Columnistas 19/03/2017 - 12:01 a.m. domingo 19 de marzo de 2017

Factores que aumentan el peso

Sal, grasa y azúcar, la trilogía del mal que por décadas ha causado daño a la salud

Rafael Carles
opinion@laestrella.com.pa

Si usted preguntara qué constituye una mala alimentación, aquella que produce obesidad, hipertensión y diabetes, lo más probable es que la respuesta sea ‘sal, grasa y azúcar', la trilogía del mal que por décadas ha causado daño a la salud de millones de personas. Pero en el fondo esa respuesta no es del todo adecuada.

Todavía no existe una línea directa entre los vínculos alimentarios y las enfermedades crónicas, pero las personas más calificadas en materia de nutrición y salud pública pueden argumentar que los alimentos naturales tienen más probabilidades de promover salud y son menos propensos a causar enfermedades que los alimentos procesados.

Con lo cual podemos concluir que las frutas y los vegetales frescos debieran predominar más en nuestras dietas. Y esto no lo decimos únicamente nosotros, sino que lo recomienda el Ministerio de Salud, el Instituto de Medicina y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, y la Organización Mundial de Salud.

Y sin embargo vivimos en medio de una emergencia de salud pública que no se quiere enfrentar con responsabilidad. En consecuencia, es urgente establecer la alimentación saludable como una prioridad mundial y crear dos objetivos básicos, uno para determinar con precisión las causas de las enfermedades crónicas y otro para definir una estrategia con el propósito de comer más alimentos naturales.

Los alimentos naturales resolverían de raíz el problema de ‘sal, grasa y azúcar'. Es cierto, el exceso de sal puede causar presión alta, pero la sal es sólo uno de varios factores de riesgo en el desarrollo de la presión alta. Los que comen alimentos naturales y evitan los procesados (que suministran más del 80% de sodio en la dieta típica panameña) no tienen que preocuparse por la ingesta de sal.

La grasa es una palabra estigmatizada porque la gente piensa que todas las grasas son dañinas para la salud cuando en la realidad la mayoría de las grasas naturales son saludables y solamente las grasas producidas industrialmente y utilizadas en los alimentos procesados son perjudiciales. Si usted come alimentos naturales, entonces su ingesta de grasa probablemente está bien.

Y el azúcar representa toda la gama de productos procesados con edulcorantes calóricos que incluyen azúcar de mesa, jarabe de maíz de alta fructosa y otras alternativas sintéticas malsanas, a diferencia de los azúcares presentes en las frutas y vegetales naturales. También aquí se incluyen los carbohidratos refinados como el pan blanco y que pueden ser dañinos porque el cuerpo los descompone rápidamente en azúcares simples. En suma: el azúcar no es el enemigo ni tampoco el único enemigo. El enemigo son los alimentos procesados, incluido el azúcar.

Panamá, un país con una población de 67% de sobrepeso y 35% de obesidad, tiene un gasto en salud pública que excede los $600 millones anuales en costos relacionados con la obesidad. Una buena forma para balancear el presupuesto general del Estado sería comer natural.

Lamentablemente, la cantidad que se invierte en prevención de la obesidad es menos de $60 mil por año.

Sabemos que comer natural es una solución fundamental. Los problemas dietéticos provienen de algo tan simple como el aumento en el consumo de edulcorantes calóricos y de carbohidratos procesados, lo cual representa el 80% de nuestros productos alimenticios. O podrían ser otros factores como la degradación de nuestra flora intestinal, que a su vez podría ser causada por el uso excesivo de antibióticos u otros problemas ambientales. O tal vez podría ser aún más complejo.

El punto clave es que necesitamos saber con certeza, porque de lo contrario es difícil persuadir a las autoridades para promulgar las políticas necesarias.

Mientras tanto, si tuviéramos que elegir un punto inicial de inmediato, el indiscutible candidato sería el azúcar por su correlación con el aumento de peso, la diabetes tipo 2 y muchos otros problemas. Entonces, la pregunta de los $600 millones: ¿cómo limitar la ingesta de azúcar? Un impuesto a la soda sería un buen comienzo, el etiquetado de advertencia de azúcar agregada sería otro y, por supuesto, las restricciones a la comercialización de dulces a los niños en quioscos escolares.

No hay razón para retrasar más las acciones en este sentido. Sabemos que el conocimiento debe ser convincente pero las recomendaciones pueden hacerse basándose en la mejor evidencia posible. Porque mientras no tengamos nada concluyente, lo más seguro y saludable sería tener un mensaje sencillo y directo a la población: Comer natural.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR EN SALUD Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA

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