Columnistas 11/06/2018 - 12:03 a.m. lunes 11 de junio de 2018

Desarticular el sistema

Cada semana es un reto escribir este artículo. No sé qué decir. El sistema está podrido. No son ellos, somos nosotros

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Cada semana es un reto escribir este artículo. No sé qué decir. El sistema está podrido. No son ellos, somos nosotros: tenemos la culpa y solo a nosotros nos toca resolverlo antes de entregarle este país a una nueva generación. Sí, en las últimas semanas he señalado que los de ahora están transfiriendo sus malas prácticas a sus descendientes directos y sus círculos inmediatos de influencia.

Cuando deliberaba hace algunos años sobre la necesidad de mantener una conversación franca y honesta con las generaciones en formación, entonces, evaluaba conceptos que debiéramos compartir sobre desarrollo humano y cambio social. Una reevaluación sobre las premisas que gobiernan nuestra visión sobre el mundo y nuestra escala de valores. El juegavivo y la corrupción no caben en el análisis como forma de vida.

Pero hay excepciones, jóvenes preocupados por lo que están viviendo. Centraba mis argumentos en aquel entonces en una conversación que tuve con joven de unos 20 años de edad. Alegre, activo socialmente, pero de igual manera y, a diferencia del común de los muchachos, posee un agudo sentido del momento y una perspectiva crítica sobre la vida, la sociedad y la realidad. Estudia a conciencia, es un ávido lector y un entusiasta observador de los eventos internacionales que moldean la dinámica global. Tiene grandes aspiraciones; cree necesario revolucionar el statu quo y pretende, algún día, ser pieza clave, sino de apoyo decidido de su generación y trasformar el mundo para bien (por allí pasamos todos).

Poco ha cambiando positivamente desde aquellas conversaciones con él y desde que escribí el artículo. Ha vivido el deterioro del escenario local y tiene aprensiones sobre los asuntos mundiales con el presente Gobierno de los Estados Unidos. También tiene opiniones muy claras sobre la conducta de los participantes en esta maraña de insinuaciones, acusaciones y contraacusaciones en el manejo de los dineros del Estado. Y teme que no pase nada, como discutimos aquella vez y que la mayoría de las personas le siguen asegurando.

Validando los conceptos sobre los niveles de corrupción y ante todo el hecho de que los actores en esas patrañas no ven nada malo en sus acciones, trata de evaluar la extensión y profundidad del daño ocasionado a las raíces sociales y la grave afectación al sistema y desarrollo de esta sociedad que lo más probable es que le tocará a su generación corregir. Y las correcciones son dramáticas y duras, si en verdad se quiere limpiar el sistema.

Cada semana es más difícil tocar otros temas. Debiéramos con mucha más frecuencia elaborar sobre temas que otras sociedades de cierto nivel cultural aprecian y esperan de sus formadores de opinión (verbigracia: arte y literatura). En vez, toca la tarea de no dejar que estos señalamientos se apaguen. Insistir en que se hagan responsables de sus actos. La gente que nos gobierna ha marcado una falta de integridad que no da lugar a dudas y no deja espacio para que podamos tocar otros temas de valor hasta que los asuntos públicos no sean dirigidos por personas íntegras.

Peter Drucker señaló alguna vez que: ‘Las personas con las que un individuo trabaja, y en especial sus subordinados, saben en unas cuantas semanas si dicho individuo posee integridad o no. Puede que pasen de largo muchas cosas: incompetencia, ignorancia, inseguridad, o falta de modales. Pero no perdonarán la falta de integridad en el individuo'.

Queda claro y evidente la falta de integridad de los que componen el sistema de Gobierno (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) en posiciones de liderazgo a través de todo el sistema y el daño es tan profundo que tampoco podemos darnos el lujo de perdonarles su incompetencia, su ignorancia y sus otros males.

Esperanzados a que el sistema legal juegue su papel, nos hemos ‘achantado' con el celular en la mano a criticar y criticar. En otros países, oleadas de miles de personas han tomado las calles para hacer valer su indignación y ha producido resultados. Por ejemplo: Honduras en el 2015 y Guatemala el año pasado. La presión de la población en las calles es importante para lograr los objetivos de rendición de cuentas y certeza del castigo. No podemos entregarle a las nuevas generaciones este sistema putrefacto. Si las elecciones son el mecanismo, escojamos quien en realidad se atreva a desarticular el sistema y comenzar de nuevo.

COMUNICADOR SOCIAL.

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