Columnistas 10/07/2018 - 12:01 a.m. martes 10 de julio de 2018

El canal y la economía nacional

El Canal de Panamá, recurso natural acuático no renovable, constituye una apreciable riqueza de la humanidad 

Paulino Romero C.
opinion@laestrella.com.pa

El Gobierno de la República tiene conciencia de que el Canal de Panamá continuará siendo durante muchos años un factor fundamental en la economía nacional. Además, tiene la idea clara de que la participación de los panameños en la administración, manejo y disfrute de esa riqueza natural, debe corresponder a un esfuerzo genuinamente nacional, y debe realizarse con empeño y optimismo, a través de la afirmación de etapas irreversibles y mediante la conquista de horizontes que vemos cada vez con mayor amplitud.

Los contratos de servicio abren posibilidades muy grandes, pues permiten a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) pasar de una etapa inicial de experimentación e incorporarse en forma más activa, consciente y responsable, al manejo de la actividad canalera en gran escala, y abren un camino para las empresas mixtas y para otras formas a través de las cuales el país expresará su mejor interés y afirmará su soberanía en un asunto de tanto interés público.

El Canal de Panamá, recurso natural acuático no renovable, constituye una apreciable riqueza de la humanidad y el tenerlo en nuestro suelo y aprovecharlo hasta el máximum de las posibilidades, no es solo un derecho, sino una obligación imperativa que tenemos frente a la actual y frente a las generaciones futuras. Todos los días las perspectivas se renuevan y, así como la utilización de los hidrocarburos como combustible, lejos de ser desplazada por el uso de otras fuentes de energía, aparece todos los años con mayor demanda en todos los países, a consecuencia del mismo proceso de desarrollo y de los esfuerzos de industrialización, e incluso pudiéramos decir, de la transformación que a los pueblos de todos los continentes le impone un imperativo de civilización, también son, cada vez más nuevos y numerosos los rubros que la industria petroquímica ofrece a la transformación de esta riqueza, con lo cual permite, también que su aprovechamiento fundamental sea mayor por parte de nuestro país.

El Canal es algo demasiado importante como para desentenderse de él y conformarse con la lamentada situación del rentista. Todos los panameños tenemos la obligación de verlo con cuidado solícito, con atención preferente y primordial. Tenemos el imperativo de impulsar la iniciativa propia, la actividad específica de los panameños; impulsarla con decisión y con firmeza.

A veces tenemos la tendencia a distinguir, hasta el punto de establecer barreras difíciles de traspasar, entre el mercado interno del Canal y el mercado internacional. En el mercado interno hay una serie de circunstancias favorables para una entidad nacional, por su integración pública y por su estructura, pero al mismo tiempo, ya pasó la época dentro de la cual los mercados internacionales eran cuestión ajena a los gobiernos y a los pueblos, y solamente el resorte discrecional de los grandes organismos de la economía privada tenían acceso, influencia o posibilidad de acción sobre los grandes grupos consumidores. La defensa y conquista de los mercados es una empresa común, tanto de la industria como del Estado y del pueblo.

El problema del Canal es un problema que mientras más claramente se plantee, se puede resolver con mayor justicia. Justicia a través de la cual el capital obtenga una remuneración satisfactoria; la técnica sea cada vez mejor considerada y mejor tratada; los pueblos participen para que, a través del rendimiento de esta riqueza natural nuestra, puedan cumplir etapas indispensables en su propia transformación económica y social, en lo cual, al mismo tiempo, estarán rindiendo tributo y dando una participación muy estimable a la causa de la paz en el mundo, y en el futuro de la humanidad.

Debemos insistir en que la cuestión del Canal es fundamentalmente nacional. Panamá debe tener, afirmar y desarrollar una política canalera, la cual hemos de sustraer del juego de las controversias políticas, en cuanto tengan de infecundo. Que se contrasten las ideas, las posiciones, las iniciativas y que todas coadyuven en una posición eminentemente nacionalista, que cuente con un pleno respaldo nacional, es la más firme aspiración que deben tener quienes en estos momentos llevan sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir la vida gubernamental de Panamá.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO

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