Columnistas 17/07/2017 - 12:01 a.m. lunes 17 de julio de 2017

¿La diversidad sexual destruye la familia?

El pueblo no entiende qué es eso que ellos llaman ‘ideología de género', y esto ocurre porque sus principales promotores desde Iglesias y templos no saben cómo explicarlo

Andzelo Villarreal
opinion@laestrella.com.pa

Al capitalismo le urge reivindicar los derechos de la comunidad LGTBI por obvias razones económicas; encontraron en la lucha por la igualdad, el respeto y la tolerancia una forma de oxigenar su propaganda a favor de los principios básicos de su democracia, en una forma distorsionada. Y aunque resulte irónico, al sistema le resulta mucho más factible reconocer derechos individuales sobre sexualidad y género, que derechos colectivos (con todo y la ferviente oposición a los sectores conservadores en el seno del propio sistema), por lo que hablamos de una campaña hipócrita.

También hay cierta confusión sobre ‘de donde ha provenido la campaña gay'. Nos cuesta entender que la rampante y sistemática discriminación, el fanatismo, los prejuicios y las exclusiones sociales a una parte de la población (históricamente tratada como paria) ha generado su organización y defensa justa por sus derechos (independientemente de su condición de clase); no responde a la agenda particular de un poder oculto y polémico que quiere atentar contra la familia, mucho menos con ciertos valores irracionales.

Y digo irracionales, porque en el seno de las sociedades más hipócritas del mundo, so excusa de los valores humanos, se han cometido las peores catástrofes humanas: para optimizar la libre empresa privada, se dejan a miles de personas sin trabajo ni garantías sociales; hablando de brindar alimentos accesibles a todo el mundo, se han introducido transgénicos y tóxicos que han degenerado la cosecha de granos y alimentos generando cáncer y deformaciones genéticas en comunidades de países sin alimentos; so excusa de defender la libertad de expresión y de prensa, los principales medios de comunicación de un país censuran a los que les conviene, convierten a corruptos en inocentes e invisibilizan o ridiculizan a quienes exigen libertad de expresión verdadera. En nombre de la paz se han levantado las peores maquinarias de guerra. Ocurre igual con la familia.

Vemos sectores religiosos, con una obsoleta y absurdamente ilógica campaña de reclutar adeptos, basados en el miedo a la ideología de género, que ellos mismos inventaron. Por lo que los principales promotores de la ideología de género son aquellos que dicen estar en contra de esto.

El pueblo no entiende qué es eso que ellos llaman ‘ideología de género', y esto ocurre porque sus principales promotores desde Iglesias y templos no saben cómo explicarlo. Entonces tratan de vender la idea de que el género es parte de una ideología, lo que es inexacto, y así sucesivamente una irracionalidad se casa con otra y termina en argumentos chuecos con la sentencia argumental de ‘porque lo dice la Biblia'. Después de ahí, está prohibido apelar a la razón y a la duda como filosofía crítica.

Incluso, al remitirnos al momento histórico en que nacieron postulados bíblicos referentes a la homosexualidad, resulta que nacieron en la cuna del homosexualismo, y es claro que tal vez estos escritores no estaban de acuerdo, pero ya se practicaba: no es parte de una moderna y nueva concepción impuesta sobre lo que es la familia.

En mi opinión, el detalle no está en asumir o no los criterios de la comunidad LGTBI, porque es comprensible que otros no lo acepten, lo reprochable son los argumentos que utilizan para atacarlos por su orientación sexual y de ahí el peligro: todo espacio político en la historia que ha reclamado la supuesta pureza de la familia ha evolucionado en radicalizarse violentamente contra otros, en una suerte de ‘todo o nada' derivando en totalitarismos.

Contaminar a la sociedad con esa lógica es parte de las características del fascismo y el neoliberalismo, en imponer ideas divorciadas de la realidad social y apelar a las bajas pasiones y al fanatismo de las masas para hacer fuerte argumentos débiles: llamar a defender la familia, pero no hacer nada contra el sistema corrupto, explotador y patriarcal que ha destruido la familia desde sus inicios es evidencia de esta clase de contradicciones.

Las religiones han utilizado a la familia para engordar los bolsillos de sacerdotes, pastores y chamanes de todo tipo, han idiotizado a las juventudes para formarlas conformistas, pacifistas y sumisas coartando su espíritu rebelde y su ímpetu de cambio, pero sobre todo le han impuesto a hombres y mujeres criterios hipócritas que ni sus propios líderes aplican. Entonces hay cierta hipocresía en la religiosidad que no queremos denunciar, ¿por qué? Pues, por sumisión y pleitesía a un sistema de desvalores, que quiere enseñarnos valores.

Mientras saltamos de un pie en otro, el futuro de nuestros pueblos desposeídos y humillados, se remite a un minúsculo prejuicio sexual. Desde los dogmas, no se puede construir democracia ni progreso.

ABOGADO Y ANALISTA POLÍTICO.

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