Columnistas 15/04/2019 - 10:50 a.m. lunes 15 de abril de 2019

CLASE MEDIA: ARRIMADA AL PODER

Comparto el aforismo que dice: “un pueblo que no conoce su historia política está condenado a repetirla”. ¡Así de sencilla es la cosa!

Antonio Saldaña
opinion@laestrella.com.pa

El poder político de Estado en Panamá reside en manos del presidente de la República, en los denominados “poderes fácticos”, por supuesto, en el establishment estadounidense y, en grado de subordinación, en Magistrados y Diputados. Pare de contar. En términos de clase el poder está bajo el control de la burguesía, financiera, mediática y burocrática.
Paréntesis anecdótico. Me decía, tiempo atrás, un Bethacourt, refiriéndose otro Bethancourt, que éste último, siendo Secretario General de un Ministerio, le declaraba muy ufano: “Nosotros en el poder…” Y, el primero ironizaba, ¿“poder”? “Subordinado”. En efecto, la clase media -desde que la oligarquía, hace 30 años, el 20 de diciembre de 1989, asumió el poder de la mano del ejército invasor- ha sido, simple y llanamente,  arrimada al poder.
¿Síndrome de la invasión? En realidad el genocidio causado por el ejército más poderoso del Planeta, aquella aciaga navidad de 1989, no fue el inicio del reinado de la oligarquía, sino la culminación de un proceso que se inició con el asesinato del general Omar Torrijos. Los “generales de banqueta” que le sucedieron se apartaron de la “Línea” y la cúpula del PRD que ascendió al poder en 1994 oligarquizó el otrora partido del “proceso de liberación nacional”.
¿Qué se hicieron los líderes de la clase media en el poder y dirigentes del movimiento popular? Los menos arriaron las banderas de lucha y convirtieron la “academia” en su “cuartel de invierno” y la inmensa mayoría, sucumbió a las “migajas” que deja caer del plato el “patrón”, gamonal, plutócrata. No hablo de los trabajadores intelectuales o tecnócratas sino de los intelectuales de capas medias que asumieron sumisamente su nuevo rol subalterno y de “mandaderos” del dominio.
Por ejemplo, en 1994 cuando el “toro” ascendió al mando, con anterioridad había asumido las riendas del PRD, no lo hizo para retomar la senda del torrijismo, por el contrario, fue para oligarquizar el partido, para volver a los retorcidos caminos recorridos por el “ancien régime” de la oligarquía liberal del siglo pasado.
“El torrijismo está de vuelta” expresamos muchos cuando el hijo del general asumió las riendas del gobierno, pero fue la reiteración de la administración anterior, supuestamente, del PRD. Su gobierno fue constituido por el “clan del pedagógico”, por Humbert y su amigo Ricardo Lombana, mientras los prosélitos y el torrijismo languidecían, muchos de los que “llegaron limpios –al gobierno del muñeco- salieron millonarios”.
De manera que justificada razón tiene el candidato presidencial de la fracción samuelista de la oligarquía, al expresar que “en un gobierno de Nito Cortizo el que manda soy yo”. En primer lugar, él no es torrijista, jamás lo fue, es un tránsfuga del extinto partido Solidaridad, quien cual boxeador turulato por los golpes recibidos, habla en tercera persona o, por la “ruma” de los años, no atina a manifestarse como correctamente el idioma aconseja, en primera persona del singular.
Comparto el aforismo que dice: “un pueblo que no conoce su historia política está condenado a repetirla”. ¡Así de sencilla es la cosa!
El autor es abogado y analista político.

  

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