Columnistas 11/06/2018 - 12:02 a.m. lunes 11 de junio de 2018

Ciencia, tecnología e innovación en la educación superior

La necesidad de asumir nuevos y desconocidos roles

Pedro Rivera Ramos
opinion@laestrella.com.pa

La educación, y principalmente la educación superior, tienen como imperativo de esta época la necesidad de adaptarse a los cambios y transformaciones que este mundo tan competitivo y globalizador les viene exigiendo desde hace décadas. La necesidad de asumir nuevos y desconocidos roles, mejorar significativamente sus nivel es de pertinencia, revisar el modelo tradicional de vinculación con su entorno social y empresarial, conciliar la equidad con la calidad y emprender políticas sostenidas en el ámbito de las innovaciones, en primer lugar sobre sí misma y sobre áreas tan decisivas para el desarrollo nacional, como ciencia y tecnología, representan hoy día los principales desafíos de la educación superior contemporánea.

Es evidente que la incorporación a la docencia universitaria de medios, modelos y procesos innovadores, dirigidos fundamentalmente a provocar, entre otras cosas, modificaciones importantes en las tradicionales metodologías docentes aún tan fuertemente arraigadas, buscando con ello que respondan en mayor medida, a las necesidades y demandas de la sociedad, no resulta una tarea fácil. Sin embargo, las instituciones de educación superior son cada vez más conscientes de que para una optimización racional y renovadora de las prácticas didácticas y pedagógicas, así como para la formación de personas con alto sentido creativo y capaces de enfrentar y adaptarse con facilidad, a los retos de un mundo que cambia vertiginosamente, cobra una importancia vital el diseño y ejecución con urgencia, de estrategias dirigidas a promover innovaciones específicas en la docencia y enseñanza universitarias.

La ciencia y la tecnología son dos campos también donde la necesidad de innovar, continuamente, resulta crucial para el desarrollo y beneficio de las sociedades. Cualquier innovación en estas áreas debiera ir dirigida, principalmente, a elevar los niveles de bienestar y prosperidad de las poblaciones humanas, a través del mejoramiento de su salud, educación, crecimiento económico, producción de alimentos. De modo que, aunque la innovación aquí tiene un valor estratégico fundamental, en países como el nuestro, no basta con poseer la capacidad para innovar o recursos intelectuales y científicos suficientes; es preciso, además, contar con el financiamiento disponible que, en la gran mayoría de los casos, es el pilar decisivo de cualquier innovación.

Sin duda, la educación es la herramienta más poderosa que tienen los pueblos y las naciones para superar la ignorancia y encaminarse por la senda del progreso y desarrollo. Toda la experiencia histórica de la humanidad demuestra, de modo irrefutable, que solo los pueblos con cultura y educación han podido remontar su atraso técnico, científico y tecnológico. De modo que la educación, sobre todo la educación superior y las instituciones que la imparten, han tenido y siguen teniendo un rol decisivo en el desarrollo económico, político, cultural y espiritual de cualquier nación. Las universidades, principalmente las públicas, siguen constituyendo el principal pilar de la identidad nacional y han sido por mucho tiempo la instancia cultural y educativa que, por excelencia, desarrolla todo el pensamiento científico y constituye el hervidero y gestor fundamental de las luchas populares.

Por ello las universidades no pueden estar al margen de los acelerados y profundos cambios que se producen hoy en el mundo; ya que, pese a sus amenazas y desafíos sobre la educación superior, ellos vienen configurando una realidad objetiva muy distinta y en muchos casos hasta antagónica o contradictoria, con la que habían estado acostumbradas las universidades y que, por tanto, no pueden de ningún modo ser soslayadas. Sin embargo, tampoco se trata de que las universidades, sin cuestionamiento o crítica algunas, se sometan ciegamente a los designios e imperativos de estos cambios o adecúen peligrosamente el desarrollo de sus procesos sustantivos, renunciando a su vez a su misión cardinal y compromisos sociales.

INGENIERO AGRÓNOMO.

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