Columnistas 05/12/2017 - 12:01 a.m. martes 5 de diciembre de 2017

Cómo acabar con el clientelismo, La Bitácora

De ella se aprovechan los políticos para sostenerse en el poder público. No basta la incriminación mediática

Ebrahim Asvat
opinion@laestrella.com.pa

El clientelismo es la queja de los ciudadanos idealistas. No basta con esperar al electorado tomar conciencia y desistir de quienes lo promuevan. El clientelismo es un sistema corrupto y se alimenta de la ineficiencia del Estado en proveer los servicios públicos a los sectores populares. De ella se aprovechan los políticos para sostenerse en el poder público. No basta la incriminación mediática. Los votantes seguirán utilizando la metodología aportada por el político sinvergüenza porque produce los resultados de los cuales el Estado les priva.

Veamos cómo funciona esto. El pobre no tiene los recursos para comprar los servicios públicos requeridos, pero tiene algo que el político quiere. El voto. El político se propone aliviar en algo la vida de sus votantes. Un beca, un puesto de trabajo, un pavo al precio debajo del mercado, obsequios y prebendas. Igualmente acceso al sistema de salud o educación para lograr intervenciones quirúrgicas aceleradas, becas al exterior, etc... El político sinvergüenza engrasa el sistema burocrático a favor de sus simpatizantes. El pobre o destituido requiere del político para puestos de trabajo o servicios públicos. El político necesita de los empresarios que financien el mecenazgo y las elecciones y estos en cambio los recursos públicos y los contratos del Estado. Un círculo de dependencia hace sostener el statu quo , a pesar de todas la críticas mediáticas.

Para romper estas cadenas de dependencia se requiere mejorar la calidad de los servicios públicos y reducir la relación de dependencia del ciudadano.

Para lograrlo se hace necesaria una revolución burocrática que permita el acceso a los servicios públicos sin necesidad del compadrazgo, padrinazgo o palanca política. ¿Y cómo lograrlo? Pues bien, ¿por qué no permitir a los ciudadanos el derecho a elegir dónde contratan estos servicios? Por ejemplo, hablamos de la escasez de medicinas en el Seguro Social. Cambiemos el sistema. Que el asegurado con su orden médica vaya a la farmacia de su preferencia y obtenga los medicamentos recetados. Luego el Estado le reembolsa a la farmacia el costo del mismo. Con eso se evita el problema del desabastecimiento y las medicinas expiradas, los procesos engorrosos de licitación y compra. ¿Qué tal si los asegurados, tan pronto tengan la orden de una operación quirúrgica, pueden ir al hospital de su elección y proceder con su procedimiento médico? El Estado luego le reembolsa al hospital los gastos de hospitalización. Igualmente las citas médicas. Que el asegurado vaya donde el médico de su preferencia o confianza y luego la Caja del Seguro Social le reembolsa al médico sus honorarios.

¿Que hay un atraso en las operaciones de cataratas? Por favor, sometan el proceso a una licitación y que los especialistas coticen sus servicios y se acaba la mora. El ciudadano tendría el acceso a los servicios médicos y mejoraría su fe en el Estado y la Administración Pública.

Igual situación podría lograrse con la educación. Entreguen la administración de las escuelas a patronatos, padres de familias, maestros y profesores y otorguen vales a cada padre de familia por hijo. Que la familia elija el colegio donde quiere que su hijo estudie y todos los colegios se vean en la obligación de competir por excelencia si quiere subsistir. Igualmente las becas de excelencias se otorguen automáticamente por existir un sistema tecnológico que determine quiénes han hecho el esfuerzo necesario para financiarle su educación superior.

Si cada ciudadano tiene una cuenta bancaria a su nombre, resultaría muy fácil para el Estado acreditarle los subsidios directamente sin intermediarios. También en caso de desastre, quién mejor que el afectado para determinar cuál es su necesidad primaria y salga a buscarla en el comercio con los fondos asignados. La bancarización es otra herramienta de la cual se puede disponer para acelerar las transacciones de los más desfavorecidos.

Hoy, con los accesos a los teléfonos digitales portátiles, hay plataformas que le permiten a los más pobres realizar pagos por celular. Solo mediante reformas que acerquen los servicios públicos a los ciudadanos lograremos acabar con el clientelismo.

Recuerden: el político sinvergüenza no financia su política ni su mecenazgo con sus propios recursos. Es un ser parásito, depende del chantaje político y el empresario malandrín para sostenerse en el poder. Cuando el aceite con el cual engrasa la maquinaria burocrática le escasea, pierde sus posibilidades de elegirse.

ABOGADO

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