Columnistas 12/03/2018 - 12:03 a.m. lunes 12 de marzo de 2018

Controles religiosos y redes sociales

 En principio no rechazo las buenas intenciones de un ser que, en su íntima convicción, desea expresarme una consideración de amistad y de bienestar

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Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Me ha ocurrido un sinnúmero de veces y seguramente a ustedes también. Por no ser grosero, he dejado que continúe, seguramente ustedes también. Un conocido de muchos años me pidió una opinión sobre un asunto que por razones profesionales, conozco mejor que él. Dispuesto a colaborar con el amigo, intercambiamos números de teléfonos personales. A la mañana siguiente, por WhatsApp, recibí al amanecer, un mensaje del susodicho: un mensaje bíblico. En principio no rechazo las buenas intenciones de un ser que, en su íntima convicción, desea expresarme una consideración de amistad y de bienestar. Después de todo, vivimos en un mundo multicultural, envuelto en una miríada de creencias. Extender la mano y desearle ventura a otro ser humano, en buena fe, desde cualquier perspectiva o creencia personal, es bueno

El problema comienza cuando el susodicho, y otros tantos, comienzan a enviarte a cada hora del día, un sinnúmero de cadenas de supersticiones, alabanzas, mensajes tomadas de la Biblia, supuestas vivencias de otras personas que ‘no siguieron el mandato' o las leyes supremas, con la intención de causar miedo y en algunas ocasiones pánico. Poco envío mensajes o ‘estampitas' desde las perspectivas de mi propia visión del mundo y el lugar del humano en su desarrollo, por ese asunto del respeto a las creencias ajenas.

Desde el punto de vista de la comunicación y el posicionamiento de mensajes en la discusión cotidiana, los religiosos no solo ocupan espacio en las pantallas de los medios televisivos como evidentemente se aprecia, sino también, estratégicamente, se han ido posicionando en las redes sociales, condicionando el medio, atentando decididamente contra el desarrollo intelectual de gran parte de la población.

Las recientes marchas religiosas, se sustentan sobre un proceso comunicativo que inicia en el púlpito, o las tarimas de las congregaciones, y se consolida, mediante el proceso comunicativo intenso y constante en la redes sociales; dirigido a los creyentes y sus círculos inmediatos. La influencia es tan intensa que los envalentona y de cierta forma promueven una actitud agresiva en contra de los que diferimos.

Hace unos años en España, la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) presentó el primer manual práctico en español para la red: ‘Escribir en Internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales'. Cuando eso, la noticia de EFE puntualizó que ‘la obra ‘recoge recomendaciones y estudios sobre cortesía en la red, correspondencia electrónica, reputación online, español global, escritura colectiva, redacción para escribir en los blogs, mensajería instantánea, gestión de comentarios, redes sociales…'

Cuando exploré este tema de las ‘Guías para escribir en Internet', me referí en parte a la simplificación en el uso del idioma que las redes sociales provocaba en un segmento importante de la sociedad (entre 16-40 años). Pero el razonamiento de entonces es igual ahora que los religiosos han entendido la efectividad de las redes sociales en el control de algunos seguidores.

La dominación mental es tan fuerte que la necesidad de expresar ideas y conceptos más elaborados, de presentar un entendimiento sobre los temas, de cuestionar con duda o razón, de plantear alternativas viables o, a considerar por las otras partes, va quedando en entredicho ante el uso limitado del idioma a través de los aparatos modernos y en particular, con base en deidades. Los ha llevado a simplificar situaciones que, en muchos casos, merecen de un ejercicio cerebro—intelectual y de razonamiento más profundo.

Cualquier pensador antiguo hubiera lanzado la premisa de que a mayor población, un más amplio abanico de ideas, más y mejores conceptualizaciones filosóficas, más reflexión sobre los temas, más alternativas de desarrollo y mejoramiento humano. Pero el efecto ha sido contrario. Lo de ‘cortesía en la red' que señalan las guías, es una falacia. Muchas veces con agresividad codifican sus mensajes en el nombre de Dios.

Los líderes religiosos han desarrollado una conciencia clara sobre la utilidad de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Si hay mensajes contrapuestos y cuestionadores, ellos, puntualmente a través de las redes sociales, mantendrán sus rebaños alineados y en orden. Yo doy por perdido este segmento de la población. Seducidos por las promesas de una vida mejor en un tiempo desconocido, los religiosos continuarán atentando en contra de la independencia intelectual de sus seguidores y, envalentonados continuarán su intento de detener el desarrollo y mejoramiento de la condición humana.

COMUNICADOR SOCIAL.

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