Columnistas 20/03/2017 - 12:00 a.m. lunes 20 de marzo de 2017

La certeza de la impunidad

Nuestro contexto social, desafortunadamente, parece regido por la certeza de la impunidad

Andrés L. Guillén
opinion@laestrella.com.pa

Control y moderación no quiere decir supresión ni represión, sino armonía. La sociedad virtuosa está regida por leyes y por el orden que estas garantizan, como proceso de socialización e integración cultural.

Los pueblos cultos y educados, son los que plantan semillas en sus ciudadanos, que requieren cultivo continuo para crecer (ese es el significado etimológico de ‘cultura'). Estos tienden a tener ciudadanos civilizados, que obedecen leyes y reglamentos, como parte integral de su educación y consciencia social.

La idea central de estas sociedades, que va del individuo, a la familia y por último al cuerpo político que las rige, está inspirada en una armonía que no excluye el castigo, ni las desigualdades, es una relación tanto vertical como horizontal.

La certeza del castigo, en los sistemas políticos creados para asegurar el desarrollo libre y provechoso del individuo, es parte primordial de estas sociedades y algo que ha moldeado el carácter de sus ciudadanos, orientándolos a una pasividad constructiva, basado en el respeto a la ley.

Esta idea tiene sus raíces en las tradiciones griegas y judeocristiana que predominan en la civilización occidental, de la cual Panamá forma parte. La racionalización de la conducta humana por supuesto no es uniforme y tiene sus variantes en cada país, como salta a la vista cuando, por ejemplo, salimos de Panamá.

Nuestro contexto social, desafortunadamente, parece regido por la certeza de la impunidad, no del castigo, cuyo emblema más representativo es la conducta del ‘juega vivo' panameño.

¿Cuáles son las fuerzas que sustentan la conducta antisocial en Panamá?

Usemos el comportamiento de conductores, peatones y autoridades en el uso de vehículos y vías, sujetas a las reglas, normas y ética que supuestamente las rigen.

La Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre de Panamá (ATTT) dirige y controla las operaciones de tránsito, con la cooperación de la Policía Nacional. Su reglamento contempla no menos de 70 infracciones, pero de estas, el 80% solo se imponen por exceso de velocidad, ignorando el resto.

Poco se multa por emitir gases, tener llantas lisas, o a vehículos en mal estado mecánico o de carrocería, o sin placas, o con luces no adecuadas, o por tener papel ahumado oscuro excesivo, transportar menores sin medidas de seguridad, por no utilizar el cinturón de seguridad, botar desechos en la vía, conducir de forma desordenada, conducir por el hombro y todas las otras 69 infracciones restantes.

Los conductores que cometen todas esas otras infracciones (esto se ve a diario) saben que existe la certeza de la impunidad y los agentes e inspectores de tránsito no las multan porque deforman el reglamento y racionalizan su implementación con el perfil de su entorno, usando el cariz general del juega vivo panameño.

Es como si una voz interior nos murmurara e insinuara constantemente ‘podemos actuar como nos da la gana, pues la mayor virtud es vivir sin limitaciones, somos soberanos de nuestra vida'.

Pero no es así: para vivir armónicamente en sociedad es necesario exigirse mucho más a sí mismo que a los demás.

ECONOMISTA

comments powered by Disqus