Columnistas 14/07/2018 - 12:03 a.m. sábado 14 de julio de 2018

Los estereotipos: cuestión de estatus y poder (II)

‘A pesar de la realidad, los estereotipos siguen justificando la desigualdad desde los medios de comunicación, la escuela u otras instituciones'

Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa

En seguimiento de nuestra columna del sábado anterior, afirmamos que los estereotipos se revelan cumpliendo una función ideológica en cuanto que hacen ver como ‘natural' lo que no lo es (en este caso las diferencias socioeconómicas) o bien, ocultan el trasfondo de los hechos, en favor de un determinado grupo que se beneficia de la situación discriminadora.

Como lo explican Jost y Banaji (1994) las personas normalmente consideran como ‘así deben ser las cosas' a las regularidades de los hechos sociales, que son más bien un ‘así son las cosas'. Aquí vemos la función ideológica, de los estereotipos, ya que ponen al estado actual de las cosas como un ‘deber ser' moral, que exige ser cumplido y que amenaza implícita o explícitamente, a todo aquello que no apunta a aquella norma moral que es el statu quo.

Veamos el caso de las relaciones de género que otorga el poder al varón. Aquí, se le asigna a la mujer papeles de docilidad, esfuerzo, emotividad, pero todo esto en el marco doméstico, con lo cual se le convence de que esa es su posición y que no solo ‘así son las cosas' sino que ‘así siempre deben ser las cosas', es decir, se le oculta que esas características son las que las mantiene sometida al poder del hombre, quien se beneficia, entre otras cosas, de no tenerle que pagar por sus servicios domésticos a otra que lo haría bajo contrato salarial.

Los medios de comunicación comerciales, suelen reproducir este tipo de estereotipo cuando publicitan como los mejores regalos en el día de las madres, los artefactos de línea blanca, la bicicleta fija para ejercicios o todo aquello que les facilita la labor doméstica. Formas sutiles de justificar un sistema de desigualdad entre los estatus que poseen las mujeres respecto de los ocupados por hombres.

Estas formas sutiles, son las que contribuyen en demasía a que la justificación del sistema por los propios estereotipados se haga de manera inconsciente y que resulte en que las personas o grupos-en este caso las mujeres-no sean capaces de tomar acciones para modificar el statu quo de las relaciones de inequidad de género.

Los hijos de trabajadores con ingresos medios y altos matriculados en colegios privados de cierto prestigio sufren el proceso de estereotipación que suele generar una falsa conciencia de su propia clase social de origen, terminando por justificar el sistema de desigualdad social, asumiendo lo que indicaban jost y Banaji.

Me cuentan algunas amistades de colegios laicos y religiosos privados, que al regresar a clases los chicos y chicas reunidos hablan de sus destinos vacacionales, pero lo que interesa aquí es que los que fueron a los ‘Alpes suizos', se mofan de los que solamente llegaron hasta ‘Disney', estos de los que solamente llegaron a pasear a Boquete y estos de los que no pasaron del río Trapichito (La Chorrera) o Las Mendozas (Penonomé). El efecto es el aprendizaje de que se trata de un hecho natural, ‘que debe ser siempre así' y que hay que hacer las cosas necesarias y suficientes en la vida para reproducirlo.

Para los investigadores citados anteriormente, no sorprende el hecho de que a los grupos que poseen o ejercen el poder, sean estereotipados de manera que se justifica su ‘éxito', cuando a los que carecen de poder (o de las oportunidades de ejercerlo), son estereotipados de un modo tal que se justifica su desaventajada condición y situación.

Este hecho se palpa en el estereotipo adjudicado a las clases pauperizadas, difundiéndose la idea perversa de que estos no logran mejorar sus niveles socioeconómicos, porque no siguen la trayectoria emprendedora que han alcanzado los dueños de las grandes empresas. Este estereotipo es otro de los mitos harto publicitados por los voceros empresariales y sus medios de comunicación comerciales.

La información oficial a la que tuvimos acceso hace algunos años, nos confirma que solamente 0.2% de los que accedían a iniciativas emprendedoras alcanzaban a superar la línea de la pobreza; en ningún caso por ser personas incompetentes.

A pesar de la realidad, los estereotipos siguen justificando la desigualdad desde los medios de comunicación, la escuela u otras instituciones fomentadoras de ideologías. Voltear esta realidad supone promover la toma de conciencia de la falsedad de los estereotipos.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO

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