Columnistas 07/03/2018 - 12:01 a.m. miércoles 7 de marzo de 2018

Educación, gasto o inversión

¿Está realmente esta asistencia económica cumpliendo con el propósito para la que fue creada? 

Álvaro Alvarado
opinion@laestrella.com.pa

El pasado lunes se dio inicio al año escolar 2018, en medio de un ambiente lleno de incertidumbre. Unos 597 698 estudiantes del sector público, acudieron masivamente a su primer día de clases. en su gran mayoría acompañados de sus padres o acudientes. La fecha sirvió además para que el Ifarhu iniciara la entrega de la beca universal a todos los estudiantes del sector público y privado que reciben este beneficio por un total de 86 millones de dólares.

Mi primera gran interrogante está relacionada precisamente con este tema, ya que el espíritu de la mal llamada beca universal al momento de su creación fue prevenir y contrarrestar la deserción escolar y elevar los índices de inscripción y asistencia escolar. ¿Está realmente esta asistencia económica cumpliendo con el propósito para la que fue creada? ¿Están los estudiantes y padres de familia dándole el uso adecuado a este dinero, cuyo objetivo es apoyar en la compra de útiles escolares?

No existe una respuesta científica a ninguna de estas dos interrogantes que pueda justificar la subsistencia de este programa que fue creado sin establecer una fecha límite que permitiera su revisión. Desde el día uno se le llamó beca, término que todos recordamos con mucho orgullo, ya que en nuestra época estudiantil se le daba como un reconocimiento por parte del Estado a los estudiantes sobresalientes del país. Quien tenía una beca era visto como modelo a seguir, tanto en el aula como en la escuela. Hoy, solo basta ganar 3.0 y te haces merecedor a una beca universal y si fracasas y luego pasas en el período de rehabilitación, el primer día de clases recibes lo que dejaste de cobrar y el pago correspondiente al nuevo año, como si nada hubiera pasado. La situación es tan delicada que ya se han registrado incidentes de violencia por parte de estudiantes y acudientes en contra docentes que calificaron con menos de 3.0 a sus alumnos, ya que dicha nota trae como consecuencia la suspensión del pago de esta asistencia.

¿Estamos invirtiendo o gastando en educación? Realmente pienso que estamos muy lejos de una verdadera inversión. Cuando se invierte, se obtienen dividendos y hoy tenemos que preguntarnos ¿cuáles son esos dividendos? El Ministerio ha tenido que reconocer que el número de fracasos el año pasado fue prácticamente igual al del 2016 y en materia de deserción hemos avanzado muy poco. Nuestros muchachos siguen con graves deficiencias en Español, Ciencias y Matemáticas.

El presupuesto del Ministerio de Educación este año es de 2 mil 317 millones de dólares y en una simple operación matemática tendríamos que dividir ese total entre el número de estudiantes del sector público, lo que nos indica que cada uno nos cuesta cerca de 4 mil dólares al año. El resultado de esta división debe llevarlos a reflexionar, ya que con mucho menos que eso se puede pagar el año de un estudiante en el colegio San Agustín, donde la calidad de educación que se enseña es muy superior a la de cualquier colegio oficial.

Ahora veamos el salario del docente, que hoy día es mucho más atractivo, si lo comparamos con lo que ganaban hace cinco años atrás. Pero ¿el nivel salarial de nuestros maestros y profesores se encuentra al mismo nivel que la calidad educativa? No, y mil veces no. El expresidente Ricardo Martinelli pudo haber aprovechado esa gran oportunidad que tuvo en la última etapa de su Gobierno para realizar las transformaciones necesarias en materia educativa de la mano del importante incremento salarial de 900 dólares que aprobó a todos los docentes del país. En ese momento pudo haber sentado en una mesa a todos los gremios y comprometerlos a firmar un documento que contemplara una nueva hoja de ruta en materia educativa. Evaluaciones periódicas y constante capacitación, son algunas de las variantes que debieron estar incluidas en ese compromiso, pero lo que se hizo en ese momento fue simplemente darle una especie de caramelo a uno de los gremios más importantes del país sin exigirles nada realmente importante a cambio y todo con el propósito de conquistar el voto para las elecciones que estaban a la vuelta de la esquina.

El resultado de esta estrategia electorera: un sistema educativo cada día peor, con docentes ganando buenos salarios, estudiantes con graves deficiencias en materias básicas que les impide ser competitivos en el mercado.

Hablar hoy de transformación educativa no es suficiente, ya que lo que Panamá necesita es el diseño y construcción de un nuevo modelo educativo que nos permita salir del hoyo profundo en que nos encontramos.

PERIODISTA

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