Columnistas 19/02/2019 - 12:02 a.m. martes 19 de febrero de 2019

¿Qué tan atractivo se ve Panamá?

¿Qué veía? Una sociedad en completo desorden y ebullición social

Guillermo A. Cochez
opinion@laestrella.com.pa

Un empresario vendía la idea a un colega español para que invirtiera en su negocio y viniera a vivir acá. Al cabo de ocho días, le dijo rotundamente que no. Que el país transmitía todo, menos un ambiente favorable para vivir. Su explicación: los noticieros de la televisión. Comentaba que para conocer lo que podría ser su nuevo hogar monitoreaba las tres horas de televisión matutina (ahora solo dos) y las dos en horario vespertino. Y eso que no le daba por mirar redes sociales, donde a diario despotrican contra la presencia de extranjeros aquí, como fue el caso de la bulla que se ha hizo por la adquisición de acciones del Grupo Rey por un poderoso grupo ecuatoriano.

¿Qué veía? Una sociedad en completo desorden y ebullición social; donde se tiene la percepción de que es ‘una bomba de tiempo' que estallará en cualquier momento. Donde la noticia de un ajuste de cuentas entre pandillas la repiten cuatro o cinco veces; la protesta de dos o tres escuelas que cerraban calles para lograr la atención del Ministerio de Educación, recibía extensa cobertura. Donde se notaba una total desorganización entre las diferentes agencias del Gobierno, contradiciéndose una con otra como práctica cotidiana. Donde todos los días aparecía un nuevo acto de corrupción, pero no veía castigo para nadie, con lo cual le daba la impresión de que se vivía en total impunidad. Que se sumaban a diario protestas de productores agropecuarios, jubilados, educadores y empleados públicos.

Sería incapaz de echar la culpa de la suerte del inversionista español a los reportajes de las televisoras del patio o las redes. Sin embargo, es eso lo que se vende: violencia, anarquía, desorden, incapacidad de las autoridades, corrupción, impunidad y, sobre todo, una clase política corrupta que logra producir una total incredulidad en todos los Órganos del Estado. El amigo, distribuidor de medicamentos, lo reconclavaba con todos los problemas que se dan en el Seguro Social y el Ministerio de Salud para que transparentemente ese negocio puede hacerse sin sobresaltos.

Un inversionista venezolano, de los que vinieron a Panamá hace una década, comentaba algo similar. Llegó a Panamá en tiempos en que Rubén Blades era ministro de Turismo. Donde su rostro era la imagen del país en las cuñas que tenía el IPAT de ese entonces para promovernos internacionalmente: ‘En Panamá te recibimos con una sonrisa'. Su rostro afable, además de su merecida fama, nos hacía atractivos para asentarse aquí, viendo ya lo que se vaticinaba en su país de origen, Venezuela. Ahora se lamenta, porque muchos de sus paisanos pudientes buscan otros lares, pues no existen mecanismos para promover inversiones y hay pocos alicientes para la innovación y la búsqueda de competencia y en donde, lastimosamente eso lo vivimos todos, para lograr algo en la Administración Pública tienes que ‘aceitar' a mucha gente. Lo viví con un cliente que pretendía abrir una fábrica: ‘¿Cuánto demora que el Municipio te expida x permiso?'. Su repuesta fue un ‘depende'. ‘¿De qué?'. ‘Lo dan en dos meses, si pasas por debajo cinco mil palos; sino, se demorará seis meses'. Y eso es así en todas partes. En ocasiones, dependerá de la Contraloría, si a pagos se refiere, porque te lo engavetan por varios meses, no por alguna coima que piden, sino porque a alguien allí se le ocurrió que eso no te lo deben pagar.

¿Podemos corregir este sentimiento negativo para nuestro crecimiento futuro? Por supuesto que sí. Logrando hacernos menos burocráticos y eliminando trámites; con gente decente al frente de la Administración Pública, con mecanismos que faciliten denunciar al funcionario corrupto y la certeza del castigo rápido y efectivo. Nombrando a gente de acuerdo con sus capacidades y no a su filiación política y por amiguismo. Escogiendo buenos diputados en la próxima Asamblea Nacional.

Hay sectores que hoy no se están aprovechando y que podrían ponernos en cinco años al nivel de un Singapur. El turismo, con esfuerzo, promoción, poniendo gente capaz y preparada a dirigir esta millonaria actividad, creadora de miles de empleos; promoviendo la inversión de las grandes cadenas de hoteles. Lo vimos con la JMJ. En turismo ecológico, como Costa Rica. En turismo histórico, como Cartagena. En turismo médico, como Miami.

Lo marítimo, teniendo un Canal de Panamá que se dedique al cruce eficiente de los buques y que libere a la actividad privada, bien regulada, todas las actividades marítimas que hoy se desaprovechan por la politiquería existente en la AMP. En el desarrollo sostenible con incentivos de empresas tecnológicas e industrias ubicándolas en el interior.

De que podemos, podemos. Solo nos falta la decisión para convertir a Panamá en un país libre de corruptos, públicos y privados. Donde le quitemos la mecha a esa sociedad explosiva que, con nuestras acciones egoístas, estamos fomentando.

ABOGADO, DIPLOMÁTICO Y POLÍTICO.

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