Columnistas 23/07/2019 - 12:02 a.m. martes 23 de julio de 2019

¿Cuál es tu origen étnico?

Esa fue la repregunta que la importante asesora de Donald Trump, Kellyanne Conway, hizo a un periodista latino que cuestionaba en una rueda de pre...

Guillermo A. Cochez
opinion@laestrella.com.pa

Esa fue la repregunta que la importante asesora de Donald Trump, Kellyanne Conway, hizo a un periodista latino que cuestionaba en una rueda de prensa sobre las controvertidas opiniones de su jefe sobre migración. ¿Cómo si eso importara? La madre del presidente norteamericano provenía de Escocia y su abuelo, inmigrante en Estados Unidos, era de Alemania. Prefería ocultar sus orígenes y decía que era sueco porque ello le permitía entrar en el negocio inmobiliario, vedado por cualquier alemán. Llevaba como nombre Friedrich Drumpf, posteriormente cambiado a Trump para americanizarse. La esposa de Donald Trump, Melania, nacida —en la antigua Yugoslavia, hoy Eslovenia— como Melajina Knavs, alemanizada como Melania Knauss, es nacionalizada norteamericana. Su carrera en su nueva patria la comenzó como modelo que entró a trabajar en Estados Unidos ilegalmente, tal como ha ocurrido con muchos extranjeros en la lista de deportación de su marido presidente.

La tendencia mundial que se da por la intolerancia racial y la xenofobia pareciera estar desbordándose a extremos, propia de una epidemia global que promueve la división de los pueblos. Ocurrió en España con la pretendida independencia de Cataluña; en Gran Bretaña con el brexit de la Unión Europea que hoy tiene en ascuas a ese gran país; y hoy se aparece en Italia, donde el ministro del Interior y jefe del partido gobernante, Matteo Salvini, es acusado de recibir ayuda para su campaña electoral procedente de Rusia. En el Reino Unido y en Cataluña se ha dicho que la peluda mano rusa ha estado detrás en su proyecto de minar la unidad europea. Esa misma mano se hizo presente en el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos, lo cual tiene al mandatario en permanente amenaza de ‘impeachment' por el Congreso y a varios de sus excolaboradores en la cárcel. No sería de extrañar que por igual estén influenciando los exsoviéticos al Gobierno derechista de Hungría, cuyo primer ministro, Viktor Orban, de extrema derecha, igual que Trump, aboga por la antiglobalización. ¿Por qué se preocupa Rusia de socavar la división de la Unión Europea? ¿Será porque afecta a sus intereses tener frente a sí una Europa unida? ¿O será porque con la globalización irán desapareciendo los imperios que fomentan el ‘Divide y Vencerás'?

Esos extremos, tal como está ocurriendo en Brasil, podrían ser considerados una especie de renacimiento de neofascismo, inspirado en el fondo de la supremacía racista de algunos y la antipatía hacia las minorías raciales, en muchos casos, aupadas por retrogradas y excluyentes ideas religiosas y sociales que nos hablan de igualdad y de respeto a los derechos humanos, pero que en el fondo son una negación de aquello que dicen defender.

El fenómeno se desarrolla de otra manera en la América Hispana, pero probablemente vinculada con los métodos usados en Europa por Rusia. No hay que descartar que sea por la relación que los rusos mantienen con la dictadura venezolana de Nicolás Maduro, uno de los pocos países importantes que la sustenta. Se ha llegado a decir que las caravanas de inmigrantes centroamericanos hacia Estados Unidos han estado financiadas y alentadas por sectores afectos a la tiranía en Venezuela. El propósito: contrarrestar los ataques de Estados Unidos hacia ese país, atizando los grandes problemas que hoy afronta el Gobierno de Trump y que a diario le hacen cometer repetidos errores. ¿Por qué no pensar que igual está ocurriendo en Chile, Ecuador, Colombia, el Perú y Panamá con los inmigrantes venezolanos, donde va en aumento una ola de xenofobia que jamás habíamos vivido en América? ¿Por qué no pensar que, más que reacciones locales —la mayor parte infundadas porque todos nuestros países tenemos incrustados en el tejido social la influencia extranjera— lo que ocurre es un deseo de Maduro de desprestigiar a la diáspora venezolana en toda la región, con los seguidores marxistas y anarquistas que tiene y mantiene en el área? ¿O no vemos que es una repetición de aquello de ‘gusanos', como el régimen comunista cubano tildaba a quienes se iban del ‘paraíso' de Fidel Castro?

El actual problema de los brotes de xenofobia, más que responder a la necesidad de poner límites y controles a la inmigración que algunos pocos promueven, podría tener orígenes mucho más profundos de los que se anuncia como aquello de ‘Panamá para los panameños', tan usado en 1941, cuando Arnulfo Arias impuso la Constitución que incluía las razas de inmigración prohibida: la china, los antillanos cuyo idioma original no fuese el español, así como árabes, hindúes y judíos. Podríamos estar frente a un problema ideológico, donde los extremos se juntan, en una especie de fascismo moderno: En la derecha con Trump y Bolsonaro, y en la supuesta izquierda Rusia y el chavismo. Pelemos el ojo.

EMBAJADOR DE PANAMÁ ANTE LA OEA (2009-2013).

comments powered by Disqus