Columnistas 06/03/2018 - 12:00 a.m. martes 6 de marzo de 2018

Pan y circo para el pueblo

Hemos aprendido a extender la mano para recibir el pan hasta el punto que soltamos el hacha y el machetecolumn

Marvin Almanza
opinion@laestrella.com.pa

Si el título de este artículo le parece exagerado. Amén. Si le ofende por parecer alejado de la realidad. Amén. Si al leerlo cree usted que hablo de otras latitudes muy lejanas a la nuestra. Amén.

Amén, porque no se derramará sobre este papel una sola gota de tinta en pro de aquellos que se sientan en las primeras filas del circo a ver cómo se nos muere en las manos la Patria, víctima de quienes fueron designados para defenderla.

Pan… y viene a mi pensamiento 120 a los 65, beca universal, barrios seguros y todos aquellos programas que se han creado amparados en el propósito del bienestar común, programas de papel que no resisten ni resistirán el escrutinio del tiempo que sin lugar a dudas terminará pasándonos factura por haber sido patrocinadores del imperio en donde los Cesares alimentan con pan al pueblo, mientras guardan para sus mesas los banquetes y manjares.

Hemos aprendido a extender la mano para recibir el pan hasta el punto que soltamos el hacha y el machete para recibir con ambas manos. Hemos aprendido a abrir la boca para comernos el pan hasta el punto que se nos ha olvidado abrir los ojos y la mente para soñar con un país diferente. Nos hemos hecho esclavos del pan, sin darnos cuenta de que con cada pedazo que comemos envenenamos nuestra sangre, nuestro presente y nuestro porvenir.

Ya se está cocinando el pan con el que nos piensa alimentar el nuevo imperio, la receta esta vez está libre de gluten, hecha con trigo orgánico y sin grasas saturadas; pero en esencia es lo mismo, porque quienes lo cocinan saben que el pueblo está hambriento, cegadamente hambriento y que en ausencia de todo, entonces comeremos pan.

Pero, no solo de pan vivirá el hombre… y amén por eso, ya que por fortuna y gracias a la indómita sangre indígena que lleva el pueblo entre sus venas, el pan no basta para sosegarlo y es en ese momento en donde empieza la función del circo.

Circo… y vienen a mi pensamiento la Asamblea Nacional (de Diputados), la Corte Suprema de Justicia, el Ejecutivo en sus diferentes periodos y otros que se escapan de este artículo, pero no de la memoria colectiva (al menos eso me gusta creer); la paradoja de esto es que muchos de ellos hornean el pan y lo irónico es que muchos de nosotros lo sabemos.

Hemos aprendido a sentarnos en primera la primera fila del circo armados con un control remoto hasta caer rendidos de sueño; ¡qué gran diferencia haríamos, si nos armáramos de valor para luchar sin rendirnos por nuestros sueños! Hemos aprendido a amar el circo hasta el punto de creerlo parte de nuestra cultura, y se nos han olvidado los días en los que peleábamos a muerte por el respeto y el precio de una tajada de sandía. Nos hemos hecho fanáticos del circo y cada quinquenio nos convertimos en sufragistas que juegan su destino apostando al menos malo.

Pero amén por la historia… sí, esa que nos enseña que no existe imperio que sobreviva en la soberbia, que no hay imperio que pueda alimentarse para siempre de injusticias, amén por la historia que nos enseña que no existe un pueblo que para siempre sea esclavo.

Pronto País, muy pronto Pueblo, estará la mesa servida, el menú reza la oración que sabemos de memoria… Pan y circo para el Pueblo y para beber, un padrenuestro y dos avemarías.

ESTUDIANTE DE ÚLTIMO AÑO DE DERECHO.

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