Columnistas 13/11/2017 - 12:00 a.m. lunes 13 de noviembre de 2017

La corrupción natural

La mente criminal es autónoma de la apariencia física o condición socioeconómica, no opera como un estado patológico físico 

Luis Carlos Guerra
opinion@laestrella.com.pa

La mente criminal es autónoma de la apariencia física o condición socioeconómica, no opera como un estado patológico físico que puede caracterizarse en ocasiones por gestos particulares en la fisonomía del individuo o la dimensión de su capacidad adquisitiva. La ideación de cometer un delito siempre está presente en la naturaleza del hombre, las circunstancias, motivaciones, sí varían en atención a la construcción sociocultural de cada uno. Las concepciones teológicas, teleológicas lo admiten, más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá? En otra vertiente recordamos a Hobbes cuando advertía que el estado de naturaleza del hombre no es pacífico, sino más bien ‘un lobo para el hombre' y por lo tanto se une en sociedad con el único interés de sobrevivir. Ahora bien, todo quedaría en el ámbito de la subjetividad, si la causalidad por sí sola fuese unitaria; es decir, de acuerdo al principio de lo justo, cada cual obtiene lo que merece, pero cuando las acciones humanas por sí solas perjudican la colectividad o lesionan derechos de terceros inocentes, llegas a la pregunta ¿qué culpa tiene el bien de la existencia del mal?

Pareciese que los principios causales se controvierten, el que idea maldad recibe beneficios, por lo que robar, matar, destruir, se acepta como parámetros desviados de conductas en un sistema que cada día tolera la ideación criminal, si ella se sustenta en millones de razones económicas. Un sistema justo alabaría la riqueza obtenida justamente; sin embargo, la ostentación ambiciosa del dinero justifica el maquiavelismo del ‘fin justifica los medios', para obtener poder, dominio y estabilidad financiera, sin importar si los medios roban, matan y destruyen a los inocentes.

La democracia como Gobierno del pueblo en su sentido literal debiese interpretarse como ‘demo' —demonio y cracia— ‘dominio'. Es decir, ‘poder del demonio', ‘Gobierno del demonio', dado que el mundo experimenta una serie de actos criminales que se amparan bajo este sistema, gobernantes que se enriquecen robando, empresarios que se enriquecen sobornando, devastación de grupos poblacionales, so pretexto de dominio geopolítico y geoeconómico.

El conservadurismo religioso igual ha caído, desde pastores, papas, arzobispos, clérigos, en la vorágine del poder económico roban, hurtan, matan, destruyen, engañan a fin de sostener sus cómodas vidas. Por eso escrito está: maldito el hombre que confía en el hombre, la naturaleza hacia el mal, siembra en cada uno desde su nacimiento la ideación criminal, todos estamos propensos al delito a corto, mediano o largo plazo mientras que, como dijo Jesús en su momento: el amor al dinero es la raíz de todos los males, pero cuando todos aman el dinero, porque el sistema así lo exige para vivir, malos entre malos siempre se cubrirán, justificarán, mientras los inocentes empobrecen más.

Nuestro sistema ha convertido la corrupción en algo natural, no asombra que el político, empresario, profesionales académicos roben, engañen, hurten, destruyan; aún más, es tolerable su impunidad, se ha engendrado una anarquía institucional, moral, política de derivación causal infinita, replantear los principios (constituyente) es una solución, pero cómo replantear estos, si las mismas unidades iniciales en control del proceso serán los mismos al final.

ABOGADO, ANALISTA POLÍTICO Y LOCUTOR RADIAL.

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