Columnistas 20/07/2019 - 12:03 a.m. sábado 20 de julio de 2019

Escasez del agua: ¿despilfarro ciudadano o cinismo empresarial?

Combatir de raíz la cultura del despilfarro tiene una consecuencia que los empresarios del comercio —no de la tiendita del chinito 

Roberto Antonio Pinnock Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa

En días atrás hubo una nota periodística televisiva donde el señor que preside la Cámara de Comercio de Panamá (Jorge de la Guardia) y la señora que preside la Apede (Mercedes Eleta de Brenes) aparecieron mostrando su preocupación por sucesos referidos a la ‘ineficiencia' en la administración del Idaan que exigen ser solucionados, para resolver a su vez, la ‘escasez de agua', particularmente en la región metropolitana.

Ambos coincidieron, obviamente, en que se pierde prácticamente el 50 % del agua potable producida, ya sea porque no se paga, ya sea porque se paga menos de su costo y el otro 50 % porque se pierde en la distribución.

Que esta serie de hábitos del ‘despilfarro', secuela de la ‘cultura consumista' existen en nuestro territorio, no lo niego. Solamente quiero puntuar aquí, que la génesis de tal cultura surge y diariamente se refuerza, en obediencia a los intereses de estos mismos grupos que hoy la cuestionan como factor clave en la escasez del agua. Podríamos explicarlo en otra oportunidad.

Por el momento, invito a reflexionar acerca de ¿qué haría nuestra clase comerciante si estos mismos usuarios —me incluyo— actuáramos de acuerdo a hábitos propios de una ‘cultura de sobriedad'? En su argumentación sobre el despilfarro, el señor De la Guardia cometió un desliz inaceptable para los negocios de sus representados cuando reprochó que ‘no puede ser que en las casas —no parece referirse a las de las clases que él representa— se tiene presupuesto para comprar celulares, pero no se tiene para pagar el agua', (TVN, 2019, 16 de julio).

Combatir de raíz la cultura del despilfarro tiene una consecuencia que los empresarios del comercio —no de la tiendita del chinito— y la banca no están dispuestos a pagar, a saber, deshacer la cultura del consumismo. Así que por lo pronto, la fórmula es manejarlo según las sagradas leyes monetario mercantiles: castigar el consumo, más no castigar la matriz que origina y sostiene el despilfarro.

‘Que los que consumen más, paguen más' como parte de ‘modernizar al Idaan', declaran los señores de la élite empresarial vernácula. Algo así como decir: ‘Solamente el que tiene más puede despilfarrar, porque lo puede pagar'... o también, ‘Castíguese el despilfarro de los que tienen menos para que los que más tienen puedan despilfarrar más, eso sí, cuando esto se dé, concédanselo a la iniciativa privada para que lucre con el agua y deje de ser un bien común'. Cinismo superlativo, lo de nuestra fauna elitista istmeña, ¿no les parece?

Por lo demás, ‘hay que gestionar el abastecimiento' —decía la señora Eleta— para administrar la escasez de agua o, dicho más crudamente, estimular las grandes construcciones de potabilizadoras e infraestructuras desde donde fluyan los millones del erario, hacia las manos de los que lucran con tales inversiones. Lo que no se dice es que tales potabilizadoras en proceso de construcción en la región metropolitana, son nada o poco necesarias si se resolviera el problema del despilfarro. Controlar el derroche del agua no solo es pertinente, sino que resulta mucho menos costoso a nuestros aportes al erario, que incurrir en las megaobras de nuevas potabilizadoras. Lo que se constata en el fondo es una de las formas encontradas por las élites empresarias de atracar cínicamente las arcas públicas, con impunidad asegurada y todo.

Piénsese un momento en lo que algunos expertos del tema del agua indican respecto a que solo en el área metropolitana, los 450 millones de galones diarios que dispone el Idaan para menos de dos millones que somos acá, lo utilizan en Sao Paulo para no menos de siete millones de habitantes, de los más de 12 millones de seres de esa ciudad brasileña. Esto, guiándome por dicha opinión experta, sugiere no solo despilfarro, sino que cuestiona las alarmas de escasez de agua que han prendido diversos sectores preocupados por este bien universal.

La suspicacia crece y nos hace pensar en que actores de alta demanda, que no somos los usuarios a los que los ‘preocupados empresarios' proponen castigar, se llevan para su beneficio buena parte del agua de todos, sin solventar los costos en los que incurren. ¿Estará el ‘Buen Gobierno' dispuesto a ordenar esta desigualdad o seguirá el juego del cinismo de las élites empresariales? Mejor no adelantarles la respuesta.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.

 
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