Columnistas 12/01/2018 - 12:00 a.m. viernes 12 de enero de 2018

Fundamentos de la armonía democrática

La democracia en Panamá no es palabra vana

Paulino Romero C.
opinion@laestrella.com.pa

La primera obligación que nos incumbe es la de hacer estable el régimen democrático emanado de la voluntad popular. Si no cumpliéramos con este deber, las generaciones que nos sucedan tendrían derecho a maldecir de nosotros. La democracia en Panamá no es palabra vana. Es imperfecta todavía, y hay grandes posibilidades de mejorarla para que ella sea más operante en el terreno económico y en el social. Pero la democracia es para Panamá algo vívido como expresión de su sufrimiento, de su lucha, de su constancia.

Los panameños hemos pasado por muchas experiencias y de ellas hemos sacado la conclusión de que el sistema democrático es el que nos permite aspirar a que las conquistas que logremos para nuestro pueblo, sean conquistas definitivas y compatibles con nuestra dignidad humana y con los atributos de una ciudadanía responsable. Después de 21 largos años de autocracia (1968-1989), llegamos de nuevo a la experiencia democrática, con la convicción de que no hay otro sistema que nos permita conquistar la paz, la paz fecunda y sólida sobre la cual podemos trabajar por el bienestar de nuestro pueblo; no es un mero ideal, no son frases huecas las que nos han traído de nuevo al camino de la democracia, sino la experiencia sufrida en carne propia.

La integración de los cuerpos deliberantes, a través de la representación proporcional, es, a veces, bastante difícil, pero la misma democracia genera sus propios remedios, y los pueblos saben que periódicamente pueden revisar los rumbos emprendidos, sin pasar por los dramas por los que pasan los países que buscan otros procedimientos.

En una democracia hay muchas oposiciones e intereses, fenómeno que a veces se convierte en conflicto de intereses, en el cual cada una de las partes quisiera que el poder público se pusiera de su lado frente a la otra. Al poder público, en representación del interés supremo de la comunidad, le toca ponerse por encima, buscar armonía, reconocer derechos, para poder encontrar soluciones que sean realmente soluciones armónicas y positivas.

Nuestro concepto de democracia no es solamente el mantener el voto y la libertad de los partidos, sino que es, además, el poner los instrumentos en función de objetivos más importantes, como son los de lograr una transformación profunda y seria de las estructuras, que permita que todo el pueblo participe más y más en la riqueza, que esta no se convierta en patrimonio de unos pocos, sino que sea fundamentalmente un medio de mejoramiento de la gran mayoría.

Que el pueblo sienta esto, entienda la difícil pero necesaria armonía entre la libertad y la disciplina, las garantías plenas para que cada uno haga lo que quiera, dentro de la ley, y la autoridad firmemente dispuesta a enfrentar a los que se salen del marco de la ley. Necesitamos que las instituciones democráticas representativas sean instrumentos de superación, de participación cada vez más eficaz del pueblo en la resolución de sus destinos, de transformación de las estructuras sociales y económicas para que sirvan mejor al hombre, porque en definitiva, él tiene que ser el sujeto y el término esencial del desarrollo.

Cuando se escriba la historia política del Panamá de este siglo, se tendría que decir claramente y sin ambages que han sido muy pocos los Gobiernos respetuosos, cordiales, comunicativos, frente a todos los sectores, a pesar de que el lenguaje que a veces se utiliza, desde determinadas barricadas, contra la gestión oficial, parece anacrónicamente en contradicción insalvable con un Panamá cordial, amplia, que tiene conciencia de lo que representa y de lo que vale la libertad y la armonía entre los hombres. Son hechos comprensibles, cuyas razones no es ahora del caso examinar.

Queremos que el sistema democrático sea cada vez más operante para beneficio del pueblo; que constituya el mejor instrumento para lograr el desarrollo, pero estamos convencidos no solo por los estudios, sino por las experiencias propias y ajenas, de que esa democracia, con esas formalidades representa la renovación constante de un compromiso con la libertad, de buscar la armonía y de interpretar los anhelos del pueblo, para realizar una obra positiva y creadora.

PEDAGOGO, ESCRITOR, DIPLOMÁTICO.

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