Columnistas 05/03/2018 - 12:03 a.m. lunes 5 de marzo de 2018

Cultos y libres de corrupción

Percibo una nostalgia por el esfuerzo de ese tiempo y las añoranzas son compartidas.

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Cuando ingresé a la primaria, por allá en 1966, hasta que me gradué 12 años después de la secundaria (es decir en 1977, año en que se firmaron los Tratados Torrijos-Carter), resonaba en cada esquina de mi desarrollo una consigna que me marcó por el resto de mi vida: ‘Panamá es Soberana en la Zona del Canal'. En conversaciones con amigos de mi generación, sobre la piel de los recuerdos, percibo una nostalgia por el esfuerzo de ese tiempo y las añoranzas son compartidas.

Algunos confiesan que poco creyeron que los gringos, con sus ‘zonians' y sus bases militares, se fueran algún día de Panamá. Al fin y al cabo, toda la vida los tuvimos aquí; mirándonos a los nacionales como extraños desde la cerca que nos separaba; o allí mismo, en el seno familiar, casados con la prima. Era impensable que se irían, pero de algo sirvió caminar con los otros colegios secundarios cada cierto tiempo por la avenida de los Mártires, gritarles que se fueran, sacarles la lengua o arrear la bandera estadounidense en el Triángulo Shailer (exactamente allí, donde hoy existe un edificio de cinco pisos ocupado por los diputados).

Hoy, regresas a clases y debes sumarte al enorme esfuerzo por arriar la bandera de la corrupción. Tan presente y avieso como el reto que le tocó a mi generación. Puedes darle vuelta a este país. Es posible. Los que están llevando las riendas del Estado (y los anteriores) han jugado al asunto de gobernarnos pero han fracasado. Han establecido esquemas confusos y otros menos sutiles para dejarte un problema monumental: una deuda que nadie sabe cómo tendrás que pagar. Algunos señalados tendrán sus argumentos para defenderse; pero, con lo que respecta a ti y tu futuro, no debe haber argumentos suficientes para defender lo indefendible.

Que no traten de decirte que lo invirtieron en tu futuro. Que han construido obras, gestionado becas, mejorado tu condición de vida. Las más recientes noticias dejan claro cómo se han robado el dinero que tus padres con mucho sudor han entregado al erario. Y para que quede claro, el dinero que genera el Canal, también se lo han robado: la olla común. Que se pare un valiente de esos para decirme lo contrario. Dinero manchado de sangre de los Mártires… muchachos y muchachas como tú. Estudiantes en su tiempo. Lucharon y dieron la vida por reunificar el territorio nacional.

El reto de entonces, de reclamar la unificación de este territorio y que ondeara una sola bandera, era una reclamación revolucionaria. Joven y revolucionario era justo y necesario en mis tiempos. Hasta la fecha, la corrupción rampante de funcionarios de todos los niveles, empresarios, politiqueros y matraqueros, atenta directamente contra ustedes que comienzan clases hoy y atenta contra su futuro.

No solo es el robo descarado de los dineros del Estado; sino también la destrucción descomedida del ambiente, la basura que conscientemente diseñan y trasmiten por los medios tradicionales de comunicación para ti y tu generación. La manipulación de las informaciones de valor o la trasmisión de temas inocuos y baladíes, presentados como ‘noticias', con el objetivo de anestesiar tu capacidad de razonamiento. Son demasiados factores a los que te ves enfrentado, minuto a minuto, y de lo cual debes tener conciencia para resistir decididamente. Igual hoy, ante estas y otras tantas disyuntivas que vivimos, joven y revolucionario es necesario.

Para combatir esta guerra contra ti y tu generación, solo les pido que ejerzan un pensamiento crítico. Apóyense en los profesores y adultos que les enseñan a pesar y cuestionar las cosas como te las quieren recetar: ya sea desde los desprestigiados partidos políticos, el púlpito de las iglesias y congregaciones religiosas o desde los espacios mundanos que ocupan los de la farandulera criolla.

Las redes sociales no son el futuro, como dijo alguien alguna vez. Lean y si deciden por el don de la lectura, escojan bien. Busquen información sustentada científicamente: publicaciones de las universidades más importantes alrededor del mundo y de los medios de mayor credibilidad. Vean las cosas desde diferentes perspectivas, busquen el balance crítico y argumenten desde la objetividad sustentada.

Y para la distracción, las artes: la poesía, la novela, el cuento literario… el teatro. Les toca construir su propio espacio a partir de hoy; sin corrupción… un espacio mejor que este.

COMUNICADOR SOCIAL.

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