Columnistas 17/06/2019 - 12:00 a.m. lunes 17 de junio de 2019

Una devaluación irresponsable

Hay una fotografía tomada hace unos días de miembros del equipo cercano del presidente Juan Carlos Varela, condecorados con alguna de las más altas distinciones que otorga la nación.  

Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Rescato algunas ideas del pasado para ilustrar conductas que no superamos. Uno de esos comportamientos por parte de los que gobiernan es asumir que pueden hacer lo que les parezca con lo que les parezca. No lo digo por la forma en que disponen de los recursos del Estado, tus impuestos y los míos. Lo digo por la desvergüenza y descaro con que desconocen las reglas o las leyes de temas y asuntos que no los pondrán tras las rejas. Y les vale nada la opinión e otros.

Hay una fotografía del gabinete de ministros del expresidente Martinelli, tomada unos cuantos días antes de finalizada su gestión, en donde aparecen todos con una condecoración otorgada por el presidente saliente, por sus servicios a la Nación. Varios de los condecorados posteriormente han sido investigados por diversas situaciones de corrupción y malos manejos de los fondos públicos, incluyendo enriquecimiento injustificado.

Hay una fotografía tomada hace unos días de miembros del equipo cercano del presidente Juan Carlos Varela, condecorados con alguna de las más altas distinciones que otorga la nación. Muchos han señalado la ilegalidad de esas condecoraciones, ya que no se cumplen con los parámetros establecidos en la ley que los gobierna. Pero le vale…

El sentido de dignidad y respeto deben ir de la mano. Hay un problema de respeto por los que merecidamente en el pasado han sido galardonados con estas distinciones. Y dignidad, porque, como hombre de bien y profesional (además del compromiso que tenemos cada cual con nuestros hijos y las futuras generaciones), es noble y responsable no aceptar reconocimientos que (no) se ajustan a la realidad.

Mientras se redefinan los asuntos en el ambiente politiquero actual, no sé si algún funcionario de los que se retiran a atender a los nietos, a llevarlos a la escuelita y a echarles cuentos, les hablará con la verdad. Esos actores, que pretenden pasar como héroes; retratados en las páginas de la historia nacional como insignes; los que construyeron megaobras, deben ir deletreando claramente el contexto en el cual operaron para que esos nietos, cuando tenga mejor uso de razón, puedan valorar lo justo de su legado. Y que les cuenten ¿cómo fue que se hicieron millonarios? ¿Cómo fue que obtuvieron extensos terrenos? ¿A quiénes y a cuántas personas burlaron para lograr sus objetivos? ¿A quiénes le sonrieron y después traicionaron entre subterfugios legales con una caterva de abogados a su servicio?

Repasando las memorias de Pablo Neruda encontré un episodio que me hastía sobremanera. Durante su exilio en Francia, asediado por los diplomáticos chilenos en cada ciudad que llegaba, Neruda fue citado por Bertaux, el jefe de la policía parisina, que, a pedido del embajador chileno en París, tenía la tarea de azuzar a Neruda sobre la legalidad de sus papeles y su estadía en Francia. Neruda relata que, validados sus documentos y terminada la conversación telefónica del jefe de policía con el embajador chileno, el gendarme Bertaux le dijo: ‘Parece ser un gran enemigo suyo. Puede permanecer en Francia cuanto tiempo desee'. Por mi parte, relata el Poeta: ‘Sentía una sensación de triunfo mezclada con otra de repulsión. Aquel embajador que me hostigaba, aquel cómplice de mi perseguidor de Chile, era el mismo Joaquín Fernández que presumía de amistad hacia mí, que no perdía ocasión en adularme, que esa misma mañana me había enviado un recadito afectuoso con el embajador de Guatemala'. Si Neruda no vive este episodio personalmente en la gendarmería, jamás hubiera conocido la verdad y estoy seguro de que Joaquín Fernández le contó a sus nietos que fue amiguísimo de Neruda.

La escritora nigeriana Chimamada Adichie, que expuso con mucho acierto sobre los riesgos de una sola historia (‘The Dangers of a Single Story') señaló que ‘Siempre he sentido que es imposible relacionarse debidamente con un lugar o con una persona si no nos relacionamos con todas las historias del lugar y todas las historias de la persona'.

Se ha devaluado considerablemente el sentido y la honorabilidad de esos reconocimientos nacionales en un intento por moldear la historia a su favor y desviar cualquier evaluación seria y sensata sobre la gestión de los susodichos. Tal vez algunos lo merezcan… Tal vez no. El escenario en la cual actuaron está corroída por las dudas, sospechas y suspicacias. Así, mejor y más responsable hubiera sido, no comprometer su histórico valor.

COMUNICADOR SOCIAL.

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