Columnistas 07/08/2017 - 12:03 a.m. lunes 7 de agosto de 2017

Cuotas de poder y la vida de otros

Cuando se ‘voltea la tortilla', como reza el dicho, debemos recordar que la vida nos ofrece de vez en cuando una cuota de poder, a algunos más que a otros

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

La solicitud de cambio de cárcel que hicieran la semana pasada los abogados de Martinelli, porque era víctima de supuesto maltrato (bullying) por parte de uno de los custodios, me recordó un escrito que publiqué hace algunos años sobre las cuotas de poder. Aquí reproduzco algunos párrafos.

A finales del otoño de 2006, el capitán de la aeronave anunció un cambio inesperado en las condiciones climáticas y que apenas una hora antes había comenzado la primera nevada sobre la ciudad Seattle. Advirtió que, por lo inesperado del suceso, el trasporte en tierra estaba siendo afectado y que cada pasajero debería prepararse para tomar las medidas apropiadas, ya que los taxis y autobuses que servían las rutas desde y hacia el aeropuerto estaban dejando de funcionar por las peligrosas e inesperadas condiciones.

Ya fuera del aeródromo, y con la intención de encontrar la mejor forma de trasladarme a mi hotel, comprendí que la situación era más dificultosa de lo que me imaginaba cuando el capitán hizo la advertencia. Entre el hambre, el cansancio (eran cerca de las 10 de la noche) y el caos que provocaba la situación, traté de entender el orden de las cosas.

De pronto se acercó un van como de 15 pasajeros, el conductor me miró y dijo: ¡Downtown! Varias personas y yo nos subimos. El conductor se encargó de las maletas y en medio de las transacciones usuales de precio, hotel, etc., una diminuta mujer afroamericana de unos cinco pies de estatura, arropada, guantes para el frío, quepis, una linterna y pito, se asomó al van y gritó: ‘Everybody out!'. Inmediatamente le increpó al conductor que tenía que seguir las reglas y que se diera cuenta que habían personas esperando que en ese momento todos en el van, el conductor y yo, desconocíamos por lo rápido que se dieron los hechos.

Las ganas de salir prontamente se congelaron cuando se fue haciendo notable la existencia de una interminable y sinuosa fila de personas que, a la falta de la variedad de alternativas de trasportación (taxis, limusinas, autobuses), se adhirieron a las reglas de ‘la señora del pito' para tener opción de acceder a lo que llegara primero, compartir los vehículos con otros pasajeros que iban en direcciones similares, etc. Ah… y esperar su turno. Seis horas después, a las cuatro de la madrugada pude llegar a mi hotel.

Con la misma autoridad con que nos bajó a todos del van, desde mi lejano puesto en la fila, la diminuta mujer del quepis y el pito, ejerció con firmeza y determinación la cuota de poder que las circunstancias de esa noche le ofrecieron. En la fila había gente común, como yo, que vamos y venimos todos los días en la lucha por la existencia. Artistas, deportistas, estudiantes. Pero también noté la presencia de personas adineradas cuyas limusinas o chóferes no pudieron llegar a recogerlos, por el caos que reinó en la ciudad aquella noche. Altos ejecutivos de quién sabe qué importantes empresas; gente muy bien acomodadas, acostumbrados a tomar decisiones y a mandar. Entendimos en ese momento en dónde se concentraba el poder y quién lo ejercía con seguridad y determinación.

En ese doloroso frío se formaron pequeños grupos de tres, cuatro personas que charlaban para hacer más llevadera la espera. Nunca dejamos de intranquilizarnos cada vez que sonaba ese pito; cada vez que esa mujer recorría la fila para cerciorarse de que nadie se colaba; cada vez que un nuevo grupo de desorientados llegaba para darse cuenta de quién tenía la sartén por el mango. Es natural que alguna gente se retirara, pero siempre había, por lo menos, 300 personas en la fila.

Cuando se ‘voltea la tortilla', como reza el dicho, debemos recordar que la vida nos ofrece de vez en cuando una cuota de poder, a algunos más que a otros. La historia está llena de ejemplos. En un mundo de circunstancias pasajeras, la vida también nos ofrece la oportunidad de decidir cómo queremos ejercer ese poder y de alguna manera nos compensa en ese sentido. Por el momento, el expresidente debe sortear esas circunstancias como les tocó a muchos sortearlas bajo su mandato; y en ese ejercicio cotidiano debe tomar en cuenta que sus actos aún afectan negativamente la vida de muchas personas.

COMUNICADOR SOCIAL.

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