Columnistas 10/06/2018 - 12:03 a.m. domingo 10 de junio de 2018

Los barriles de manteca

Los Marco se fueron al exilio a gozar su corrupta riqueza.

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

Otra de las frecuentes noticias sobre Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas desde 2016, me hizo preguntarme cómo un pueblo llegó a elegir a un político con los antecedentes de Duterte. Jactancioso, procaz, violento y misógino, fue alcalde de Davao, la tercera ciudad del país donde fueron asesinadas más de 1000 personas por la unidad extrajudicial conocida como el Escuadrón de la muerte, supuestamente bajo su mando; alardeó en televisión de haber arrojado a alguien desde un helicóptero; hace chistes sobre violaciones a las mujeres; instó a los militares a disparar en la vagina de las rebeldes comunistas (opositores a su Gobierno) porque sin ella ‘son inútiles'; se jacta de su animada vida sexual y su consumo de viagra. Este mandatario ‘le mentó la madre' a Obama, pero mantiene relaciones tan amistosas con Donald Trump, que incluso lo invitó a los Estados Unidos. Al leer sobre este político que se compara con Hitler, que dice que le gustaría ‘masacrar a tres millones de drogadictos', quise saber más sobre cómo y por qué llegó al poder. Por Duterte me interesé en conocer más sobre la República de Filipinas, país de interesante historia, rico y densamente poblado; compuesto por 7 mil 107 islas, tiene su capital, Manila, en isla Luzon. Omito detalles de la historia para llegar al Gobierno de Ferdinand Marcos y de seguro muchos recordarán a su esposa, Imelda, coleccionista obsesiva de zapatos.

La corrupción ostentosa y descarada se instaló con Marcos. Elegido en 1965 y engolosinado con el poder se mantuvo hasta 1986, cuando con intentos inútiles lo perdió ante Corazón Aquino, viuda del líder de oposición asesinado en 1983 en el aeropuerto al regreso de su exilio. Los Marco se fueron al exilio a gozar su corrupta riqueza. El Gobierno de la presidenta Aquino encontró los escollos de una corrupción ‘sistémica' y los políticos que la sucedieron, en complicidad con poderosos empresarios no hicieron más que aumentarla. El pueblo filipino llamó ‘barril de manteca' la adjudicación directa de fondos a los parlamentarios para ‘proyectos sociales' en su circunscripción (en Panamá, circuito); los senadores recibían $4 millones y los diputados un tercio; una auditoría estatal reveló que varios de ellos gastaron más de $200 millones en proyectos inexistentes y organizaciones falsas creadas para desviar fondos. Gloria Macapagal Arroyo, presidenta de 2001 a 2004, reelegida, gobernó hasta el 2010; estuvo detenida, acusada de fraude fiscal, malversación de fondos y desviación de recursos para financiar sus campañas. Y ‘como si nada' doña Gloria, ‘víctima de persecución política' llegó después a congresista.

Paga buenos dividendos la corrupción sistémica a los que la mantienen. Durante la presidencia del hijo de Corazón Aquino su ‘barril de manteca' fue de $500 millones de dólares anuales para ‘varios rubros'; según investigación periodística $25 millones a 18 senadores lo ayudaron a destituir a su principal adversario, el presidente del Tribunal Supremo. Según Florentino Rodao (2013), estudioso de la realidad filipina, el sistema de partidos es frágil, favorece el clientelismo y la compra de votos para lo que sirven los ‘fondos discrecionales'. ¿Suena familiar? Y, ‘nada indica que en el corto plazo esto vaya a cambiar'.

Hoy, es Duterte el presidente de Filipina; el que en campaña se confesó dictador y amenazó con disolver el Congreso e imponer un Gobierno ‘revolucionario' si sus reformas encontraban resistencia. En 2017 dijo Rodao: ‘Duterte no tiene oposición. No se le tilda de corrupto'. Difícil hacerlo con el estilo de gobernar de Duterte, el que prometió justicia y reparto de riqueza a una población harta de verse marginada; se presentó como hombre sencillo independiente de ‘la oligarquía'. En los tres diarios filipinos que leí noté la ausencia de críticas a su gestión política, sus groserías, y a los asesinatos de supuestos traficantes o drogadictos (se calculan 7 mil desde 2016), acusación que podría usarse para deshacerse de los adversarios, ¿no?

También en Panamá los corruptos dicen ser ‘perseguidos políticos' y sin que importen sus malos antecedentes alcanzan posiciones políticas. De nuestro ‘barril de manteca' salieron obras públicas con precios inflados para la coima, planillas, partidas circuitales, etc., magníficos recursos para enriquecimiento y clientelismo. Lo que estamos viviendo los panameños, precisamente en estos días, es muestra de corrupción sistémica entronizada a lo largo de los años. Me tranquiliza que, pese a la corrupción que nos carcome, no tenemos un Duterte en nuestro horizonte. Sin embargo, debemos tener presente que un pueblo marginado, desesperado y deficiente en educación y valores ciudadanos es presa fácil de gobernantes indignos. Y es allí donde radica el peligro.

COMUNICADORA SOCIAL.

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