Columnistas 23/09/2018 - 12:00 a.m. domingo 23 de septiembre de 2018

Ciudad de Panamá y el legado del próximo imperio

El relato sigue con el posicionamiento de los EE.UU. y su acometida urbana que miraría el Ancón desde sus dos caras

Orlando Acosta Patiño
opinion@laestrella.com.pa

Durante la celebración del Coloquio Internacional Ciudad de Panamá —1519—2019— Benemérita de Las Américas. Memoria, Circulación, Conexiones, Globalización y Cultura convocada por el Cidiet en la Universidad de Panamá, Extensión Universitaria de Coclé, llamé la atención entre estudiantes e investigadores sobre el legado cultural que ha sido estampado sobre nuestro territorio por parte de los imperios que han sucedido el control geopolítico de este espacio bisagra.

Destacaba, como evidencia material urbana del período imperial hispano, el legado de las fortificaciones en el Caribe, los caminos empedrados que establecieron la primera comunicación transístmica que tuvo un carácter transoceánico. Esta tecnología de transporte que uniría las ciudades de Nombre de Dios, Portobelo con Panamá y que posibilitaría el desarrollo comercial de la Carrera de Indias como máxima del impacto comercial en el Nuevo Mundo. Calificaría la herencia urbana, como una manifiesta en estas estructuras defensivas y fortificaciones de nuestras ciudades; la evidencia material de las primeras tecnologías de transporte y las modalidades logísticas como parte de la herencia material que nos deja el Imperio español.

El relato sigue con el posicionamiento de los EE.UU. y su acometida urbana que miraría el Ancón desde sus dos caras. La maravilla de la ingeniería del Canal de Panamá y su tecnología de esclusas, junto con el conjunto de ciudades contenidas en la antigua Zona del Canal —ejercicio urbanístico sin referente como parte de la acometida colonial— aquella que dividiría el país en dos, no solo territorial, sino culturalmente. Aquí el legado material urbano y de transporte a través del control de aguas mediante grandes embalses y el Canal de Esclusas. Este es parte del legado reconocible del período estadounidense en el Istmo.

Existe un símbolo particular que marca el final de este tiempo y es la bandera que ondea en la cima del cerro Ancón. Esta referencia de profundo significado nacional, marca el inicio en la ejecución de los Tratados del Canal y cuenta de manera regresiva la recuperación del Canal de Panamá para ser entregados a administración panameña. Es el lábaro panameño el único que ondea sobre este territorio y el que le da la bienvenida o despide a todos los buque que surcan el océano Pacífico.

Es partir de este momento de la diplomacia mundial, Panamá inicia evaluar el establecimiento de las relaciones formales con China. Han pasado casi treintainueve años desde la firma del Tratado hasta que finalmente se fragua relación con China. Se inicia una nueva relación imperial que trae otras reflexiones. ¿Cuál será el legado que será estampado sobre el territorio dada la recién relación con China?

¿Será el tren chino a lo largo de nuestro territorio el que se encargará de establecer nuevas relaciones territoriales hacia dentro y hacia afuera? ¿Cuál será la imagen urbana del país a cien años desde ahora, con un Canal Ampliado y un tren que recorrerá el país este-oeste y que articulará el comercio norte-sur del continente americano? La historia parece repetirse en espiral.

De forma inmediata, ¿será la nueva sede de la Embajada china en la entrada del Canal el símbolo imperial que marcará tierras y aguas y esta nueva relación? ¿Verán todos los buques que salgan y entren por el Canal ondear la bandera china, en vez de la panameña sobre las aguas que tanto significado tienen para nosotros? ¿Estamos nuevamente ante la negociación de otro Bunau Varilla que marcará con fuego las entrañas de este país y que serán cedidas casi a perpetuidad o por cien años de aquí en adelante? Espero que no.

Estamos a años de que el mundo abandonó los más acérrimos esquemas colonialistas de principios del siglo XIX. Hoy, el escenario es otro y espero de quienes nos gobiernan y del pueblo del cual formo parte, exigir y establecer una nueva relación en términos claros, transparentes, respetuosos de nuestra historia. No hay derecho de que seamos arrastrados nuevamente a los callejones del entreguismo visceral que llevó a la dignidad nacional a las cimas profundas, de las cuales tanto sacrificio representó remontar. Espero que el legado chino sobre el territorio panameño sea otro distinto al que hoy comienza a perfilarse.

INGENIERO

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