cuidados paliativos y el derecho de la persona a una muerte digna, también llamada de ‘buen morir'. Este concepto, que difiere de la eutanasia y el suicidio asistido, significa que ante una enfermedad o condición irreversible que conduce a un estado terminal con desenlace inevitable a corto plazo, el paciente no sea sometido a procedimientos excesivos e inútiles que solo prolongan el sufrimiento y que, en algunos casos, conlleva altos costos económicos. Resulta paradójico que prolongar por medio artificiales una vida agonizante, aunque sea con las mejores intenciones, solo logra prolongar el sufrimiento del enfermo y su familia.

En Internet hay mucho material sobre este tema que he conversado con mis hijos, porque estoy convencida de que llegado el momento es lo que quisiera para mí: soltar las amarras de la vida en un proceso tan natural como el que me trajo a ella. Tengo la certeza de que si este tema se llegara a plantear en Panamá causaría tormentosas polémicas como ha pasado en otros países. Surgirá el argumento religioso de que la vida nos es dada por Dios y que solo Dios tiene derecho a ponerle fin; no obstante, considero que es agresión, falta de humanidad, prolongar por medios artificiales el proceso natural de la muerte. La Iglesia c atólica rechaza la eutanasia, el suicidio asistido y el derecho a la muerte digna; pese a ello, en Bélgica las instituciones que regenta la Hermandad de la Caridad permiten la muerte digna, porque ‘Creemos firmemente que somos coherentes con la doctrina de la Iglesia católica. Tenemos en cuenta el cambio y la evolución de la sociedad'. A pesar de objeciones, principalmente de carácter religioso, varios países de Europa, algunos estados norteamericanos y varios países de Latinoamérica, entre ellos México, Argentina, Colombia, Brasil y Uruguay, ya cuentan con legislación sobre este derecho; las legislaciones, según aprecié en algunos escritos, establecen con claridad y precisión los cuidados y procedimientos para la muerte en paz del enfermo. Por su parte, la bioética propone formas de cuidado y apoyo al final de la vida; que se honren los principios bioéticos basados en el respeto a la dignidad de la vida humana, como un derecho inherente a los Derechos Humanos.

Creo que el derecho a la muerte digna debería plantearse y debatirse alejado de prejuicios y sectarismos; sé que no sería así y menos en la enrarecida atmósfera nacional en la que nada se discute con serenidad y sin sesgo político. Sin embargo, creo que este es un tema que debemos poner en la agenda de los pensamientos personales; de una u otra manera casi todos tendremos que enfrentar la situación que aquí comento. ¿Por qué ante ese ser querido que sabemos más allá de toda posibilidad de salvación nos resistimos a dejarlo partir, a morir en paz, sin dolorosos procesos? ¿Por qué, los que estamos en fila por razones de la edad o de alguna dolencia grave no nos sentamos con nuestros hijos y familiares más cercanos a conversar sobre lo inevitable? Un amigo dice que la muerte digna es ‘muerte por amor', porque dejar ir al ser querido para que deje de sufrir es un hermoso gesto de desprendimiento; comparto esa definición y agrego que es gesto de amor en doble vía cuando el enfermo escoge la muerte digna para no prolongar el sufrimiento de los que deja atrás.

Un estudio del British Medical Journal señala que entre adultos mayores (grupo al que pertenezco) se piensa más en la muerte que en las enfermedades graves que se puedan tener. ¿Cómo será morir?, ¿se sentirá dolor?, ¿será verdad que voy a entrar en un túnel iluminado?, ¿viviré lo suficiente para ver a mi nieta camino al altar?, etc. Creo que en casi todos nosotros está presente el miedo a la muerte, o tal vez, más que miedo a morir es temor de no saber ‘qué hay más allá' o si hay el ‘más allá'. Y ese es misterio que nunca nos será revelado. ‘La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos' (Antonio Machado, poeta español).

COMUNICADORA SOCIAL.

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