Columnistas 14/03/2018 - 12:00 a.m. miércoles 14 de marzo de 2018

Clima pedagógico en las aulas

La alegría potencia las inteligencias múltiples, afirman los neuroeducadores, como Francisco Mora, en su extraordinario aporte titulado ‘Neuroeducación'

Ernesto Botello Pérez
opinion@laestrella.com.pa

A propósito de la apertura de un nuevo año académico en Panamá, se generan apreciaciones sobre los múltiples factores que inciden en el problema pedagógico de la calidad del proceso de aprendizaje, según niveles y modalidades del sistema educativo básico, medio y superior.

Para el caso de esta reflexión, ‘Clima pedagógico en las aulas', el eje representa una línea de investigación compleja que incorpora un tejido interfactorial, para propiciar en primera instancia un conocimiento de la realidad del trabajo académico al interior del aula académica, más que en su infraestructura, su ventilación, su arquitectura, su equipamiento y tecnología que son indudablemente básicos, en su tecnología del alma, o tecnología espiritual, dirigida a construir un ambiente psicosocial generador de múltiples apetitos de la inteligencia humana, en un contexto por supuesto democrático, que facilite la dialogicidad, la horizontalidad, la tolerancia en los procesos de interaprendizaje y de esperanza real en el crecimiento individual y colectivo de sus estudiantes.

El clima pedagógico en las aulas depende en gran medida de la gestión de liderazgo pedagógico y de aprendizaje del maestro, más que del ‘profesor' que está más interesado en el perfil de instructor, de organizador del conocimiento, de transmisión y evaluación, mientras que el maestro, al seguir el modelo de inteligencia de Jesús, es más ejemplo, es coherencia entre el decir y el hacer, es organizar el contexto pedagógico de la clase con altos niveles de consciencia, tales como la capacidad de encender en los estudiantes el nivel de valentía.

Valentía para emprender proyectos, actividades y acciones, el nivel de voluntad con la cual los proyectos se realizan con buena disposición de tiempo y espacio para sus éxitos, con el nivel de consciencia de aceptación, que permite al maestro empatizar con las diferencias individuales de raza, nivel de clase social, ingresos, nivel de cultura o de inteligencia, el nivel de consciencia de la razón, donde se buscan las verdades, la ciencia, la innovación independiente de la individualidad personal, el nivel de amor como eje transversal en el abordaje ético de contenidos, metodología, recursos, evaluaciones y resultados del trabajo cooperativo y colaborativo, el nivel de consciencia de alegría, altamente significativa para que el clima pedagógico del aula llene su máxima expectativa de armonía, concordia, integración y consensuación de intereses comunes, representa adquirir mucho entusiasmo y deleite en todas las tareas de estudio e investigación.

La alegría potencia las inteligencias múltiples, afirman los neuroeducadores, como Francisco Mora, en su extraordinario aporte titulado ‘Neuroeducación', como aplicaciones de la neurociencia a los procesos de aprendizaje, en su máxima síntesis, ‘solo se aprende lo que se ama'. Lo que implica que todo maestro que pretenda que sus estudiantes realmente aprendan exitosamente, requiere demostrar que ama su disciplina en su aspecto teórico y en su aspecto práctico y desde allí la energía se multiplica a todos sus estudiantes. Un clima pedagógico con este perfil, es garantía de una nueva educación, una educación realmente transformadora e innovadora en todos los aspectos de la creatividad humana.

CATEDRÁTICO EN PEDAGOGÍA.

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