Columnistas 27/09/2016 - 12:01 a.m. martes 27 de septiembre de 2016

Cuando maneje, no tome, pero...

Una nueva propaganda es aún más expresiva: ‘Celebremos juntos '... pero ‘si manejas, no tomes '. Vaya contradicción

Guillermo A. Cochez
opinion@laestrella.com.pa

Una noche en un restaurante citadino, prendí a hurtadillas un cigarrillo y me puse a fumar. Me tocó el hombro una señora y me dijo: ‘Perdone señor Cochez, ¿usted no fue quien como alcalde impuso la prohibición de no fumar en restaurantes? '. Lo apagué y pedí disculpas; me sentí sumamente avergonzado. Gracias a iniciativas de varios diputados como Alcibíades Vásquez, posterior a 1990, se prohibió el fumar en todos los sitios públicos. Gracias a Dios, tales acciones han dado resultados muy positivos: hay menos gente fumando, incluyéndome a mí, y mejor ambiente en los sitios públicos. Me imagino que menos con cáncer de pulmón.

En mi juventud se fumaba en las aulas de la Universidad, dentro de los cines. En todas partes. No se respetaba al vecino ni nada parecido. El fumador era el dueño del entorno; los que no lo hacían tenían que apartarse, si no era de su gusto el humo. Éramos una especie de tiranos. El argumento utilizado era el perjuicio a la sociedad por la cantidad de muertes debidas al tabaco. Organizaciones internacionales de salud acordaron advertir en los envases, lo criminal que pudiera ser para quien fumara. Varios Estados han ganado pleitos millonarios a tabacaleras para que compensen los daños causados a los usuarios de sus productos. Se prohibió la propaganda comercial a quienes se dedicarán a esta actividad, desestimulándose su consumo. Ahora la Corte Suprema de Justicia, bajo la ponencia del magistrado Abel Zamorano, niega petición de declarar inconstitucional dicha prohibición.

En otros lares se impide la propaganda de toda bebida alcohólica, precisamente para no alentar a la población a su consumo, tanto o más letal, que el propio cigarrillo o el consumo de drogas. Sin embargo, en Panamá, pareciera que nos basta con una simple advertencia: ‘CUANDO MANEJE, NO TOME ', que pretende incluir subliminalmente el mensaje de que si manejas bajo los efectos del alcohol puedes matarte o matar a algunos inocentes; o, si llegas a tu casa borracho estás más propenso a incurrir en violencia familiar con tu pareja o tus hijos; o, si sigues tomando puedes perder tu empleo y afectar tu estabilidad familiar; o, si al accidentarte bajo los efectos del alcohol generas innecesarios gastos a los hospitales del Estado. En fin, se podría hacer una lista interminable de todos los efectos negativos que produce la ingesta sin control y que tanto se estimula de bebidas alcohólicas. Hasta nos llegan a decir que, si vamos a una fiesta donde habrá alcohol, es mejor llevar un conductor designado. Una nueva propaganda es aún más expresiva: ‘Celebremos juntos '... pero ‘si manejas, no tomes '. Vaya contradicción.

La hipocresía social llega a niveles inimaginables. ¿Qué pasaría si, al igual que en las cajetillas de los cigarrillos, en toda botella de licor o de cerveza, se listan las consecuencias nefastas que el ingerirlos podría ocasionar en nuestras vidas? ¿Y que se vedaran los anuncios semieróticos donde nos incitan a beber cerveza, seco o ron? ¿Y qué si se aplicarán severas medidas de cierre de negocios a los que venden licor a menores de edad? ¿Y que detengan, por lo menos, por una noche a los que estén conduciendo bajo los efectos del alcohol? ¿O que en los domingos se prohibieran eventos festivos en todo el país después de las 4 de la tarde, para así desalentar a los que parrandean hasta altas horas de la noche y faltan a su trabajo el lunes? ¿Mejorarían las cosas? ¿Habría menos accidentes? ¿Seríamos un mejor país y más consecuentes? Habría menos negocio para la industria, las publicitarias y medios de comunicación y eso bastaría para no impulsar medidas de tanta proyección social.

Y lo que cuestionamos al licor, es aplicable a los casinos y sitios de juego, tanto legales como clandestinos, que siguen proliferándose en el país sin controles. ¿Por qué permitir anuncios de casinos alentando a la gente a enviciarse en el juego, con las consecuencias personales y familiares que ello conlleva? Creo que los casinos deben considerarse como un atractivo turístico, pero tener maquinitas por todas partes, es criminal, aumentando la adicción en personas que no tienen y fomentando la proclividad a tan terrible adicción.

De prohibirse la publicidad de bebidas alcohólicas y de casinos, no seríamos los primeros en hacerlo. Hay muchos que lo han hecho por recomendaciones de la OPS, sin prohibir su consumo. Hay muchas limitaciones para impedir lo que aquí absurdamente se pone peor, donde antes existía el control de tener licencia del MICI para vender licor, pero ahora desde que se inventaron los minisúper, se vende indiscriminadamente licor en cada esquina y proliferan las cantinas portátiles en cada comunidad.

¿Será posible, con tantos intereses de por medio, implementar medidas de tanto beneficio popular y que con tanto éxito se han aplicado en el caso del tabaco? ¿Podrán los gobernantes, que tanto nos hablan de que el bien común de la sociedad debe estar encima del bien particular, tomar decisiones que tanto aplauso ciudadano generarían? Si fueran consecuentes con el cambio, no titubearían en hacerlo.

ABOGADO Y POLÍTICO.

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