Columnistas 09/07/2017 - 12:01 a.m. domingo 9 de julio de 2017

La desfachatez del anonimato

Lo peor es que lo hacen con una ortografía pésima, demostrando su falta de educación y de modales.

Mariela Sagel
opinion@laestrella.com.pa

Desde el auge de las redes sociales y de los ‘call centers' para uso político, los insultos, amenazas y calumnias se han ido incrementando al punto que a más de uno le ha tocado declarar, a través de ellas, que no harán caso a infundios que se viertan sin firma responsable.

Las personas que generalmente usan seudónimos para hacer críticas son individuos con tirrias y complejos que han llevado a los expertos a llamar esas cuentas como ‘trol'. En términos cibernéticos un trol es una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema, así como calumnias o insinuaciones que intentan causar molestias o provocar una respuesta emocional negativa en los usuarios y lectores. Algunos lo hacen por diversión pero la mayoría lo hace con intención de herir, calumniar y de paso, atacar tanto ideas como afinidades a los que estos tipejos son opositores. Amparados en el anonimato han entrado a la categoría de trol. Su origen etimológico más probable sea el de ‘morder el anzuelo' porque los pescadores, cuando la practican, dicen que van troleando cuando van arrastrando lentamente un señuelo.

La palabra trol coincide con el nombre de un monstruo mitológico que habita en los bosques nórdicos, que se aparecía para provocar, hacer travesuras y maldades. Todos crecimos con la imagen de algún trol de pelo encendido y puntiagudo hacia arriba y su forma de actuar provocativa e hiriente.

En las redes, supuestamente los controles detectan cuando una cuenta es trol y en ocasiones la bloquean o eliminan. Pero como los empleados u operadores de los call centers políticos muchas veces están amparados por personalidades ficticias o manejan las cuentas de ‘prestigiosos' políticos con la intención de causar daño, no disciernen entre una opinión veraz y una respuesta correcta. Otros cobardemente usan el anonimato para insultar y restarle méritos a publicaciones de los medios y lo hacen en los comentarios a los artículos de opinión o las noticias que aparecen en forma digital. Deben estar muy enfermos tanto intelectual como moralmente para estar pendientes de lo que se publica y caerle con mentiras, diatribas y encima, se insultan entre sí cuando se da el caso. Lo peor es que lo hacen con una ortografía pésima, demostrando su falta de educación y de modales.

Me comentaba una distinguida columnista de este periódico que hay un fulano que, haciéndose el culto, está pendiente de lo que ella escribe para insultarla pero no con argumentos sino con estupideces que aluden a su vida personal, infundios y situaciones que, primero, no vienen al caso y segundo, no son de su incumbencia. Recientemente un tío mío falleció y este diario le rindió un hermoso homenaje escrito y los comentarios que vertieron los troles del patio fueron realmente deleznables. Se sigue atacando al mensajero y no el mensaje. Hay que aprender a practicar lo que decía Voltaire: ‘detesto lo que escribes pero daría mi vida porque siguieras haciéndolo'.

Cuando uno rúbrica con su firma un texto se expone, y debe saberlo, a toda clase de opiniones, en contra y a favor. Pero esos trolecitos se pasan de la raya. Sospecho que algunos tienen desviaciones sexuales, o son tan ignorantes que la única opinión que pueden verter sobre un tema tiene que ver con quien la escribe. A mí me han dicho toda clase de epítetos, desde enana hasta Pitufina. Los troles son peligrosos también cuando manejan las cuentas de políticos. Hace unos meses corregí por Twitter al diputado Varela, porque en menos de cinco minutos de entrevista dijo varios ‘hubieron', palabra que no existe en la conjugación del verbo haber. Su respuesta, después de aceptar que se había equivocado, fue sacar en Twitter un caso legal (el único que he tenido en mi vida) de una fulana que destituí en todo mi derecho y la llamé oscura funcionaria. Pude haber contra demandado ya que después le han dicho a una candidata que tenía un oscuro pasado, y a la última procuradora del quinquenio anterior la llamaban con frecuencia con esa palabra, que es a su vez sustantivo y adjetivo y que generalmente denota algo turbio o sospechoso. ¿Será que el diputado Varela, en su afán de vengarse por la corrección que le hice, dejó en manos de sus troles el ataque hacia mi persona? Debería elevar el nivel de los empleados de su call center.

ARQUITECTA Y EX MINISTRA DE ESTADO.

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