Columnistas 11/10/2018 - 12:00 a.m. jueves 11 de octubre de 2018

Día de la Raza

Pero debajo de las alfombras heroicas se esconden genocidios. Pocos están informados sobre las masacres de Balboa cometidas en Panamá. 

Ricardo Richards
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La verdadera historia de los pueblos sigue bajo arresto por los herederos de antiguos conquistadores guerreristas. En los continentes, principalmente africano-amerindio-australiano, existen huellas de la colonización y apropiación de territorios. Los descendientes de estos aborígenes, en sus mayorías están en la ruina —posterior a los saqueos, asesinatos, esclavizaciones, y el plagio de sus mitologías. Debiéramos reconocer que los invasores se proyectaban como supremos civilizadores basados en la decepción. Esa manifiesta arrogancia, glotonería o flagrante fragilidad fue prototipo del capitalismo salvaje.

Poca capacidad tienen las mentes colonizadas para cuestionar sus desgracias bajo ideologías impuestas. Borrón y ‘cuento' nuevo, sin corte de cinta, el continente Abya Yala fue devaluado a favor del nombre ‘América'. Y Vasco Núñez de Balboa, el mesías con espada, tiene una condecoración a su nombre, un monumento histórico en la ciudad de Panamá, distrito, corregimiento, parque, avenida, hasta cráter en la luna; su efigie acuñada en moneda es medio legal para intercambiar por enseres, comida, gasolina, sin dejar por fuera una Balboa fría que toman los cerveceros para bajar la ‘goma'.

Pero debajo de las alfombras heroicas se esconden genocidios. Pocos están informados sobre las masacres de Balboa cometidas en Panamá. El cronista Pedro Mártir d'Anghiera, quien lo acompañaba, describió cómo, en 1516, el ‘héroe' con sus secuaces desmembraron y mataron a 600 indígenas, incluyendo el cacique. También hay relatos sobre los feroces perros que Balboa utilizaba para linchar o ‘aperrear'. El francés Jean-François Champollion, en su momento se confesó, refiriéndose a las características aberraciones en la historia de europeos: ‘me da vergüenza decirlo, ya que nuestra raza es la última y la más salvaje'.

Para los historiadores, es importante ponerle lupa a la raíz de los exterminios motivados por las cartas de Cristóbal Colón. Al visualizar cofres repletos de oro, los monarcas codiciosos mordían anzuelos con fines macabros. En el libro ‘Los descubridores', Daniel Boorstin indica por qué Cristóbal Colón enfatizó la ausencia de avaricia entre los nativos: ‘Son tan ingenuos que comparten sus posesiones sin importar su valor'. Es obvio que el depredador no respetaba los valores cooperativistas ni la progresiva espiritualidad de los indígenas. Sin embargo, en el Himno Nacional se incorpora la frase ‘de este mundo feraz de Colón', como si Panamá fuese fértil reproductora de actuaciones genocidas.

En el nombre del Padre, la Niña, la Pinta y la Santa María, todavía existen desfiles que honran la ‘Hispanidad' o alaban a la supuesta madre patria España. Los tentáculos del poder promueven esa conservadora píldora azul del ‘Matrix' para preservar sus tradiciones obsoletas. Cinco siglos de metamorfosis de los conquistadores no resultaron ser inocentes mariposas, sino una oligarquía criolla. Los mismos de siempre priorizan el ego en detrimento del progreso colectivo, o sea, el propósito de la vida es lucrar y la gratificación instantánea. Al fin y al cabo, las riquezas se depositarían en un ataúd a plazo fijo. Somos prisioneros de la elite, mientras ellos están al servicio del imperio corporativo mundial que provoca el endeudamiento de naciones y el empobrecimiento de los pueblos.

En ‘El país creado por Wall Street', Ovidio Díaz Espino documenta cómo el primer presidente de la República y los ‘próceres' amasaron fortunas gracias a maniobras subrepticias en pro del movimiento independentista; financiados por intereses estadounidenses para adelantar la construcción del Canal de Panamá. En nuestra actualidad, las recientes huellas de arrebatiñas incluyen una ‘lista' encubierta de empresarios beneficiados con sobornos de Odebrecht. Por otro lado, se mantiene hermetismo en torno a posibles actos de corrupción sobre la ampliación de nuestra vía interoceánica. Vea los grupos unidos por el panal del Canal. No debería sorprender, porque un caudillo nos advirtió que ‘Bien pendejos serían, si se dejan quitar lo conquistado', apuntando a rabiblancos usurpadores que no derramaron sangre en 1964. Ahora los compañeritos pillo-pillos de adentro cantan victoriosos en el campo feliz del Club Unión. Fuera de la papa siguen los extramuros desechables, esos considerados como productores internos brutos (PIB).

Entonces las víctimas son culpadas por su nivel de pobreza, frente al monopolio empresarial que succiona la cornucopia. A través del control de la maquinaria estatal, estos últimos prolongan estereotipos perjudiciales para justificar la desigualdad. Lejos de aéreas de difícil acceso con excesivas escuelas ranchos, ‘Les misérables' del barrio protestan al son de pailas vacías, sin sospechar las trampas que a menudo conducen al Penitenciario la Joya.

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