Columnistas 10/02/2019 - 12:03 a.m. domingo 10 de febrero de 2019

Bandera equivocada

‘Es argumento absurdo e inaceptable calificar honestidad y capacidad según la edad'

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

‘Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena'. Eso dijo Ingmar Bergman, famoso cineasta sueco, quien se mantuvo activo hasta los 85 años. La edad es bandera equivocada que en estos días de pleque pleque político algunos agitan como muy relevante en las candidaturas. En este escrito dejo sentado mi rechazo al cantaleteo de que solo la juventud puede llevar a Panamá a mejores días; y me siento aludida, porque, aunque nunca me ha tentado presentarme para cargo político alguno, me considero buena ciudadana y hago mi parte ‘a mi manera', como escogí llamar a esta columna. Por ello me solivianta, —palabra que usaba mi madre nicaragüense cuando alguno de sus hijos la sacaba de sus casillas— que a los políticos que pasan de los sesenta, setenta años se les califique de ‘dinosaurios', pese a que las arrugas externas no les han estropeado las neuronas. No es la primera vez que opino sobre la arrogancia de jóvenes que creen que ‘tienen la sartén agarrada por el mango', porque vivimos en una sociedad en que los medios de comunicación, la publicidad y hasta en lo laboral, se exalta el atractivo físico, diplomas y diplomados, el conocimiento tecnológico que asocian con el éxito. Se desdeñan valores, las experiencias vividas, el conocimiento, la serenidad de pensamiento que madura con los años (si fueron bien cultivados en los años mozos, claro es).

Los jóvenes olvidan que el almanaque irá sumando años. Mi inolvidable César Young Núñez, siempre en mi corazón, me contó en alguna de nuestras frecuentes tertulias, esa vez mientras conversábamos sobre un amor fallido, que en la mitología griega Eos, diosa de la aurora, se enamoró del bello Titón; se casaron y Eos pidió a Zeus, padre de los dioses y los hombres, que hiciera inmortal a su amado, pero olvidó pedirle que lo mantuviera joven; Titón fue perdiendo su hermosura para desgracia de Aurora, quien dejó de amarlo al dejar de ser bello; la decrepitud lo achicó y resecó tanto que terminó, por misericordiosa decisión de los dioses, convertido en cigarra, cuyo chirrido sería en adelante triste recordatorio de la juventud perdida. Es buen ejemplo de la efímera juventud para los que olvidan que más adelante los espera la vejez; que no dedican ni una neurona a imaginar cómo será su vida cuando todo (vientre, nalgas, senos, testículos, mejillas, etc.) afectado por la fuerza de gravedad empiece a bajar, como dice un amigo, ‘de la azotea al sótano'. Y para ese entonces, si todo lo cifraron en la apariencia y olvidaron nutrir lo que hay dentro de la caja craneal, les espera amarga y vacía vejez.

Podría hacer una larga lista de adultos mayores que dieron y siguen dando luces y pongo como ejemplo reciente al papa Francisco, Vargas Llosa, Mujica, Jimmy Carter, entre otros; y vale resaltar la ancianidad de ilustres difuntos como Mandela, Pablo Casals, Winston Churchill, etc. Y entre los nuestros, Diógenes de la Rosa, Rogelio Sinán, Justo Arosemena, Carlos Changmarín, Ricardo J. Alfaro, Dora Pérez de Zárate, Marta Matamoros, etc. Muchos de mis contemporáneos siguen activos no solo en política, también en la empresa privada y en actividades que promueven valores éticos, intelectuales, científicos. Es argumento absurdo e inaceptable calificar honestidad y capacidad según la edad. Basta una mirada a la oferta política actual y al pasado reciente para constatar que algunos ‘viejos' corruptos de hoy también lo fueron cuando jóvenes; y que los expedientes de sonados y millonarios casos de corrupción actualmente en el tapete judicial involucran a mujeres y hombres jóvenes contaminados por la deshonestidad. Porque ni la vejez ni la juventud son garantía de honestidad.

Es dato interesante que en las elecciones del 2009 y el 2014 el abstencionismo en jóvenes entre 18 y 25 años fue mayor que entre adultos mayores de 61 años. Si bien hay una campaña para romper la apatía política entre los jóvenes, los candidatos no deberían olvidar que acudir a las urnas entusiasma a los adultos mayores. Así que más les vale a los políticos no continuar con el injusto estereotipo de que los viejos no cuentan. Y bien harían en sumar la experiencia y serenidad de pensamiento de sus mayores. El filósofo Romano Guardín dice sobre la vejez, que ‘Ya no tiene porvenir propiamente dicho, por eso su mirada se dirige al pasado. Ve las conexiones… cuando empieza a mirar atrás ve y comprende las relaciones. Con eso se adquiere sabiduría'.

COMUNICADORA SOCIAL.

‘[...] acudir a las urnas entusiasma a los adultos mayores. Así que más les vale a los políticos no continuar con el injusto estereotipo de que los viejos no cuentan'
 
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