Columnistas 12/10/2017 - 12:01 a.m. jueves 12 de octubre de 2017

¡Fiesta!, vamos al Mundial...

 Ese respaldo de miles de panameños hoy en las gradas era parte de una actitud que daba marco a la victoria

Julio Bermúdez Valdés
opinion@laestrella.com.pa

Todavía sigo escuchando desde mi casa los pitos de los autos, las risas a coros mezcladas con los gritos y una larga fila de carro se desparrama por las avenidas. Es las fiesta colectiva que ha dejado en los panameños el dos a uno con que la Selección Nacional de Fútbol ha logrado su clasificación para el Mundial Rusia 2018, tras vencer a Costa Rica, aun con un gol polémico del que seguramente la FIFA deberá pronunciarse.

‘[...] lo hicieron, teniendo como contexto a una afición que demostró que mucho puede ser el dolor (de) una derrota de la Sele, pero mayor el cariño [...]'
 

Aun así la celebración no es para menos. Es la primera vez que, después de décadas de esfuerzos, una selección nacional alcanza ese nivel, en un proceso que arrancó con Mendieta, el Tatara Guevara, Piggott, el siempre recordado Rommel Fernández y los hermanos Dely Valdés, nombres que expresan cada etapa vivida, desde aquellos tiempos en que nadie nos tomaba en serio, hasta las expectativas que nacían y morían en las frustraciones de una sociedad que esperaba con ansia triunfos como los de este diez de octubre de 2017.

¡Cuánto tiempo pasó y cuántas veces fueron solitarios los nombres de nuestros jugadores en Centroamérica!, o lanzándose a equipos del sur del continente buscando la experiencia que luego trasladarían al terruño para ir construyendo poco a poco la alegría de esta noche. ¡Cuántas derrotas, medias victorias y pocas victorias!

Precisamente por el significado de una jornada como la de este martes, por lo que representaba para los propios jugadores y porque nunca la crítica mordaz ha ayudado a los equipos, dije cuando terminó el cuatro cero que nos impuso Estados Unidos: ‘Es casi seguro que la derrota de este viernes servirá para un balance que lleve a cada a jugador a sacar el coraje y la disposición con que se debió encarar el partido frente a Estados Unidos'.

Ese respaldo [...] era parte de una actitud que daba marco a la victoria: el coraje individual de los jugadores y el respaldo colectivo [...]'.
 

Y así lo hicieron, teniendo como contexto a una afición que demostró que mucho puede ser el dolor que le cauce una derrota de la Sele, pero mayor el cariño y la fe que le dispensan... y el Román Torres, héroe de la jornada se transformó en la síntesis, en esa especie de simbiosis que funde a los jugadores con su público.

Tenacidad, coraje, orgullo... se le puede llamar como cada quien lo quiera, la victoria de esta noche resume un largo camino que en el caso de muchos de los muchachos que estaban esta noche en la cancha partió del barrio, de canchas polvorientas o llenas de lodo, descalzos y sin camisas, a sol abierto o lluvia cerrada, donde el único estímulo lo era, el deseo de jugar.

Por eso analizar los errores no es el problema, condenarlos sí. Porque así como esta noche se celebra la victoria, las derrotas deben implicar comprensión y no meter el dedo en la herida hasta que salga sangre. No. Ese respaldo de miles de panameños hoy en las gradas era parte de una actitud que daba marco a la victoria: el coraje individual de los jugadores y el respaldo colectivo de una afición que sabía que este martes, solo se podía ganar.

Y en ese mismo camino hay que mirar el papel desempeñado por el técnico colombiano Hernán Darío ‘el Bolillo' Gómez. De él dije el viernes: asume como un caballero toda su responsabilidad, y ahora... ¿a dónde irán los insultos?, si se ha convertido en el entrenador que lleva a Panamá por primera vez a un mundial. Nuestro aplauso a su labor, a su aguante, a su paciencia y a la persistencia con la que ha creído en el equipo que esta noche nos ha puesto a soñar.

PERIODISTA

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