Columnistas 16/06/2019 - 12:02 a.m. domingo 16 de junio de 2019

El gran teatro del mundo

Antiguamente, desde los griegos hasta el Renacimiento, los papeles femeninos en el teatro eran representados por varones disfrazados de mujer

Mario José Chamorro Carazo
opinion@laestrella.com.pa

Antiguamente, desde los griegos hasta el Renacimiento, los papeles femeninos en el teatro eran representados por varones disfrazados de mujer, con máscaras o maquillaje femenino.

Como prenotando, quiero aclarar que no se trata de argumentos de orden religioso, bíblico, et al. No, los argumentos en contra de la IDENTIDAD DE GÉNERO están antes de lo religioso, son argumentos de razón pura. Tampoco se discute que cada quien realice la actividad sexual que crea conveniente, sin presión ni manipulación alguna, en libertad y respeto de toda la sociedad.

Hay una confusión de términos, inducida a propósito: se confunde sexo con género, se declara como inexistente la realidad del sexo y se sustituye por el ‘concepto' de género, traducción del inglés de ‘gender'. Juegan, a propósito, con ese juego de palabras y confunden con su ambigüedad.

Hoy estamos montando un gran teatro, pero con características diferentes. Los papeles no son asignados por la genética, por la realidad objetiva, sino que cada quien decide su propia naturaleza su propio género. Estamos asistiendo a una reingeniería social, de gran alcance, forzada por organismos supranacionales; se desconoce, se borra, se declara no existente, lo que la naturaleza da, y esto, por de decreto.

Como esa IDEOLOGÍA ‘declara' inexistente lo que la naturaleza da, el sexo, hay que programar al niño o a la niña, desde la escuela, para que elija el género que mejor le parezca. El género, según ellos, no viene dado por la naturaleza, es líquido, y hay que reprogramarlos mediante inducción, (dinámicas, imágenes, películas, testimonios, charlas, etc.) para que ellos mismos jueguen a DARSE su propio GÉNERO.

Como consecuencia de esta IDEOLOGÍA, se dictan leyes que anulan la patria potestad: los padres no pueden oponerse a que sus hijos sean reprogramados en las escuelas. Los profesores deberán estar capacitados para cumplir esta misión y no pueden resistirse, bajo pena de ser eliminados del sistema educativo. Si el niño o niña ha decidido su género, contrario a su sexo, los padres deberán respetar su decisión y, si el niño o niña desea tratamiento hormonal, procedimiento quirúrgico, o lo que sea, tampoco podrán los padres oponerse. Los médicos y los sistemas gratuitos de salud, estarán obligados a cumplir los deseos del niño o de la niña. Debemos preguntarnos, ¿está un niño o niña, cuyas hormonas no están totalmente desarrolladas, y cuya mente dúctil, puede ser manipulada, resistirse a una reprogramación de esta clase?

Según afirma esta ideología, cada quien es libre, por ley, de darse el GÉNERO que elija; en otras palabras, esto nos está llevando a una realidad líquida en la que ya no dependemos de lo que la naturaleza nos da, es una rebelión para al fin ser libres de los ‘roles' que nos ha asignado la naturaleza: el hombre se constituye en dueño absoluto de su propia realidad; él se designa, según su propio querer y sentir, su propia realidad, su propio género: darse el rol de hombre o de mujer, o los dos al mismo tiempo, o cualquier otra combinación; se han identificado más de 60 posibles roles.

Mediante esa dinámica, lo que se induce es el criterio de que nada es fijo, todo es programable, no existen la VERDAD NI LO VERDADERO, todo es relativo. El ‘derecho' a ‘darse' su propia identidad o género por decreto, pasa a ser ley de la República. Nos preguntamos ¿cómo se puede ‘cambiar' o ‘anular' la naturaleza con una ley, de forma que debamos aceptar la razón de la sinrazón? Pero tendremos la obligación de aceptar esa aberración, de lo contrario, toda acción, expresión, mirada o palabra que sea considerada como ‘discriminatoria', deberá ser castigada con cárcel o con multa, o cualquier acción punitiva que se considere necesaria.

¿Qué dice la razón, la medicina, la genética, sobre esa afirmación de que el hombre nace NEUTRO y que es él mismo quien se da su propia identidad genérica? Una afirmación tiene el valor de verdadera, cuando lo que afirmo coincide con la realidad dada exterior a mí, que no puede ser manipulada y que puede ser verificada. Puedo comparar la afirmación con el objeto y estar seguro de que lo que afirmo es verdadero. En este caso, palpo mi cuerpo, mis genitales, analizo mi ADN, etc. Y afirmo con toda verdad: soy del sexo masculino o femenino, según sea el caso. Mi afirmación coincide con una realidad comprobable.

¿Y, cuál es el fundamento legal para imponer una tal ley? ¿De dónde emana ese derecho? No puede ser de una ideología, pues las ideologías no fundamentan leyes. Me pregunto, ¿quién le dio a los legisladores el derecho de imponer una ideología por decreto?

Eso sienta un precedente sumamente peligroso, pues se presta a la manipulación de la sociedad y, no quisiera pensar que eso es lo que se pretende, cerrando toda posibilidad al disenso. Estamos presenciando una poderosa corriente de desconstrucción de valores para controlar a la humanidad.

LICENCIADO EN FILOSOFÍA Y MBA.

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