Columnistas 12/01/2017 - 12:00 a.m. jueves 12 de enero de 2017

El fundamentalismo como fuente del mal

 En su trastocada quimera piensan que luchan por la razón, el bien y la justicia

Ernesto Enrique Tamayo
opinion@laestrella.com.pa

Podemos considerar que la sociedad occidental, si hay alguna forma de englobarlas a todas, se basa en los principios de tolerancia, pluralismo y las distintas formas de libertades, como son la física, la de expresión y la religiosa.

Los que nos encontramos inmersos en un universo simbólico particular, creemos que nuestros principios fundacionales son de alguna manera inamovibles e inalterables, pero con el estudio de la historia social nos podemos dar cuenta del error que provocan nuestros sentidos, pues de lo único que debemos estar completamente seguros es del cambio social y ya desde Saint Simón vemos esta perspectiva.

Los fundamentalistas se oponen a cualquier tipo de cambio que trastoque su particular visión del mundo y esta, puede estar liderada por principios políticos, religiosos o de cualquier otra índole. A lo largo de la historia han tomado distintos nombres, pero siempre conservan su radicalismo, su intransigencia, su intolerancia, su fanatismo y dogmatismo. En su trastocada quimera piensan que luchan por la razón, el bien y la justicia.

Son capaces de imponer sus principios de la manera que encuentren más conveniente, no desean el pensamiento libre y catalogan a lo que no comparten su punto de vista como enemigos de su grandiosa ‘verdad'. No les interesa la convivencia pacífica entre multivisiones del mundo, sino que añoran una época en donde su doctrina sea la única.

Consideran que la defensa de su visión de la sociedad es fundamental para la existencia y supervivencia del mundo social mismo, pues no son capaces de concebir una formación social sin esos particulares valores.

Como luchan por utopías o paraísos celestiales, que solo existen en sus constreñidas mentes y al final inalcanzables son, se creen con el derecho, la potestad, el mandato de destruir, aniquilar o extirpar a todos aquellos que estiman adversarios.

Muchos creen que se debe combatir el fundamentalismo desmitificando sus ‘verdades', pero eso sería imponer otras, se debe luchar teniendo una perspectiva amplia y no imaginar que existe una verdad única y esto se logra con una educación continua basada en la multiculturalidad, pues el conocer otros mundos, o personas que lo miran diferente, expande nuestro universo simbólico.

SOCIÓLOGO

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