Columnistas 14/03/2018 - 12:03 a.m. miércoles 14 de marzo de 2018

Expresidentas cuentan peculiaridades de sus mandatos

Cierto que el crecimiento de la participación femenina en la política ha trasladado el liderazgo de las mujeres del Poder Ejecutivo al Legislativo

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Mireya Lasso
opinion@laestrella.com.pa

En 2014 cuatro mujeres eran presidentas de sus respectivos países y para Laura Chinchilla el hecho de que este año, por primera vez en doce años, ninguna mujer ocupará la presidencia de un país latinoamericano, ilustra ‘el drástico estándar de valoración' aplicado a mujeres, en nada parecido al atribuido a mandatarios del sexo opuesto. Un ejemplo para ella es que mientras a una mujer presidenta se le pueda acusar de ‘dura y severa', un varón en iguales circunstancias sería ‘firme y fuerte'. El matiz es evidente.

La exmandataria costarricense basó sus apreciaciones en experiencias durante su mandato. Las expresidentas Rousseff, Bachelet y Fernández de Kirchner comparten ese criterio y todas lo atribuyen a cierto complejo, aunque no tan patológico como el que inspiró a Stieg Larsson para su trilogía sueca. Quizás fue causa de las respectivas derrotas de Hillary Clinton y Keiko Fujimori.

Se queja Chinchilla, por ejemplo, de que al concluir su mandato obtuvo el nivel más bajo de aprobación en la historia de su país, a pesar de que logró un alto crecimiento económico, generó más empleo, bajó la tasa de homicidios, se denunciaron casos de corrupción. Bachelet concuerda: nunca hemos visto, dijo enfatizando el sesgo, que después de una crisis económica, de un escándalo de corrupción o de abusos de poder presidencial, se pregunte a los electores si volverían a votar por un varón; pero en cambio se pregunta: ‘¿Volvería usted a votar por una mujer?'.

Los medios de comunicación, alega Chinchilla, tampoco ayudan a las actividades políticas de las mujeres; las perfilan débiles y volubles, cubriendo temas que tratan en su mayoría sobre sus asuntos domésticos, sus aspectos físicos, sus pérdidas de peso, vestidos que se ponen. Bachelet se queja de que le preguntaban hasta sobre su vida sentimental y si había llorado ante eventos dramáticos. A Rousseff la llamaron ‘vaca, como seiscientas mil veces' y atribuyó su caída en parte a la misoginia de elementos machistas, mientras que a Cristina Kirchner con frecuencia le decían ‘yegua', un calificativo peyorativo por excelencia allá. Epítetos del reino animal particularmente ofensivos a una mujer.

Por su lado, las exmandatarias se acreditan el haber propiciado leyes trascendentales: combate del acoso, normas que obligan a la capacitación política de mujeres, la figura penal del feminicidio y disminución de su ocurrencia, paridad en la educación primaria, secundaria y terciaria, creación de programas de corresponsabilidad del Estado en el cuidado de niños y adultos mayores, reformas legislativas para frenar la discriminación laboral, protección a las víctimas de violencia doméstica, ampliación del acceso a servicios de salud a mujeres, creación de un Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, reforma electoral con acción afirmativa para impulsar equidad de género en la política, regulación del aborto y su despenalización parcial por causales especificadas.

Cierto que el crecimiento de la participación femenina en la política ha trasladado el liderazgo de las mujeres del Poder Ejecutivo al Legislativo y, mediante acciones afirmativas, es de esperar que se produzcan nuevas lideresas como ha sucedido en otros ámbitos, tales como los sindicatos, movimientos estudiantiles, empresa privada, la judicatura. Sin embargo, en opinión de las cuatro expresidentas en los cargos políticos fue donde su género las expuso a reacciones particularmente virulentas. Según Bachelet en la política ‘lo que no se les exige muchas veces a los hombres, sí se les exige a las mujeres'.

Se ha avanzado mucho, pero queda mucho por delante. No es justo que problemas mundiales de las economías o escándalos de corrupción hayan causado dudas sobre el liderazgo e integridad propios de mujeres en el poder.

EXDIPUTADA

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