Columnistas 05/03/2018 - 12:00 a.m. lunes 5 de marzo de 2018

La casa del Dr. Porras

Habría bastado el reconocimiento hecho por el presidente Enrique A. Jiménez a su antiguo mentor político para consagrarlo

Aristides Royo
opinion@laestrella.com.pa

No se podría generalizar para decir que no hay políticos agradecidos. Contaba con siete años de edad cuando acompañé a mis padres a la inauguración del parque Belisario Porras en la que se sustituyó el nombre del autor del Quijote que le daba nombre a la plaza desde 1916 por el del ilustre estadista que fue presidente de la República en tres ocasiones. El orador de fondo fue el mandatario Enrique A. Jiménez, quien había sido secretario privado de Porras cuando era apenas un joven que iniciaba sus actividades políticas bajo las toldas del partido Liberal. Recuerdo que mencionó muchos aspectos de la vida del gran conductor del país e hizo énfasis en el barrio que el caudillo de levita hizo construir raudamente para alojar la Exposición Universal de 1916 de la cual todavía nos quedan de recuerdo los edificios de España y Cuba donde se alojan sus embajadas y los edificios donde funcionan actualmente la Procuraduría de la Administración y la Gobernación de la provincia de Panamá.

Habría bastado el reconocimiento hecho por el presidente Jiménez a su antiguo mentor político para consagrarlo como persona agradecida. Sin embargo, tuvo un gesto de gran nobleza y humanismo con Alicia Castro de Porras, viuda del dirigente liberal que falleció en 1942. Belisario Porras, antes de terminar su tercer y último mandato, había adquirido un terreno frente al parque que todavía se llamaba Cervantes en el que levantó una hermosa residencia familiar para la cual obtuvo un préstamo garantizado con hipoteca. Tras la muerte del Dr. Porras, su viuda no podía pagar las mensualidades y el Banco Nacional se aprestaba a cancelar la hipoteca y adquirir la propiedad. El presidente Enrique A. Jiménez intervino e hizo que el Estado le comprase la casa a doña Alicia Castro de Porras por la suma de cincuenta y cinco mil balboas. Desde entonces han funcionado allí diversas oficinas del Estado, desde el Tribunal Contencioso Administrativo hasta la Procuraduría General de la Nación que ocupa el inmueble en la actualidad.

He tenido la suerte de visitar casas de personas famosas en distintos países, como las de los presidentes Washington y Monroe y el primer secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, en Estados Unidos, la casa de Benito Juárez en su Oaxaca natal y otras más. Ojalá que en Panamá el Estado, que es propietario de la casa de Belisario Porras en La Exposición, la destinase a museo en el cual se podrían colocar muebles de la época, un amplio elenco de fotografías de las obras principales que legó a la nación, escenas de la vida familiar y muchos de los papeles de Porras que han sido analizados, ordenados y compilados en la Universidad.

También se incluirían estudios sobre sus copartidarios, sus gabinetes y las obras que Porras escribió y las que se han escrito sobre él. De esta manera se trasladaría la Procuraduría General de la Nación a un edificio que no necesita ser histórico sino funcional. La figura de Belisario Porras merece ser honrada con un museo educativo destinado a mostrarle a la juventud la historia de un personaje ejemplar que fue uno de los grandes constructores de la República.

ABOGADO Y EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

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