Columnistas 24/09/2016 - 12:03 a.m. sábado 24 de septiembre de 2016

Centenario del Dr. Eduardo Ritter Aislán (1916-2016)*

Perteneció él a la generación de la juventud de los años 40 del siglo pasado, tal vez la más distinguida de nuestra era republicana

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Paulino Romero C.
opinion@laestrella.com.pa

Distinguidos amigos: En primer lugar, debo agradecer a la munificencia de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R., su noble gesto de permitir realizar en su sede el homenaje que felizmente rendimos hoy a la memoria del Dr. Eduardo Ritter Aislán, con motivo del centenario de su natalicio (1916 - 2016).

Mi condición de alumno universitario y amigo de toda una vida, no vinculado a él por comunidad de intereses sórdidos sino por el afecto y el aprecio que impone la soberanía del talento y las virtudes, vengo aquí al impulso de un sentimiento avasallador, a hacer algunas reminiscencias que forzosamente se convertirán en elogio, porque tratándose de la obra humana de Eduardo Ritter Aislán recordar vale tanto como encomiar.

Perteneció él a la generación de la juventud de los años 40 del siglo pasado, tal vez la más distinguida de nuestra era republicana. Su mente despierta le hizo vislumbrar una patria fundada en el sentimiento nacional, en la cultura, en el saber y en el trabajo de sus hijos, y de allí surgió la figura del estudiante que descollaba en las aulas del Instituto Nacional, la Universidad de Panamá, la Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia, donde obtuvo el grado de doctor en Filosofía y se perfilaba como una halagadora promesa para el porvenir republicano.

Con motivo del luctuoso suceso, señalaba yo en un artículo publicado en el diario Panamá América , lo siguiente:

‘Ha muerto el Dr. Eduardo Ritter Aislán, ilustre hombre de letras, humanista, poeta, profesor universitario, académico, periodista y diplomático. Él, por su talento, por su cultura, por su virtud, contribuyó como pocos a renovar las bases de la convivencia social, al crear y formar en las conciencias respaldo para las ideas y para las instituciones panameñas. Su rectitud fundamental, su desinterés, su capacidad de lucha y sacrificio, su valor civil, su patriotismo ardiente, son patrimonio no fungible de la nacionalidad. Tuvo el mérito adicional de ser un grande escritor, en cuya prosa la claridad de su lenguaje dice mucho de su sabiduría. La obra educativa, cultural y humana de Ritter Aislán es de una extensión, de una profundidad y un valor inmensos '.

El presidente de la República, don Marco A. Robles, le confió la cartera de Educación en 1964. Aunque duró poco tiempo en el cargo, como ministro de Educación dejó como testimonio de su labor ministerial, entre otra obras, la creación del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos (Ifarhu) en 1965, institución educativa, cuya labor en más de medio siglo, ha significado un valioso e importante aporte a la sociedad y al Estado panameño, enriqueciendo cultural y profesionalmente a los panameños de todos los estratos sociales, sin distinción alguna, solo con el mejor propósito de promover el talento para mejorar el servicio público en todas y cada una de las dependencias estatales y de la empresa privada.

Fue un diplomático de primera: culto, gentil, generoso, negociador inteligente y hábil, despertaba especial simpatía por su don de gente. Se desempeñó con altura en el servicio exterior. Fue embajador de Panamá en Guatemala, Colombia, España y en El Salvador. Además, ocupó con brillo y lucidez los cargos de embajador adjunto ante las Naciones Unidas (ONU) y representante ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

Ritter Aislán deja con nosotros una obra de pensamiento vigoroso y coherente, tan importante como la más sustantiva y vasta que en nuestro Panamá se haya realizado: obra poética, artículos, conferencias y discursos, ensayos, correspondencia, estudios, llenarían gruesos volúmenes y significarían para cuantos en el país se interesan por la cultura, y por los ideales nacionales, fuente insustituible y fecunda de inspiración, de orientación y de conocimiento.

Fui orgullosamente alumno y amigo probado del Dr. Eduardo Ritter Aislán, del auténtico maestro que fue sin duda, del ciudadano ejemplar, del combatiente con la pluma, siempre en defensa de la libertad, la justicia y los sagrados derechos humanos.

MAESTRO DE CIUDADANOS.

*PALABRAS PRONUNCIADA EN EL ACTO DE CONMEMORACIÓN DEL CENTENARIO DEL NATALICIO DE EDUARDO RITTER AISLÁN, EN LA BIBLIOTECA NACIONAL ERNESTO J. CASTILLERO R., EL JUEVES 22 DE SEPTIEMBRE DE 2016.

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