Columnistas 01/12/2017 - 12:00 a.m. viernes 1 de diciembre de 2017

‘El derecho a la salud pertenece a todos, sin excepciones'

 Al alcanzar estos derechos, se está más cerca de realizar los sueños y las expectativas de todas las personas

César Antonio Núñez
opinion@laestrella.com.pa

Este año, el Día Mundial del Sida (1 de diciembre) destaca la importancia del derecho a la salud como condición indispensable para alcanzar el anhelado pero posible fin del sida para el 2030, tal y como se establece en los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas, en 2015. Con el lema ‘Mi salud, mi derecho' inicia la campaña mundial de Onusida, que busca reflexionar sobre los avances necesarios para que el cumplimiento de este derecho sea una realidad.

El derecho a la salud es un derecho humano fundamental: es el derecho de todos a disfrutar de una salud mental y física de acuerdo con los más altos estándares posibles, tal y como se recoge en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966. El derecho a la salud incluye, entre otros aspectos, que todas las personas, sin distinción de raza, sexo, etnia, orientación sexual, identidad de género o estrato social, accedan a la prevención y el tratamiento de cualquier enfermedad, que la salud sea asequible o gratuita y que los servicios de salud sean de calidad y libres de discriminación.

El derecho a la salud va también más allá del acceso a servicios sanitarios y a medicamentos. Se vincula con una variedad de importantes garantías, como el acceso a una vivienda y saneamientos adecuados, el contar con alimentos nutritivos, tener acceso a una educación integral, contar con condiciones saludables de trabajo y disfrutar de un medio ambiente limpio. Al alcanzar estos derechos, se está más cerca de realizar los sueños y las expectativas de todas las personas.

En el marco del Día Mundial del Sida reconocemos que la innovación en el desarrollo de formulaciones de dosis única ha permitido ofrecer una terapia cada vez menos intrusiva, que al tomarla consistentemente lleva a niveles indetectables de virus en sangre, y con ello elimina el riesgo de transmisión por la vía sexual.

En América Latina y el Caribe ha habido importantes avances en la entrega de tratamiento del VIH a través de la estrategia de Acción Acelerada y sus metas 90-90-90. América Latina, donde cuatro de cada cinco personas que viven con el VIH conocen su estado serológico, está cerca de lograr la meta del primer 90 (proporción de las personas que viven con VIH que conocen su diagnóstico), los niveles más altos del mundo. En el Caribe, el número de personas que accedieron a la terapia ARV se ha duplicado en los últimos seis años, contribuyendo a reducir a más de la mitad el número de muertes por sida.

Pero no podemos ser complacientes. Aún hay muchas personas que no cuentan con acceso a servicios de salud por el simple hecho de ser quienes son: particularmente quienes son afectados por el VIH, la comunidad LGTBI, las trabajadoras y trabajadores sexuales, las poblaciones indígenas y las migrantes. La desigualdad de género, la falta de educación, la violencia y acoso sexual, el cambio climático y el conflicto humanitario crean condiciones en las que el derecho a la salud es negado. Las inequidades en el acceso a la salud no son aceptables y tienen que ser erradicadas.

Los estados tienen el deber de respetar, proteger y garantizar el derecho a la salud de sus ciudadanos, aspiración reflejada en el tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible.

Solo se podrá poner fin al sida como amenaza para la salud pública si el derecho a la salud se trata como una prioridad mundial, sin que nadie quede atrás. El sida no ha terminado, pero podría terminar si nos aseguramos de que todos, sin excepciones, en cualquier parte del mundo, puedan ejercer plenamente su derecho a la salud.

DIRECTOR REGIONAL DE ONUSIDA PARA AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE.

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