Columnistas 06/12/2017 - 12:00 a.m. miércoles 6 de diciembre de 2017

El Batallón Cataluña antes del grito de Rufina

MacGregor, luego de posesionarse a sus anchas en Portobelo, inició campaña para caer sobre Panamá.

Julio César Caicedo Mendieta
opinion@laestrella.com.pa

Me puse a rebuscar un poco, entre las fuentes confiables que nos da el Internet y encontré muchas cosas valiosas. Mi olfato indígena acertó porque siempre me dije que Rufina Alfaro no había recogido esas ideas libertarias de independencia del suelo. La hermosa cocinera del fuerte realista español en la Villa de Los Santos, tuvo que relacionarse de alguna forma con los catalanes que formaron parte del experimentado y tozudo contingente del Imperio español que ponía orden en el Panamá de aquel entonces: el Batallón Cataluña.

Fíjense que en 1808 en europa, la Francia de Napoleón destruyó a España dejándola prácticamente en ruinas. España se vio obligada a descuidar sus colonias. Ante semejante desgracia, el batallón catalán, curtido en el trópico, defendió a la Corona que se batía boca pa' arriba, derrota tras derrota, con los independentistas suramericanos. Las colonias de la España derrotada de esos tiempos aciagos recibió cruentas invasiones de Francia e Inglaterra, esta última que no disimuló nunca su interés por apoderarse de Panamá. Sucedió que en 1819, a tres años del Grito de Los Santos, el expedicionario coronel Gregor MacGregor se tomó Portobelo con dos fragatas y un bergantín. MacGregor, luego de posesionarse a sus anchas en Portobelo, inició campaña para caer sobre Panamá.

Intervinieron entonces, en defensa de la Corona española, los del escuadrón realista Cataluña, que venidos de Panamá se prepararon en el Fuerte San Lorenzo para sorprender luego a las confiadas huestes de MacGregor. Gregor se salvó de a vaina porque como pudo se lanzó al agua hasta llegar tragando agua a sus naves y negociar luego por sus hombres.

Voy a seguir investigando lo de Rufina y Cataluña, porque no sé dónde leí que los catalanes de los escuadrones llegaron primero a Cartagena en un viaje con 40 soldados, 20 burros y 20 caballos y que no cruzaban palabra sino entre ellos mismos y que a medida que se metían en los rastrojos partían cocos para ellos y los jumentos sin poner cuidado a los guías, se quitaban las camisas hablando y riéndose, hasta que llegó un momento en que se confundían los diálogos entre burros caballos y catalanes porque todos participaban en los contertulios a la vez.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.

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