Columnistas 09/11/2017 - 12:02 a.m. jueves 9 de noviembre de 2017

Más del Casco Viejo

¿Por qué los Gobiernos no han tenido la capacidad institucionalidad de elaborar y hacer cumplir un Plan Integral para San Felipe?

Tomás Paredes Royo
opinion@laestrella.com.pa

No sé si llamarlo Casco Viejo, Casco Antiguo o Casco Histórico, o si resulta más bendito hablar de San Felipe al referirme al área donde por segunda vez se instaló la ciudad de Panamá, después que el pirata Morgan la saqueara en 1671. Para no complicarme hablaré simplemente del ‘Casco'.

¿Por qué los Gobiernos no han tenido la capacidad institucionalidad de elaborar y hacer cumplir un Plan Integral para San Felipe? Más aún si por años se ha destinado una gran cantidad de recursos para mejorar la infraestructura del Casco y promoverlo a nivel internacional como punto de interés turístico, suficiente para que ‘El Sitio del Ancón', como también se le conoció, fuese ya un destino de excelencia mundial.

En la ausencia de una visión sistémica que aborde las variables económicas, sociales, urbanas y culturales bien pudiera estar la respuesta, complementada con la falta de un liderazgo visionario, la inexistencia o discontinuidad de un Plan de Manejo, las presiones del mercado, la falta de controles y la baja conciencia general sobre la importancia del Casco. Así las cosas, la incapacidad para concertar la planificación, el ordenamiento y la gestión del área explican la actual situación que se vive en el Casco, algo que reconozco el alcalde Blandón está intentando resolver.

Ya los ‘expertos' en ‘centros históricos', y hay muchos de ambos, han concluido que para que estos sitios sean exitosos deben cumplir con los siguientes requisitos: (a) ser compactos; (b) ser de uso mixto; (c) generar ingresos de diferentes fuentes; y (d) convertirse en espacios públicos vibrantes. Con estos parámetros de referencia tan claros podemos ofrecer algunas recomendaciones.

En primer lugar, salvo la Presidencia de la República y el Palacio Municipal, las instituciones del Estado deben desalojar el Casco. Además de los inconvenientes de flujo y estacionamiento de los vehículos de los funcionarios, las actividades oficiales generan un tráfico vehicular y de personas que satura las estrechas calles del área, lo que desmotiva a muchos a visitar el Casco por razones de ocio o esparcimiento.

En su reemplazo, esas estructuras deben ser debidamente adecuadas para utilizarse como museos y otros centros de cultura y atracción, añadiendo contenido de calidad y dinamismo a las actividades ya existentes en el Casco.

Por otro lado, hay que mantener el uso residencial-social mixto en el Casco para evitar que se convierta en un enclave de lujo, exclusivo para el capital inmobiliario, nacional y extranjero. Cambiar a quienes por años vivieron en San Felipe por aquellos que pueden pagar los altos precios del mercado no es una opción sustentable. La heterogeneidad social, así como la comercial, son claves para la riqueza de la oferta del Casco y el equilibrio y la convivencia social.

El Casco tiene que repensarse como un sistema, conformado por un entramado de varias redes sobreimpuestas y conectadas entre sí, donde se articulan los diferentes atractivos que ofrece el área y los variados intereses de quienes lo visitan. Los parques, las plazas, las iglesias, los museos, los monumentos, los hoteles, los comercios, los restaurantes, bares y otros sitios de diversión deben conectarse y entrelazarse de manera fluida, siempre respetando la calidad de vida de quienes viven en el área.

Se debe insistir en crear suficientes estacionamientos en la periferia del Casco, con un servicio interno de transporte, utilizando pequeños buses eléctricos como el que en estos momentos está a prueba. El acceso vehicular debe permitirse primordialmente a residentes y suplidores de mercancías o servicios, con horarios restringidos, y vehículos de transporte turístico que atiendan las necesidades del área.

Sin embargo, no habrá éxito en el Casco sin una gestión urbana eficaz, diaria y permanente, que garantice la limpieza, el orden, la seguridad y el buen uso de las áreas. La señalización y el mantenimiento de las calles y las aceras debe facilitar la peatonalización, con el ritmo pausado y la vestimenta que nuestro clima permite, con el perdón de quienes se quejan de la lluvia y la humedad de nuestro país, pero que luego se les ve con paraguas y zapatillas en Florencia o Cartagena cuando la temporada turística se acompaña de altas temperaturas e impertinentes lluvias.

Quienes tienen algún interés residencial, comercial o institucional en el Casco deben concertar el objetivo de asegurar un ambiente y un paisaje de calidad, para que el Casco sea de fácil acceso y circulación, que permita a los visitantes disfrutar al máximo las bondades y atractivos del área y que despierte en ellos el deseo de regresar.

INGENIERO CIVIL.

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