Columnistas 18/04/2019 - 12:03 a.m. jueves 18 de abril de 2019

Lo que no debatieron los candidatos presidenciales

‘Cuando se le pide al candidato un programa es para saber qué va a hacer con esa enorme cantidad de dinero (presupuesto anual de $26 mil millones y una economía que genera $57 mil millones al año —PIB—) que el pueblo va a poner en sus manos'

Marco A. Gandásegui, Hijo
opinion@laestrella.com.pa

Solo faltan poco más de dos semanas para las elecciones generales de Panamá. Se han celebrado tres ‘debates' auspiciados por el Tribunal Electoral y cada candidato a presidente ha publicado un documento que contiene su propuesta de trabajo. Con excepción del candidato del FAD, Saúl Méndez, los demás siguen repitiendo los eslóganes y las promesas que se remontan a mediados del siglo pasado.

El pueblo panameño le va a entregar al presidente electo un presupuesto anual de $26 mil millones y una economía que genera $57 mil millones al año (PIB). Esta riqueza material se deriva del trabajo de casi dos millones de trabajadores en los sectores que brindan servicios (logística, transporte, comercio) y, en menor medida, en los sectores productivos (industria y agropecuario).

Cuando se le pide al candidato un programa es para saber qué va a hacer con esa enorme cantidad de dinero que el pueblo va a poner en sus manos. El pueblo quiere saber cuántas escuelas se construirán para sus hijos o si los ricos recibirán subvenciones para comprar un auto nuevo o una casa en la playa.

Cada clase social tiene un interés muy diferente. La gran mayoría de la población (80 por ciento de los electores) quiere muy poco, pero lo esencial: agua, comida, medicina, escuelas para sus hijos, vivienda decente, tiempo para descansar y otros bienes y servicios fundamentales. La llamada clase media (20 por ciento de los electores) quiere asegurar sus ingresos, conservar o mejorar su nivel de vida y mantener su estatus con relación a lo que llama pueblo, ‘chusma' o clase baja. La oligarquía, nombre que en Panamá se le da a los dueños del país (0.25 por ciento de los electores), quiere que todo siga igual. Es decir, que el Gobierno siga ejecutando, legislando y fallando a favor de sus intereses.

Según estadísticas del Gobierno nacional (que recogen y publican las agencias internacionales), el 0.25 por ciento de la población (oligarquía) controla el 50 por ciento de las riquezas. La llamada clase media se apropia del 35 por ciento de las riquezas. El otro 80 por ciento solo recibe el 15 por ciento restante. Esta desigualdad tan pronunciada explica por qué el 50 por ciento de la población vive por debajo de la línea de la pobreza. No tiene agua ni comida, tampoco vivienda, menos medicina, tiempo para descansar es un lujo fuera del alcance de la mayoría ni siquiera después de la jubilación.

En los debates se armó una conspiración entre las empresas mediáticas, los conductores y los mismos candidatos. Las preguntas no estaban dirigidas a los problemas de los electores y, muchos menos, a la situación del país. A ningún candidato se le preguntó qué proyecto de país tenía. Tapaban hábilmente la quiebra de la seguridad social, cuyo sistema ‘mixto' transfiere, desde 2005, las cuotas que pagan los trabajadores a las aseguradoras privadas. ¿Quiénes son los dueños de esas empresas aseguradoras?

Tampoco se refirieron al Canal de Panamá y su privatización lenta pero segura. La junta directiva está preocupada de hacer negocios, poniendo en peligro la cuenca que alimenta de agua a la vía. No se mencionó la mina de cobre que producirá miles de millones y que el fisco recibirá $20 millones. ¿Porqué destruyen las islas de la bahía de la ciudad de Panamá?

No se tocó la política exterior del Gobierno —oligarquía y clase media— que conduce las relaciones internacionales por el camino equivocado. Hay que estar en permanente guardia, negociando con los vecinos, con Washington y con el resto del mundo.

Al águila del norte se le arrugaron las plumas y se disgustó cuando se enteró de que Panamá y China conversaban sobre tratados comerciales. Washington considera que esas relaciones deben pasar por la aprobación del ‘Panama Desk' en el Departamento de Estado. EE.UU. entretiene al Gobierno panameño con los juegos del Grupo de Lima y sus ataques contra Venezuela. Hay que entender las reglas del juego en EE.UU. El actual residente en la Casa Blanca quiere repetir el plato en 2020 y quiere alinear sus cartas, tanto fuera como dentro de EE.UU.

Los miembros del club de Lima lo entienden, pero no son muy buenos jugadores. Panamá ha sabido negociar con EE.UU. en el pasado. El próximo Gobierno panameño tiene que enfrentar los retos durante los próximos cinco años. Los candidatos de la oligarquía no se mostraron a la altura durante los debates.

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.

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