Columnistas 11/08/2017 - 12:03 a.m. viernes 11 de agosto de 2017

Si yo fuera presidente

 La suerte está echada y el reloj, tic tac tic tac, corre sus términos.

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Rafael Carles
opinion@laestrella.com.pa

La semana pasada vimos la primera ronda de independientes que quieren ser presidente. La noticia nos recordó la canción ‘Si yo fuera presidente' de Frankie Dante y la Orquesta Flamboyan de los años 70. ‘Si yo fuera presidente no hubiera fuerzas armadas, las guerras se acabarían, los taxes se bajarían, ese dinero se usara para el bien de la comunidad.'

Según la Constitución, cualquier persona que haya nacido en Panamá y tenga más de 35 años de edad, puede ser presidente de la República. Sin importar experiencia, desaciertos o fortalezas, cualquiera que cumpla estos dos requisitos puede correr para presidente. Con lo cual, nos guste o no, también yo puedo ser presidente. La diferencia es que, si yo anunciara hoy mi candidatura para presidente, lo haría bajo la premisa de que, si yo fuera presidente, no habría más cuotas políticas, mi gabinete sería de talento y no de amiguismo, las leyes se cumplirían, no habría más donaciones de bolsas de comida, las partidas discrecionales terminarían, el cierre de calles se castigaría, el trabajo duro se remuneraría y los subsidios para vagos desaparecerían. Sin duda, mi presidencia sería una para recordar toda la vida.

Dejando atrás los versos, en definitiva, un Gobierno nuestro dedicaría su tiempo a tres temas nucleares: educación, salud y alimentación (ESA). Y en cada área designaría personas idóneas que no deban favores a nadie y que trabajen por Panamá sin cuidar intereses particulares.

Para empezar, en el Ministerio de Educación cambiaría una sola cosa: ¡todo! Equipararía la educación pública a la privada, transformaría el currículum académico para que los estudiantes den clases no menos de nueve horas al día (con una hora diaria de actividad física obligatoria), eliminaría la comida chatarra de los kioscos escolares, y permitiría la entrada al país de los mejores maestros y profesores del mundo en ciencias, matemáticas y tecnología. Y desde ya aviso que todos los educadores serán evaluados y adecuados a las nuevas tendencias educativas del siglo XXI, si quieren permanecer en sus puestos.

Sobre la salud, daría mayor énfasis a la prevención que a la curación, y dividiría la gestión administrativa de la atención médica. Es decir, los financistas del Ministerio de Salud y la Caja de Seguridad Social procurarían los recursos financieros necesarios para sufragar los programas de salud, mientras los médicos atenderían las necesidades urgentes y básicas de salud de la población. Igualmente, abriríamos las fronteras para atraer a los mejores médicos, enfermeras y especialistas del mundo, y convertir a Panamá en un centro regional de excelencia para la atención y promoción de la salud.

Con respecto a la alimentación, realizaría una reingeniería total en los ministerios de Desarrollo Agropecuario y Comercio e Industria, para impulsar la actividad económica nacional y convertir las montañas y campos del país en centros de producción y exportación de alimentos. Y lo haríamos sin regulación de precios y con cadena de frío, para que la comida sea más accesible, más sana y de mejor calidad.

Por supuesto, existen muchas otras áreas críticas como seguridad y justicia. Por un lado, la Policía no estaría acantonada en los cuarteles sino desplegada para cuidar mejor los rincones y veredas del país. Los presos saldrían de sus celdas para cortar monte y cosechar frutos, y pagar sus condenas con el sudor de la frente. Y por el otro, en la lucha contra la corrupción seríamos implacables y castigaríamos a cualquiera que meta tanto la mano como los pies. Y no solo en los casos sonados de alto perfil, como coimas en contratos millonarios, sino en todo acto que afecte las normas de mutua convivencia y atente contra el Estado de derecho. Desde funcionarios deshonestos y empresarios juegavivo hasta ciudadanos cochinos que tiran basura en la calle y bandidos que roban gallinas al vecino, todos tendrán que vérsela con la ley.

Si yo fuera candidato, seguramente usted nos apoyaría, si usted fuera un ciudadano honesto. Pero si usted está pegado a la ubre del Gobierno, trafica influencia y conveniencia, se aprovecha del diputado de turno para hacer negociados y sacar ventajas de cuanto real se asome por delante, entonces usted no quisiera verme ni en pintura. Por eso, el análisis que debemos hacer todos como panameños es primero responder a la pregunta ¿qué queremos como país?, y únicamente después contestar, ¿a quién queremos como presidente? La suerte está echada y el reloj, tic tac tic tac, corre sus términos.

EL AUTOR ES PANAMEÑO Y TIENE MÁS DE 35 AÑOS DE EDAD.

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