Columnistas 19/05/2019 - 12:03 a.m. domingo 19 de mayo de 2019

El Buen Gobierno

‘[...] para que el Buen Gobierno no sea un eslogan más [...], lo primero es crear una agenda de Estado y un marco institucional que proporcione salud, educación y trabajo a los panameños'

Rafael Carles
opinion@laestrella.com.pa

El famoso eslogan de Donald Trump en campaña, ‘Make America Great Again', siempre será recordado por despertar un sentimiento nacionalista en el electorado estadounidense. Igualmente, muchos de los presidentes en Panamá han tenido sus propios lemas para hipnotizar a los votantes antes de las elecciones: ‘Ni millones ni limosnas, queremos justicia', ‘Combate a la pobreza', ‘Pueblo al Poder', ‘Caminando en los zapatos del pueblo', ‘El Pueblo primero', y ahora más recientemente ‘El Buen Gobierno'. Por eso, corresponde analizar lo que debe hacer Cortizo en los próximos cinco años para convertir ese eslogan en realidad.

Y lo primero será entender los conceptos de progreso y desarrollo, salud y trabajo, educación y bienestar. Porque si un Gobierno, cualquier Gobierno, no atiende estos temas fundamentales, al final termina mal y con ninguna credibilidad. Así pues, la clave del Buen Gobierno será iniciar por nivelar la desigualdad de ingreso que afecta a la mayoría de los panameños. Somos uno de los países más desiguales del mundo y no siempre fue así. La tendencia hacia una desigualdad de ingresos cada vez mayor se acentúo a mediados de los años ochenta. Entre 1950 y 1990, los aumentos porcentuales en el ingreso real fueron en general similares en toda la distribución del ingreso, lo cual fortaleció la clase media y la convirtió en un segmento esencial de la actividad económica del país.

Desde 1990 los distintos Gobiernos intentaron achicar la brecha entre los ricos y los pobres con dosis de populismo y medidas cosméticas, llámese aumentos de salario mínimo, subsidios sectoriales, regulación de precios y regalos electoreros. Pero esos mismos Gobiernos, para no erosionar su caudal político, prefirieron no enfrentar los temas que, en efecto, sí hubieran ayudado a resolver la desigualdad. Dos de estos son salud y educación, porque al carecer de una salud igual para todos y de una educación de primer mundo que brinda habilidades para competir globalmente, la población no tiene posibilidad de salir del atolladero.

Muchos argumentan que el grado de desigualdad de ingresos reflejado en las estadísticas no es importante, porque hay mucha movilidad de un año a otro y de una generación a otra. El punto es válido, conceptualmente; sin embargo, en Panamá la movilidad de ingresos es muy baja en relación al PIB y el desempleo. Por eso, la mayoría de los panameños nacidos en la década de 1950, una era marcada por austeridad, superaron a sus padres en ingresos reales. En cambio, para los panameños nacidos desde 1985 la cantidad es menor y cada vez disminuye más.

Entonces, ¿no sería genial restaurar la movilidad ascendente de los años 50, 60 y 70? Desafortunadamente, en el mundo actual, promover la movilidad intergeneracional parece una ilusión frente a las políticas económicas de nuestros Gobiernos que se caracterizan por gastar desenfrenadamente y crear deudas escandalosas. Además, la movilidad ascendente requiere de una calidad de educación que no existe en el país. Érase una vez cuando Panamá lideraba a la región en envío de jóvenes a estudiar a universidades extranjeras y cuando la Universidad de Panamá era famosa por su enseñanza a estudiantes que salían bien graduados y con capacitad para aspirar a cualquier trabajo. Hoy día en ambas categorías hemos perdido relevancia, al tiempo que las becas se otorgan por criterios distintos a la meritocracia y las universidades son templos de iletrados y maleducados.

Por tanto, para acortar la brecha de la desigualdad, el Buen Gobierno debe otorgar más becas a estudiantes de primaria y secundaria con un grado excepcional de necesidad económica (enviarlos a escuelas privadas aquí mismo en Panamá) y ofrecer becas a estudiantes sobresalientes que quieren obtener en el extranjero un título universitario, de posgrado o de un programa de posgrado profesional. Actualmente estamos ubicados cerca del final de las tablas en formación profesional y universitaria. Es hora de revertir esta realidad y ejecutar programas de aprendices para la inserción de estos talentos en el mercado laboral. En los años 50 y 60, el país contaba con una mano de obra capacitada y puestos de trabajo formales con prestaciones definidas. Ahora tales expectativas cada vez existen menos.

Insistimos, para que el Buen Gobierno no sea un eslogan más de los muchos que han habido, lo primero es crear una agenda de Estado y un marco institucional que proporcione salud, educación y trabajo a los panameños. Sin duda, restaurar la situación económica relativa del 99 % inferior a lo que era en los años 50, 60 y 70, será una tarea hercúlea, pero como responsables de las políticas económicas a partir del próximo 1 de julio, podrían al menos intentarlo.

EMPRESARIO

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