Columnistas 22/03/2019 - 12:03 a.m. viernes 22 de marzo de 2019

Gobernantes, discursos y estadistas (I)

‘En la proximidad de las elecciones, la enseñanza que deja la historia a los candidatos presidenciales es clara: se debe gobernar aprendiendo las lecciones del pasado, con visión de estadista [...]'

Jaime Flores Cedeño
opinion@laestrella.com.pa

Desde 1903 hemos tenido decenas de gobernantes en el país, en su mayoría procedentes de las élites burguesas. Muchos de estos alcanzaron el poder por medio de costosas campañas y amparados en discursos populistas carentes de contenido. Liberales y conservadores, antiguos enemigos, incluso en el campo de batalla durante la Guerra de los Mil Días, se conciliaron a favor de sus intereses económicos y conspiraron para levantar la República que nació mediatizada producto del Tratado Hay - Bunau Varilla.

Los liberales se impusieron a los conservadores, primero con Porras, y luego con el dominio de los Chiari, quienes deformaron el liberalismo popular liderado por su antecesor y que forjó las bases estructurales de la naciente patria. Los liberales desde 1924 se alternaron en el poder con distintas facciones, todas de un mismo origen oligárquico, ya sea, los Arias, Arosemena, De La Guardia, Jiménez o Díaz, respondían a un modelo político donde la división de clases favorecía a los más pudientes.

Los liberales tuvieron sus opositores en el Panameñismo y la Coalición Patriótica, el primero bajo las directrices de Arnulfo Arias, y el segundo, jefaturado por Remón Cantera. Arnulfo gobernó poco, y las veces que lo hizo, fue derrocado por acciones ilegales e inconstitucionales, como aquella de 1951, cuando dejó fuera de vigencia la Constitución de 1946 y puso en vigor la de 1941. Esto llevó al presidente Arias a un juicio por parte de la Asamblea Nacional, donde resultó condenado. En el caso de Remón, comandante de la Guardia Nacional, se hizo presidente en unas elecciones polémicas y marcadas por denuncias de fraude. El asesinato de Remón, el 2 de enero de 1955, profundizó la crisis política, que tuvo su episodio más dramático con el segundo juicio que hace la Asamblea, esta vez, al vicepresidente José Ramón Guizado, acusado de ser el autor intelectual del magnicidio.

La descomposición política que vivía el país fue expuesta por el doctor Carlos Iván Zúñiga, en su ensayo titulado: ‘El Frente Patriótico y las crisis del cuarenta', precisaba que: ‘Lo que ocurrió entre 1949 y 1955 fueron momentos tan convulsos o dramáticos como los anteriores. Hubo derrocamiento de presidentes, fraude, frustraciones, saturación de intrigas, magnicidios y juicios políticos que terminaron en verdaderos ‘magnicidios judiciales'. Entonces, específicamente el año 1952, la Policía Nacional dejó de estar detrás del trono para ejercer de forma directa, sin intermediarios, el poder real. Fueron los antecedentes escalofriantes de 1968'.

La situación descrita que venía en evolución desde 1903, provocó la aparición de organizaciones cívicas y populares que tenían como objetivo hacerle frente al deterioro político, económico y social que se vivía, entre estas sobresalieron: el Sindicato General de Trabajadores, el Movimiento de Acción Comunal, Las Ligas Campesinas, los partidos Comunista y Socialista, la Federación de Estudiantes de Panamá, el Frente Patriótico de la Juventud y el Magisterio Panameño Unido.

Hasta el 11 de octubre de 1968, cuando se produce el golpe de Estado y, que sus consecuencias y desenlace trataremos en otro escrito, la nación fue gobernada generalmente por mandatarios con discursos demagógicos, que prometían de todo y cumplían poco, salvo raras excepciones. En las proclamas ofrecían desarrollo, progreso y dignidad, mientras el país navega en un alto índice de pobreza, la falta de salud era extensiva en todo el territorio, el campo estaba en total abandono y casi no se construían escuelas. El tema primordial de la clase política era mantenerse y llegar al poder, sin importar los costos, al buen estilo del ‘Príncipe' de Maquiavelo.

A raíz del caos político antes referido, el Parlamento sentó, el 24 de marzo de 1968, en el banquillo al presidente Marco A. Robles, dando inicio al tercer juicio político en menos de dos décadas. El gobernante fue hallado culpable por el ‘delito de coacción electoral', más aún, a pesar del dictamen la sentencia no fue ejecutoriada, porque le faltó el respaldo del poder real de la Guardia Nacional y Robles volvió a su cargo.

Muchos de estos presidentes han quedado en el olvido, otros son recordados por su deficiente administración y pocos lograron trascender como verdaderos estadistas por atreverse a desarrollar cambios profundos y tomar decisiones de Estado, como: Belisario Porras, fundador de grandes instituciones, Harmodio Arias gestor de la Universidad de Panamá o Roberto F. Chiari al decidir romper relaciones con los Estados Unidos tras los hechos del 9 de Enero de 1964, por citar unos ejemplos.

En la proximidad de las elecciones, la enseñanza que deja la historia a los candidatos presidenciales es clara: se debe gobernar aprendiendo las lecciones del pasado, con visión de estadista, al lado del pueblo y realzando siempre al sentido patriótico. Al final de cuentas, la historia juzgará a cada quien, en su tiempo, espacio y lugar.

ABOGADO E HISTORIADOR.

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